Una mujer que nace en el área rural, tiene muchos desafíos para alcanzar sus objetivos, muy pocas han logrado superar las condiciones desiguales que imperan en nuestro país, pero Dora Virginia lo hizo y es un agente de cambio para las mujeres. Esta es su historia.

Dora Virginia Alonzo. Fotos David Pinto

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

“Nadie es profeta en su propia tierra” es el dicho, y este es el caso de Dora Virginia Alonso Quijivix, de 27 años, una joven mujer que ha viajado por más de cinco países como parte de su activismo en derechos humanos.

Dora trabaja desde hace algunos años en la Asociación de Investigación, Desarrollo y Educación Integral (IDEI), organización que se enfoca en la formación de niños, jóvenes y adultos en diferentes temas, como la equidad de género, derechos humanos, VIH, entre otros.

El salón de reuniones de un café fue el punto de encuentro. Ataviada con un traje típico colorido, suéter negro y una libreta, Dora llegó a la cita; las expectativas por conocer sus sueños y experiencia provocaban un poco de ansiedad. Es una mujer alegre, centrada en sus propósitos y comprometida con sus iguales para la construcción de nuevas y mejores oportunidades.

¿Cómo se inicia en la defensa de los derechos humanos?

A los 13 años participé en un proyecto llamado “Luz y vida”, que se impartió en el Valle del Palajunoj, fue una formación productiva para adolescentes. Después participé en un proceso de formación ciudadana, así fue como de 2000 a 2011 se forma un movimiento regional, donde nos reunimos para conocer más sobre el contexto del país y nació el tema de las políticas públicas para adolescentes y jóvenes.

¿Qué se logró de ese movimiento regional?

Que en 2004 se consolidara en el Congreso de la República, el Parlamento Guatemalteco para Niñez y Adolescencia, eso permitió tener una mirada más global, ya no solo enfocar en lo local sino en lo nacional. En este espacio tuve la oportunidad de conocer temas más específicos, como el rol que juega la mujer en la toma de decisiones, por ejemplo.

¿Usted qué edad tenía cuando se fundó el Parlamento?

Quince años, pero mi edad no fue obstáculo para aprender y participar, lo cual me ayudó a que en 2010 me sumara al equipo técnico de la Asociación IDEI.

¿Cuál ha sido el mayor reto de una mujer joven y proveniente del área rural?

Bueno, así como he encontrado puertas abiertas para muchos procesos, también hay dificultades; en principio la barrera más difícil fue sensibilizar a mi propia familia para que me dejaran participar, romper con el contexto cultural de que los niños se preparan académicamente y las niñas no, porque ellas se casan a temprana edad.

¿Cómo vence esas barreras?

Fue gracias a los procesos de formación, hacer ver a la gente que nos rodea que es importante que las mujeres se eduquen y dejen de ser solo amas de casa; es complicado porque, en mi caso, luego de obtener el apoyo de mis padres para participar y generar liderazgo, mis tíos decían: “Para qué vas a estudiar, mejor cásate, ten hijos, te vas a hacer muy grande por estar estudiando y ya no vas a lograr hacer una familia”. En las comunidades es costumbre que la mujer contraiga matrimonio a los 16 años. Otros decían: “Es que eso de conocer derechos es para que te quedés para vestir santos”.

¿En su familia hubo cambios tras los procesos de formación?

Sí, empoderarnos de nuestros derechos, nos hizo reflexionar; mis hermas mayores no lucharon por su educación superior, solo una se ha casado; mis hermanos siguen estudiando, el pequeño, porque somos seis (sonríe) ya ingresó a la universidad. Rompimos prácticamente con la tradición de que en las comunidades las patojas se casan a temprana edad, a la dependencia y al hecho de que las mujeres solo servimos para las tareas del hogar y la crianza de los hijos.

¿En la comunidad se ha visto algún impacto?

Sí, ahora vemos que muchos jóvenes, con nuestro ejemplo, piensan en continuar estudiando, se involucran en actividades de la comunidad, no solo sociales o culturales sino también en aspectos políticos y de productividad; piensan en su independencia económica.

¿Hay más mujeres que han seguido su ejemplo?

Definitivamente sí, puedo ver que mis decisiones de adolescente están impactando a muchas mujeres. 

¿En algún momento sintió exclusión en las mismas organizaciones sociales?

Bastante, creo que ha sido uno de los mayores retos; de por sí, el espacio de participación de la mujer es limitado y si somos jóvenes se limita más, dudan de las capacidades, por ejemplo; algunas veces me decían: “¡Hey! María, ¿cuánto me cobrás por ir a limpiar mi casa?”, como que aún se cree que quienes venimos del área rural servimos solo para eso.

¿La desanimó? Si ese fue el caso, ¿qué le motiva a continuar?

Hubo un momento en que pensé que no podía, que lo que estaba haciendo no me estaba llevando a nada y me limité… (medita) Lo que me impulsa es mi familia; mi familia es mi fuerza, los grupos con los que trabajo. Una vez, una joven me dijo: “Dejé a mi marido porque me pegaba”, entonces dije: ¡ahhh, aquí ya se cambió el chip, significa que estoy haciéndolo bien!

Hasta ahora, ¿cuál ha sido su mayor logro?

Haber participado en la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, en Ginebra. Ahí fue donde mi visión cambió, porque pude compartir sobre la situación de la niñez y adolescencia, de las violaciones a las niñas, adolescentes y mujeres, y buscar alternativas para cambiar la situación actual y convertirme en un agente de cambio pero sobre todo, entendí que ser indígena no es una limitante sino una fortaleza.

¿Cuál es su sueño a futuro?

Culminar mis estudios en ciencias jurídicas, abrir mi propio bufete en mi comunidad (el Valle de Palajunoj), tener incidencia en el gobierno, en la toma de decisiones y aportar desde donde esté al desarrollo de las comunidades.

¿Cuál es su perspectiva de la participación de la mujer a futuro?

Creo que este es un momento donde la coyuntura nos permite apoderarnos de muchos espacios de incidencia y participación. Hay muchas jóvenes indígenas que se están preparando y creo que en algún momento de la historia nuestro país puede llegar a ser dirigido por mujeres; el reto es que la juventud mantenga su memoria histórica para que desde su realidad se contribuya a obtener una mejor democracia.

Dora Virginia Alonso Quijivix ha viajado por Europa, Centro y Suramérica con el mensaje de que las mujeres indígenas y jóvenes son capaces de sobrepasar barreras.

“¡Hey! María, ¿cuánto me cobrás por ir a limpiar mi casa?”. Aún se cree que quienes venimos del área rural servimos solo para eso”, Dora Virginia Alonso Quijivix.