“La necesidad de un espacio artístico cultural, que respondiera a las necesidades del público cultivado quetzalteco, hizo que se construyera tan magnífica obra: el monumento histórico Teatro Municipal”

Por Raúl Izás/ Colaborador, la Prensa de Occidente

En 1918 llegó a Quetzaltenango el grupo artístico Nacional de Operetas y Zarzuelas, dirigido por el español Luis Navarro Zolá, y con el elenco guatemalteco conformado por María Luisa Espilari, Guillermo Andreu, Alberto de la Riva, José Aparicio, Belisario Escoto, Arturo Osaye y muchos más. Ellos encendieron la chispa. Los quetzaltecos, después de la muestra del arte espléndido, sintieron la presencia del inquieto y polifacético Daniel Armas, el dramaturgo Adolfo Drago Bravo y del poeta y declamador Belisario Escoto, quienes iniciaron la Época de Oro del teatro quetzalteco.

El Teatro Municipal se llenó por completo en las diferentes presentaciones y por la idea brillante de Belisario Escoto de formar el grupo de teatro llamado Thalía, cuyos integrantes en su mayoría fueron pupilos del maestro Daniel Armas; Quetzaltenango fue atesorando su título de “Cuna de la Cultura”.

Y siempre hubo público y artistas en diferentes ramas. Prueba de ello eran las “loas”, pequeñas obras que se presentaban en tarimas improvisadas en rincones del Centro Histórico.

En 1893, en un famoso salón-cantina llamado La Occidental, dio un concierto de piano don Rafael Guzmán, mientras se terminaba de edificar el Teatro Municipal, cuya construcción empezó el 15 de septiembre de 1891 y que concluyó hasta en 1894.

Don Eusebio Ibarra tuvo, mientras tanto, su propio teatro: el Teatro Ibarra, en la 12 avenida y 2ª. calle esquina, en la zona 1. Don “Chevo” (como le llamaban) que se volvió famoso por los chistes y bromas que siempre le rodearon, en realidad no fue un tonto de capirote como muchos creyeron, sino un gran empresario. Su peor error fue heredar a sus hijos en vida, quienes lo dejaron en la calle.

La necesidad de un espacio artístico cultural que respondiera a las necesidades del público cultivado quetzalteco, hizo que se construyera tan magnífica obra: el monumento histórico Teatro Municipal.

El 19 de julio de 1894 escogieron como padrino para inaugurarlo al presidente, el general José María Reyna Barrios, con el fin de estrenarlo a la altura que merecía el funcional y bello teatro. El Ministerio de Comercio celebró un contrato con Augusto Azzali, director y empresario de una compañía de ópera, y se le contrató por 20 funciones. La municipalidad colaboró con 2 mil pesos, así como con el alumbrado y la impresión de los programas de mano. Fue tal el éxito, que se extendió el contrato hasta mediados de septiembre de ese año.

Durante muchas décadas desfilaron artistas, compañías teatrales, óperas, zarzuelas, conciertos, recitales y proyecciones de cine. Personajes como Teófilo Leal, Virginia Fábregas, Enrique Calvet, Ricardo Calvo, Esperanza Ives, Mimí Agusta, Andrés Chávez, Ángel Cebrati, Alfredo Gómez de la Vega. Músicos de renombre universal y poetas como José Santos Chocano.

Fue un santuario del arte hasta que lo convirtieron en salón de graduaciones y actividades que bien se pueden realizar en otros espacios. Para conservar esta joya arquitectónica, orgullo de todos los quetzaltecos, gente culta y solidaria donó hasta 20 mil pesos para que se terminara de construir a cambio tener un lugar en los 20 palcos, distribuidos en un sorteo para no tener preferencias, los cuales quedaron asignados en el siguiente orden: 1- Valentín Sáenz; 2- Gustavo Meyer; 3- Ascoli y Cía.; 4- Christian Kochs; 5- A. Bruni; 6- Familia Enríquez; 7 Mariano Figueroa; 8- Manuel A. López; 9- Martín Peláez; 10- Guillermo Sánchez; 11- Juan Aparicio; 12- Antonio Rivera; 13- Mariano López Pacheco; 14- J. Pablo Maldonado; 15- Mariano Maldonado; 16- Plácido Rosal; 17- Manuel v. de Robles; 18- Luciano Monzón, y dos palcos municipales.

Hoy, la Dirección de Cultura y sus dependencias luchan para tener un presupuesto originado por los cobros propios del teatro y sus actividades, y no mendigar del presupuesto general, donde se acumulan todos los cobros, arbitrios e impuestos.