“La angustia del lienzo en blanco es un reto constante que hace que la imaginación se vuelva tangible”, expresó el maestro Carlo Marco Castillo, quien nació en Quetzaltenango el 28 de octubre de 1954. A los 14 años ya sabía que se convertiría en uno de los más reconocidos pintores de la Ciudad Altense. Nos recibió en la sala de su vivienda, un lugar bastante acogedor con aire familiar, nuestra conversación un tanto informal cual charla de artista a artista, comenzó a fluir en medio del humeante café.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

¿Cómo fue su nacimiento artístico?

Desde muy chico, cuando tenía 8 años, mi padre (Marco Castillo) pintó este cuadro –señalando una pintura colocada en la parte superior de la pared donde se recostaba–. Ya a mis 14 años, Miguel Ángel Buonarroti, Vincent van Gogh, Leonardo Da Vinci, Pablo Picasso y Salvador Dalí se habían convertido en mis autores favoritos y estos cinco artistas me han acompañado toda mi vida.

¿Cuál fue el mayor desafío en el mundo del arte?

Decirle a mi mamá que no quería ser padre… Porque no deseaba traer niños al mundo sin tener nada que ofrecerles. El mundo del arte es muy complejo y económicamente no es suficiente para mantener una familia. Al final, Dios me bendijo con tres hijas y, ahora, cinco nietos que a su corta edad están siguiendo mis pasos.

¿Cuándo realiza su primera exposición?

En 1978, en la Casa de la Cultura; a mis 24 años, cuando ya estaba casado, ya tenía una nena. Se supone que la carrera de un artista empieza a partir de su primera exposición, por lo que este año cumpliré 40 de trabajar en la pintura.

¿Hubo alguna motivación extra, además de los maestros internacionales?

Sí, el haber sido invitado por Rolando Aguilar y Rolando Ixquiac Xicará para ser parte de la escuela de arte de Aldeas Infantiles, fue una motivación bastante importante para mí.

¿Qué sintió cuando le dijeron Maestro, por primera vez?

Ahhh, fue un sentimiento indescriptible; que le digan a uno Maestro es una muestra de respeto, esa palabra significa que lo que uno hace es agradable para los demás y reconocen que uno está haciendo un trabajo de altura.

¿Recuerda cómo emergió el arte en Xela?

Sííí. Yo fui testigo de la fundación del Certamen Arturo Martínez, las obras que se elaboraban en esa época, los artistas que participaban; en los últimos años ha disminuido la participación de pintores, desconozco por qué, pero en ese entonces había pintores extraordinarios, aún viven algunos.

¿A quienes recuerda?

No por nada a la ciudad se le conoce como la cuna de la cultura, porque aquí han nacido artistas de diferentes ramas que han trascendido y dejado huella en la historia. Me enorgullece decir que conocí a Julio César de la Roca, Rafael Mora, quienes fueron mis maestros en la Escuela de Arte; compartí con Salvador de León Toledo y Sipacná de León, así como con Efraín Recinos.

“Mi arte está dentro de lo que se conoce como nuevo surealismo; conforme fui trabajando descubrí el surealismo mágico, el abstracto geométrico y el expresionismo”.

¿Qué siente cuando está frente a un lienzo?

Como dijo el maestro Vincent van Gogh, enfrentamos la angustia del lienzo en blanco; es un reto constante que hace que la imaginación se vuelva tangible, es un cúmulo de emociones, en cada lienzo se expresa un todo, incluso lo que hemos soñado.

¿Qué tipo de pinturas realiza?

Mi arte está dentro de lo que se conoce como nuevo surealismo. Conforme fui trabajando, descubrí el surealismo mágico, el abstracto geométrico y el expresionismo.

¿Qué le recomienda a los artistas jóvenes y emergentes?

Que sean constantes, que nunca dejen de trabajar, que siempre estén atentos a sus sueños, porque en los sueños se conciben las mejores obras, porque el Creador nos acerca al infinito mientras soñamos.

¿Alguna anécdota que quiera compartir con nosotros?

Cuando era niño, jugaba de pintor con mis primos hermanos, pintaba cuadros pequeños con pinceles que yo mismo hacía con tusa de doblador y jugo de ladrillo, es decir, agarraba el ladrillo, lo raspaba y luego le agregábamos agua. Mi primer recuerdo de arte creo que fue en párvulos, yo creo que uno nace con el arte, porque hace poco uno de mis nietos mostró un dibujo; leí en alguna parte que un artista siempre plasma en su pintura a la persona que le da su primer papel o material para trabajar y eso ocurrió con mi nieto, dibujó un estegosaurio con bigote, “me estaba representando en su obra”. Y en una oportunidad, durante una exposición en la capital, el maestro Elmar Rodas, me dijo: “Yo admiro todas tus obras, son hermosas, pero tú, esta es tu obra maestra”, dijo y señaló a mi hija, que ya para ese entonces tenía 20 años; me quedé admirado porque es la verdad, la mejor obra de un artista son sus hijos, su familia.

El artista que está a punto de cumplir 64 años de vida y 40 de plasmar su arte en los pergaminos, nos invitó a conocer su taller, siempre con una sonrisa en los labios y con la humildad que le caracteriza, nos guió hasta el lugar. Junto a su paleta que tiene pintura sobre pintura y que le acompaña desde sus inicios, nos mostró un cuadro de su autoría que le obsequió a su padre y que ahora es parte de la herencia familiar.

“Mi peor enemigo en el arte es el tiempo, como puedo pintar un cuadro en tres días puedo tardarme meses, en realidad no existe un tiempo específico para culminar las obras”, expresó.

Del Artista:

Carlo Marco Castillo es un artista reconocido mundialmente, ha abierto exposiciones en España y Francia; además, su trabajo ha sido reconocido en diferentes certámenes. En 1984 fue ganador del Glifo de Oro, Artistas Invitados, Cuarta Bienal de Arte Paiz. 2000 – Finalista, Certamen Juannio 2000. 2006 – Finalista (34 nominados, 5 finalistas), Premio Velásquez a las Artes Plásticas, Ministerio de Cultura, Madrid, España.