En la última se presentó el elenco artístico y de producción de una nueva teleserie quetzalteca, en el frontispicio de la Municipalidad de Quetzaltenango. El director, un chivo con mucho millaje en este tema, en exclusiva para La Prensa, cuenta sobre su historia de vida y este nuevo proyecto.

La producción de Quezalteca tendrá un costo aproximado de Q1 millón, son 6 episodios de 22 minutos cada uno.

Por Jorge Sierra/Local Times & Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

“El teatro fue el que me hundió y el que me rescató”

Fue un milagro. A los dos días que logré salir de ese centro de reclusión (desintoxicación), recibí una llamada de parte de la Casa de Dios, la institución en la que trabajo. Me invitaban a dirigir una obra de teatro”, así describió su resurgimiento profesional después de una vida tan desencuadernada (drogas y alcohol de por medio) que duró 20 años, el actor, director, dramaturgo, creador musical y productor teatral, Fran Lepe, originario de Quetzaltenango. Hoy, está al frente de la Academia de Artes Escénicas de Casateatro, adjunto a Casa de Dios, del pastor Cash Luna.

Si algo hay que reconocerle a Lepe desde el principio, es su franqueza y espontaneidad. Pero también su fuerte: el amor al teatro. Algo que vincula a un valiente compromiso. “Yo lucho por la cultura guatemalteca. Estoy metido en el arte como un medio de contribuir al proceso histórico de mi país, desde cualquier frente de batalla que me toque librar”, expresó categórico.

La postura ideológica que hoy sostiene, seguro no habría sido la misma hace unos años cuando se consideraba un acólito incondicional de Marx y de Lenin, con cierta militancia guerrillera. “Fue un período negro, en el que me fui de lleno en las adicciones. Toqué fondo en todo sentido. En este tipo de episodios que tal vez no es usual pero que de todos modos conocemos, te desconectás de la convivencia social y te salís de la frontera de lo civilizado. Gracias a Dios conocí esa otra playa y hoy, eso me da una visión diferente”. Cuando dice que tocó fondo es porque llegó a perder la conciencia, la razón, y sufrió de “una esquizofrenia paranoica. Me desconecté”, confesó.

A todo esto, el hilo conductor en su vida ha sido el teatro. Teatro por aquí, teatro por allá. Por lo mismo, su conclusión después de vivir lo que vivió: “El teatro fue el que me hundió y fue el que me rescató. Ha sido todo para mí: el referente cultural, de vida, el sentimental, el familiar, el social”.

Para comprender hoy un poco más su posición, Lepe admitió: “No estoy orgulloso de esa vivencia, pero tampoco la considero un tiempo desperdiciado, sino un tiempo de experimentación profunda en mí, un período de conocimiento bien grande y, sobre todo, un tiempo de descubrimiento de mi encuentro con Dios. Fue una frontera que crucé a nivel espiritual, la cual me hizo crecer enormemente. Descubrir el poder de Dios y su milagrosa voluntad para mi vida”.

La experiencia no se pierde

Después de despertar de la pesadilla en la que se encontraba, lo que significó siete meses en un centro de rehabilitación, tomó la decisión de luchar por su vida. En la misma estaba implícito el ardiente y desesperado deseo por volver a los teatros, a las tablas, a escuchar parlamentos, ver esas butacas de teatro ocupadas y de entender ideas, conceptos y creencias de sus compañeros.

Ahora bien, esta vez la dirección llevaba adherida, a lo largo y ancho, un componente espiritual. Sin embargo, en vez de tornarse en un tipo de teatro plano, predecible y con golpes de pecho, Lepe buscó la experimentación, con todo el bagaje adquirido de tiempo atrás en la que visitó las formas de teatro del absurdo, el grotesco, el ionesco, el brechtiano, el simbólico y el teatro griego. Para justificar su nueva postura declaró: “Todos los que nos dedicamos a esto del arte tenemos derecho a la experimentación. No hay que tener miedo a romper los propios paradigmas, las propias fronteras. Mi experimentación con todas las escuelas que tuve son un recurso para descubrir nuevas fórmulas de trabajo, nuevas maneras de hacerlo, nuevos lenguajes. Sigo siendo un director propositivo. No hago cosas convencionales, cuestiones clásicas en el sentido tradicional. Para eso acudo a todo mi registro, incluyendo las vivencias de mis años de adicción”.

En el extranjero

Lepe ha tenido la oportunidad de dirigir en varios países, incluido México, Cuba y Centroamérica, como también en París, Francia, donde tuvo a su cargo al grupo Comme la Lune. Uno de sus grandes y primeros éxitos teatrales fue con la obra Su último viaje, basada en el libro del padre Fernando García (1984). Volvió a ganar notoriedad cuando condujo El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias. Fue ganador dos veces del premio Opus, entregado por el Patronato de Bellas Artes.

Quezalteca, el resurgimiento

Este el nombre de la nueva creación fílmica del actor, ahora director y productor de cine. Una serie para la televisión que, según él, será un regalo para la ciudad que lo vio nacer y que le ha dado muchas satisfacciones.

Lepe tiene cuatro hijas, quienes también han demostrado su amor por las artes: Estefanía, Adriana, Daniela y Camila. Ellas son su motor de vida, pues al hablar de ellas, sus ojos se llenan de lágrimas. Expresó que es porque representan su redención, pues en sus días de juventud no fue la persona que es hoy.

En 2011 lanzó la película Trip, con la que puso de manifiesto su propia vida, la lucha contra sus propios demonios. “Me emociona hablar de lo que ahora vamos a hacer porque yo fui borracho, drogadicto y Dios me ha levantado de las cenizas”, comentó mientras se limpiaba lágrimas que caían por sus mejillas.

¿Qué fue de Morena, un amor bajo la luna? Un tanto meditabundo respondió: “Nos propusimos un formato internacional que requería muchos elementos, pasaba los Q4 millones, era una serie de 8 episodios de 42 minutos, convocamos un elenco internacional”.

La falta de recursos fue uno de los principales problemas para la producción de la teleserie, sin embargo, Fran consideró que el proyecto truncado de Morena le dejó lecciones aprendidas que le dieron paso a un nuevo sueño: Quezalteca. “En cinco años la industria del cine nacional ha cambiado totalmente. Las posibilidades de rodaje son otras, los presupuestos son más accesibles. Y esa lección me sirve de impulso”.

Esta producción pondrá en escena calles, avenidas, monumentos, sitios icónicos de la Ciudad Altense, como un reconocimiento a su cuna. “Deseamos retratar una historia diferente, que hable más de la esencia de la ciudad y de su gente, es un homenaje. No tengo otra forma de retribuirle a la ciudad todo lo que me ha dado. Si fuera arquitecto le construiría un monumento, pero esto es lo que hago”, acotó.

Esta nueva aventura tiene aspectos diferentes, ya que se contará con técnicas y métodos novedosos para el rodaje, además participarán actores de talla internacional como Issac Mercader, el cubano Jorge Herrera y en la dirección, Aurelio Ávila. “Ávila fue el director de la serie mexicana Mi marido tiene familia. También se convocará al talento local y nacional. Queremos provocar la participación del cine local, hay muchos jóvenes que se van a graduar de licenciados en cine y lo que ‘menos deseamos es que terminen de barténderes’, en una cantina”, explicó. La inclusión de actores de otros países se debe a exigencias de la industria del cine, aclaró.

Tras el proceso de producción el estreno será en septiembre, para la Feria de Independencia. Se iniciará con un proceso para escoger a la protagonista. “Me gustaría que para escoger a la representativa de Xela en esta serie se involucre a toda la población”, expresó el dramaturgo.

Un millón

Quezalteca tendrá un costo aproximado de Q1 millón, son 6 episodios de 22 minutos cada uno. La historia central es un romance entre una mujer oriunda de Quetzaltenango y un hombre de origen español. “De ahí se desprende el romance de un catedrático universitario y evangélico con una de sus estudiantes, quien pertenece a una de las familias más pudientes de la ciudad”, adelantó.

“Toda la historia son mis vivencias plasmadas en papel. Empecé a escribirla durante mi visita a Vietnam, especialmente cuando viví en Saigón, porque esa ciudad tiene muchas similitudes con Xela, en particular su arquitectura. Conocí a un español que vivía en el mismo hostal donde yo estaba y le pregunté si conocía Guatemala y me dijo: ‘No, a Guatemala no hay que ir porque es una ciudad muy violenta’. Entonces dije: ‘¡Nooo! Tengo que hacer algo que demuestre lo contrario’, y de ahí nació Quezalteca.

A sus 56 años, Fran aconseja a los estudiantes de cine que no abandonen sus sueños. “Quizás les lleve la vida, pero la peor cobardía que se puede cometer es traicionarse a sí mismos, y cuando Dios ha puesto su mirada en uno y ha resucitado los huesos secos desde el fondo del abismo, nos queda más que glorificar esa resurrección a través de un acto de amor”, expresó mientras se le quebraba la voz (pidió una pausa). “Probablemente con el cine o cualquier otro proyecto no ganemos mucha plata, pero sí vamos a dar a conocer lo que pensamos, lo que llevamos en nuestro interior”, manifestó, tratando de retomar la compostura.

“Creo que cuando la vejez me toque, que no va a ser dentro de mucho, voy a tener tiempo para hacer mi obra fundamental, una recapitulación de todo el bagaje acumulado hasta ahora”, Fran Lepe.