Innovador, carismático, solidario y apasionado por su profesión son algunos calificativos que describen al médico German Ludwin Scheel Bartlett, quien tiene 62 años de vida; 39 de los cuales ha dedicado a brindar ayudar a las personas.

Por La Redacción/La Prensa de Occidente

Scheel Bartlett nació en Huehuetenango, es hijo de padres quetzaltecos, pero ahora está radicado en Totonicapán, donde hace lo que más le gusta, ayudar a los demás por medio de sus conocimientos en medicina y sin ningún interés económico.

El médico se ha destacado como cirujano general, pero su especialidad de labio y paladar hendido lo han hecho crecer como persona y como profesional. Se graduó en 1980 en la capital, porque en Quetzaltenango solo había primer grado de medicina, luego estudió el postgrado.

“Siempre quise estudiar medicina, pese a que en mi familia, la mayoría son abogados, mi papá fue alcalde de Xela, de 1978 a 1982; luego gobernador de Quetzaltenango y seguido diputado de la Constituyente, pero la política no me atrae”, afirma Shell Bartlett.

Recuerda que antes había muy pocos espacios para obtener una especialidad, ahora la mayoría de hospitales del país ya la tienen. El médico logró un cupo en el hospital Roosevelt, donde obtuvo la especialidad, luego trabajó en el hospital de Sololá y seguido, por intentar acercarse a Xela, fue trasladado a Totonicapán, donde reside actualmente y cuenta con un hospital propio.

La Ciudad Altense fue la que lo hizo crecer y según su percepción, lamentablemente Xela ya no es la misma. “Antes le llamaban la ‘Tacita de Plata’, porque la ciudad era muy organizada; sin embargo, ahora es complicado por el tráfico, aumento de población y delincuencia. Recuerdo que las ferias eran muy ordenadas y era una ciudad limpia y se podía disfrutar de la estancia”, agrega el médico.

Una de las anécdotas de Bartlett es el juego de futbol que sostuvo cuando era niño con el equipo mosquitos del Xelajú, porque fue un previo a un partido de feria y había muchas personas. También recuerda cuando transportaba el bus urbano la SIX, de la colonia la Floresta al parque central.

Su carrera para operar labio y paladar hendido inició con un plan de salud oral que fue adaptado, primero ayudaba al especialista Bernal Monteagudo, quien llegaba de la capital; dos años después solicitó quedarse como titular para operar a los niños.

En 1989, viajó a México y cuando regresó al hospital de Totonicapán inauguró un programa y en 1996 se jubiló. Abrió una clínica en Totonicapán y los pacientes lo siguieron. Hasta la fecha continúa con la atención para niños que nacen con labio o paladar hendido sin ningún costo.

“Ya sobrepasé los 10 mil niños operados, a la mayoría solo se les cobra la anestesia, mi finalidad es ayudar a las personas a tener una mejor vida porque cuando era pequeño me operaron del corazón y el médico dijo que a algunos niños les funcionaba un aparato, a otros no”, comenta el doctor Scheel.

Innovación

Su aporte más grande a la medicina es operar a los recién nacidos, intervención que no la realizan otros médicos especialistas en el país; no obstante, Schell Bartlett lleva más de 300 operados con éxito. Esta actividad lo ha colocado como un ejemplo de la medicina en Guatemala. La mayoría de doctores espera que los bebés tengan tres meses para operarlo y para los padres es un impacto psicológico al momento de conocer a su bebé.

Otra ventaja de la intervención quirúrgica en recién nacidos es que evita que los bebés se desnutran porque algunos no pueden alimentarse por el problema en la boca. Según la experiencia del doctor, a los pacientes se pueden operar con anestesia local, sin embargo, cuando ya tienen tres meses de edad, hay que aplicarles anestesia general y es más complicado.

El aporte de Scheel aún no es reconocida a nivel mundial, pero la actividad está sentando precedentes. Su trabajo ha sido reconocido en el país y el extranjero por sus aportes que benefician a varias personas del país.

Otras facetas

Otra de sus pasiones ha sido cantar y ejecutar la guitarra, recientemente hizo una presentación en un restaurante de Totonicapán y grabó un disco con dos temas propios y “cover”, el cual se lo dedicó a su esposa. En este aspecto busca seguir y hacer una presentación en el Teatro Municipal de la ciudad prócer.

También escribió el libro Dios Existe y me consta por mis 100 milagros, en el que narra la oportunidad de operar a los niños.

Reconocido por su labor

Condecorado con la Orden Itzamna del Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala en 1991 por su ejercicio profesional ejemplar, su aporte científico y humanitario en beneficio de la comunidad.

Orden Itzamna en 2005 por bodas de plata (25 años) de profesión médica.

Declarado Benefactor y vecino distinguido e hijo ilustre de Totonicapán.

Declarado Héroe Anónimo 2001 por su contribución a la paz y desarrollo por las Naciones Unidas.

Fundador de la Asociación Médica de Totonicapán.

Guatemalteco Ilustre por Seguros Universales, por apoyo a la niñez en pobreza y pobreza extrema.

Frase en que se inspira

“Más allá de lo sabio y lo profano, más allá de cualquier ideología soy parte del espacio, soy la vida por el hecho de ser un ser humano”. Alberto Cortez.

 

Anécdotas

“A lo largo de mi carrera también me he dedicado a atender partos y una de las satisfacciones es haber recibido a niñas y ahora atenderlas porque ya son madres, dos generaciones, espero atender a la tercera”.

“Ver los rostros de las mamás al conocer a sus hijos con labio y paladar hendido, y luego de ser operados, cambian mucho. He fotografiado los dos momentos. El primer niño que operé se llama Luis Miguel Marín, es de Petén, ahora es lanchero. Es mucha la satisfacción de ver a los operados ya profesionales y padres de familia”, indica Schell.