(A propósito del nuevo taller de poesía que existe en la ciudad)
Marvin García/@marvinsgarcía

Escribo esta columna como un ejercicio de reafirmación a mi búsqueda y a la de muchos más que al igual que yo creemos en la palabra, en la literatura y en la poesía como ruta para la sobrevivencia, pero también como un intento de preservar la memoria, como un latente ejercicio de dejar registro de estos días que en medio de la complejidad del momento que nos tocó, serán también luminosos, si así se quiere. Yo escribo porque creo en este ejercicio milenario que ha sido fundamental para que la humanidad sepa de dónde viene y hacia dónde va, si es que va a algún lado, probablemente sí.

Escribo porque creo en el ritual de la palabra, escribo porque creo en que la esencia de la mujer y el hombre se concentra en la habilidad de comunicarnos y de explicar los fenómenos más grandes y los más pequeños o viceversa, escribo porque creo que después del cataclismo universal sobrevivirán las cucarachas y el lenguaje, que para ese entonces nuevamente será un misterio.

Escribo porque creo en la historia, en el pasado y también en el futuro, escribo porque es una forma de honrar a mis abuelas y a mis abuelos y a todos esos libros y el conocimiento sagrado que fueron destruidos en aquella oscura época en que salvajemente invadieron este territorio, que también es un libro o un poema.

Yo escribo porque me enamora la idea de pensar en la figura de una escritora o de un escritor como una bruja o brujo que hace todo tipo de conjuros y que tiene la facilidad de crear, de hacer posible, de generar respuestas, pero también preguntas.

Lo que me queda claro es que hay que escribir con amor, escribir plenamente convencidos de que lo hacemos porque no hay otra opción, escribir porque sí o porque no, escribir con pasión, escribir, dejar registro de la época, ser vasos comunicantes entre una generación y otra, la escritura, los textos, los libros que duermen sueños profundos en las libreras de las casas, aquellos libros que se van quedando olvidados en las estanterías, son las mejores máquinas del tiempo, vehículos que nos comunican a otros mundos, escenarios escritos, lenguaje; escribir es la mejor forma de ser inmortales, de vencer a la muerte.

Lo peor es olvidar la poesía.
Lo peor es darle la espalda a la poesía.

” Escribo porque creo en la historia, en el pasado y también en el futuro…”

Escribir sobre un papel, escribir sobre la arena, escribir sobre los árboles, escribir con candelas, escribir en una computadora, escribir para no estar solos o para entender la soledad, escribir como locos, como locos pensantes, como críticos, como enamorados, con el corazón en las manos, con rabia, con angustia, pero principalmente con ternura, escribir porque este mundo no puede quedarse callado, escribir porque hay que hacerlo, porque tenemos que hacerlo.


 

Marvin Samuel García Citalan (Quetzaltenango, Guatemala 1982.) Poeta, gestor cultural y editor. Fundó junto a otros poetas quetzaltecos el grupo literario «Ritual» con lo cual inicio el nuevo movimiento artístico-cultural de Quetzaltenango. Desde 2003 dirige la asociación Metáfora y el Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. E responsable del proyecto editorial Metáfora editores.
Varios de sus textos han sido incluidos en antologías de México, Cuba, Colombia, entre otros países. Sus poemas han sido traducidos al inglés e Italiano, ha participado en festivales y encuentros de poesía en varios países de América Latina.

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