Cuatro quetzaltecas conforman el proyecto Manos Amigas, el cual desde hace dos años apoya a mujeres de escasos recursos y con problemas, para que aprendan un oficio y puedan generar sus propios ingresos y ser autosuficientes.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente/Fotos David Pinto

Todo surgió cuando Gabriela de Cabrera, encargada del área administrativa y de relaciones públicas de dicha organización, se reencontró con su “amiga de siempre” Evelyn de Fernández, encargada de diseño y control de calidad; con quien coincidió en el deseo de poder ayudar.

Cada martes se reúnen en el taller ubicado en el asilo de ancianos de la zona 3; de entrada, se puede sentir un ambiente fraternal. Gabriela motivaba a las participantes, y dos niños de aproximadamente 5 años juegan en el lugar.

Con sonrisas y en un ambiente familiar, se dispusieron a contar paso a paso el origen del proyecto. Evelyn, mucho antes del reencuentro con su amiga Gabriela, elaboraba canastas con materiales reciclables, pero no le hallaba una razón para continuar desarrollando su talento; por eso, luego de varias pláticas con su compañera, decidieron reclutar a otras mujeres que compartieran su deseo por aprender manualidades y emprender el proceso de autoayuda.

“Yo decía, ¡ay, Dios mío!, ¿por qué estoy haciendo esto? Hacía canasto tras canasto, hasta que dejé de hacerlo; llegó el momento en que platicamos con Gaby y entonces entendí que Dios me estaba preparando para esto”, relató Evelyn.

Al paso de los días ambas amigas conocieron a Glendy de Galicia, quien se ha convertido en parte fundamental del proyecto, al que también se sumó Heidy Arias, quien en palabras de Evelyn “ha llegado a superar en el arte”.

El proyecto Manos Amigas, que antes era conocido como Proyecto Victoria, tiene dos años de funcionamiento y han sido alrededor de 200 mujeres beneficiadas.

“El curso básico dura tres semanas. En la primera semana se les enseña cómo doblar el papel, la técnica que se debe utilizar y los materiales; en la segunda revisamos la tarea de la semana anterior y evaluamos si tienen habilidades en las manualidades y, en la tercera semana, ellas deben presentar un producto completo”, explicó Gabriela de Cabrera.

Y es que no se trata de un grupo de cuatro amigas que buscan pasar el momento, compartir un café y sentarse a platicar; cada una de ellas, de acuerdo con su función, procura que las participantes no solo aprendan el arte, sino que también se motiven, ya que se les enseña a valorarse, a quererse, a ser independientes.

“Han venido mujeres de todo tipo. Nos hemos encontrado con casos muy tristes; dos de las actuales participantes vienen recomendadas por la Defensoría de la Mujer Indígena y otras dos por la Defensa Pública Penal. Tratamos de motivarlas, de empoderarlas para que superen lo que sea que estén atravesando”, continuó De Cabrera.

Las artesanías se elaboran con papel periódico, envases plásticos, latas, cartón, duroport, entre otros. “Empezamos con un canasto básico. Son cuatro técnicas las que aprenden a hacer con ese canasto básico, luego viene la creatividad para construir un producto, siempre utilizando como base el papel periódico”, comentó Heidy Arias.

“La mayoría de mujeres con quienes trabajamos tienen baja autoestima; se les da la clase, se les demuestra que ellas mismas tienen la habilidad para crear. Ellas no se imaginan lo noble que es el papel, tenemos el objetivo de apoyar a las mujeres de escasos recursos, a aquellas que prefieren ocuparse en vez de preocuparse”, dijo Arias.

“Yo llegué al proyecto gracias a otra persona que recibía las clases, pero cuando hablé con Gaby nació dentro de mí quedarme como voluntaria. Ha sido una experiencia impactante porque el tiempo que invierto en ayudar me llena y aunque nadie recibe nada a cambio, queda la satisfacción de apoyar, más cuando vamos a los bazares y se venden los productos, es una sensación invaluable”, concluyó De Galicia.

Las artesanías se elaboran con papel periódico, envases plásticos, latas, cartón, duroport, entre otros.

Entre los productos que Manos Amigas promueve se encuentran canastos, jarrones, paneras y tortilleras. A simple vista estos productos parecen estar elaborados en madera o mimbre, pero lo que menos se imaginan los compradores es que están hechos con material reciclados.

“Una de las historias que más me ha conmovido es la de Herminia, quien de pequeña cayó sobre brasas y sus manos se derritieron. Ella trabaja con los muñones, tiene un recién nacido y eso no le ha impedido aprender a hacer la artesanía, es una de las mejores productoras”, expresó Evelyn.

“Quien me impresionó mucho fue Claudia Girón, ya que ella sufría problemas emocionales bastante graves. Poco a poco y durante un año superó la depresión. Ahora comenzó a hacer su tesis para la carrera de Derecho, tiene un empleo en una institución gubernamental y es muy exitosa. Es otra mujer”, contó Gabriela.

Los adiestramientos no se han quedado únicamente en el taller, han visitado lugares adonde pocas personas llegan, por temor. Manos Amigas también ha impartido talleres a reclusas en el preventivo de Totonicapán; ahí, muchas mujeres lograron abrir sus propias empresas o han involucrado a sus parientes en las manualidades y juntos han construido empresas familiares.

Estas cuatro talentosas quetzaltecas comparten sus experiencias con amor, cariño y respeto, cuentan con una marca registrada; del total de las ventas, las productoras dejan el 10 por ciento a Manos Amigas para que sea utilizado en la impresión de etiquetas y en la compra de materiales para las mujeres que llegan por primera vez tengan insumos para aprender el oficio.

“Decidimos renovar nuestra imagen y nombre porque sentíamos que el anterior no reflejaba el propósito de nuestro proyecto, el cual es tender una mano amiga a aquellas mujeres que pasan por situaciones adversas”, puntualizaron.

 

Los productos parecen ser elaborados en maderas, pero están hechos con desechos y materiales reciclados.