El sacerdote italiano Juan Luis Lazzaro ha dedicado parte de su vida al Hogar del Niño Minusválido Hermano Pedro, el cual alberga a 75 niños con capacidades especiales; este lugar funciona por aportes caritativos. Ahora se prepara para celebrar la Navidad junto con los niños quienes de cariño lo llaman “papito”.

Aquí todos nuestros 75 hijitos me llaman “Papito”, mientras que a sor Julieta, la directora, le llaman “mamita”, afirma el Padre Juan Luis Lazzaro.

Por Fred Rivera/Colaborador / Fotos David Pinto

El padre Juan Luis llegó a Xela el 17 de agosto de 1989, para acompañar los restos del sacerdote José Baldán, quien fundó el hogar. Es originario de Vittorio Veneto, una ciudad ubicada al norte de Italia y a 60 kilómetros al norte de Venecia. Ahora, con 80 años, dedica todo su tiempo a apoyar a los niños de escasos recursos y con discapacidad. 

¿Ha estado en otras ciudades de Guatemala?

Tengo 46 años de haber llegado a Centroamérica, 41 de estos en Guatemala y antes estuve 4 en El Salvador. Llegué provisionalmente y aquí me encuentro todavía, buscando cumplir lo que nos indica nuestro padre San Francisco de Asís: “Vivan como huéspedes y peregrinos”. Ya conocía un poquito Guatemala, digo un poquito porque no me gusta viajar, visitar, pasear; el sacerdote no tiene tiempo para esas cosas. Estuve un año en Momostenango, 11 en la capital, 8 en el Santuario del Cerrito del Carmen y ahora me encuentro en esta “familia”, no olvidemos que hogar significa familia.

¿Cómo se identifican los niños con usted?

Aquí todos nuestros 75 hijitos me llaman “papito”, mientras que a sor Julieta, la directora, le llaman “mamita”. Y eso no es porque alguien se los enseñó, sino por el cariño, empapado de verdadero amor, el cual hizo que espontáneamente les saliera del corazón de aquellos que pueden hablar poco, esas palabritas transforman un asilo en una verdadera familia y en un hogar.

En su último viaje a Italia, los niños lo extrañaron mucho. ¿Coméntenos alguna anécdota?

Permítame presentar la primera estrofa de un cantito que se compuso para nuestro Hogar:

“Alegres vivimos en este Hogar.

No hay tristeza ni hay soledad.

Aquí con nosotros triunfa el amor.

Tenemos a Jesús en el corazón”.

Esta primera estrofa es casi la fotografía espiritual de nuestro Hogar. Aquí, de veras, triunfa el cariño, el amor. Con mi ida a Italia mis hijitos me extrañaron, mucho más los extrañé yo; mi pensamiento estaba aquí. La diferencia de horario no me impedía de estar presente, de pensar en las actividades, en los horarios que marcan la vida de esta familia bella y grande. En Italia me enfermé tanto que ni podía escribir y contestar los mensajes que casi diariamente me llegaban. “Papito, ¡no nos deje huérfanos!”, era el mensaje de Dieguito, nuestro organista no vidente, que se sirve de una computadora adaptada al método Braille. Quise regresar para el novenario en honor de la Inmaculada que, para la Iglesia, es una solemnidad importante, mucho más para la Orden Franciscana que tiene la Inmaculada como patrona principal, sea para una preparación apropiada para la próxima Navidad.

¿Cómo son las navidades lejos de su hogar y cómo junto a los niños de este lugar?

Esta semana empezamos las posadas, que cada día llevarán a San José y a la Virgencita de Nazaret, de área en área con gran alegría para todos nosotros y en particular para los niños. Todo eso no me hace añorar las navidades que se celebran en Italia. Allí no faltará la nieve esperada siempre para estas fiestas; pero aquí, y especialmente en el hogar, en la intimidad de nuestra capilla, viviremos el misterio de quien nació a impulsos de infinito amor, rodeados de muchos “Niños Jesús” quienes, con sus vocecitas entonadas o desentonadas, como la de Maritza, nos transportan a la cueva de Belén donde el Niño gozaba al verse rodeado de inocentes pastores.

¿Cómo califica la solidaridad de los quetzaltecos?

Quiero emitir un mensaje para cada uno de nuestros hermanos quetzaltecos que tan generosamente se preocupan de aliviar los sufrimientos de nuestros pequeños. Vivamos la próxima Navidad preparándonos en Cristo, que podamos renunciar a toda la mundanidad y participando en toda actividad de nuestras bellas tradiciones religiosas guatemaltecas: posadas, nacimientos, pastorelas y sin olvidar lo más importante, la confesión, comunión y la santa misa de Navidad. Los invito a todos para vivir esta Navidad con nosotros. Y cuando Dieguito dará voz al órgano entonando el Gloria se acercarán para besar la imagen del Niño Jesús; no tengan duda que lo están dando a cada uno de nuestros queridos niños.

¿Cuál es el mensaje para los lectores de La Prensa de Occidente por Navidad?

Les agradezco por ofrecerme la oportunidad para hablarles como “papito” y sacerdote. Estén seguros de nuestras oraciones. Y si me permiten sugerirles un acto de caridad exquisito: no se olviden de que nuestro Hogar vive de caridad. No hay ninguna institución nacional o internacional que nos asegure algo. Vivimos de “gotita en gotita”, vivimos bendecidos por la Divina Providencia, de la cual estamos seguros que cada uno de ustedes aceptará de ser preciosos instrumentos. De corazón les bendigo y les envío los mejores deseos de Santa Navidad y por un 2019 bendito por el Señor.

 

“Los sábados, en la capilla del Hogar, se celebra misa en la que participan todos los niños, las religiosas y el personal”.

Carta del padre Juan Luis Lazzaro

El Hogar del Niño Minusválido Hermano Pedro, en la actualidad, cuenta con una población de 71 niños y niñas con diversos problemas de minusvalías, todos provenientes de familias muy pobres y de diferentes departamentos de Guatemala. Sus enfermedades son unas más severas que otras. La mayoría de los menores han sido entregados directamente por los familiares; pero algunos nos han sido referidos por el Juzgado de Menores por haber sido abandonados por sus padres. Son recibidos, siempre y cuando tengamos espacio.

Sí, no es una guardería, ni tampoco un hospital, sino un Hogar en el cual queremos formar “de veras” una familia en la cual los niños se sientan en total confianza, tratados con cariño y puedan manifestarse con alegría espontánea, dichosos de sentirse bien entre nosotros.

No todos alcanzan una mejoría total. Dependiendo de su problema, neurológico unos, pueden mejorar y si su familia quiere, se integran nuevamente a esta o ser trasladados a otro centro de niños completamente sanos para mejorar su situación.

Las terapias que reciben los niños son: de lenguaje, educación de braille y ábaco, terapia física y ocupacional, comunicación alternativa, actividades dirigidas a la independencia, estimulación basal; su educación especial como es el kínder y escuela individualizada. Algunos pueden frecuentar la escuela para niños normales, siempre dependiendo de su situación. Todos nuestros niños y niñas, a su ingreso, son evaluados por el médico neurólogo y otros especialistas, según el problema que presenten.

Frecuentemente hay intervenciones médicas y quirúrgicas.

Para una mejor atención a los niños, contamos con personal de cocina, de limpieza, de lavandería y directamente para los cuidados de cada uno de ellos, siendo más o menos 50 personas, en la mayoría mujeres, no contando las siete hermanas franciscanas que velan directamente de los niños y supervisan continuamente la vida del Hogar.

“Vivamos la próxima Navidad preparándonos en Cristo, que podamos renunciar a toda la mundanidad y participando en toda actividad de nuestras bellas tradiciones religiosas”, indica el padre Lazzaro.