El accidente de tránsito que ocurrió en el kilómetro 159 de la ruta Interamericana en jurisdicción de Nahualá, Sololá, dejó además de dolor, una gran lección de solidaridad y hermandad.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente – Fotos David Pinto

En la carretera todavía se pueden observar las marcas de los neumáticos, sangre, pedazos de vidrio y algunos zapatos a la orilla. A unos metros de la pasarela que da la bienvenida al pueblo, se lee un rótulo hecho con cartulina rosada que dice: “Gracias por sus donativos”.

Vecinos por aquí y por allá, pasando de un lado a otro, cargando bolsas con azúcar, maíz y otros granos, algunos con pequeñas cargas de leña, todos en distintas direcciones pero con un solo objetivo: ayudar al prójimo.

A unos 25 metros de donde fue el accidente se encuentra la iglesia Torre Fuerte, una congregación que perdió a dos de sus miembros en este fatídico accidente: José Benito Tambriz y la esposa del pastor, Catalina Tahay, de 18 y 49 años, respectivamente.

Al ingresar a la iglesia, un grupo de feligreses tras una mesa se encuentran recaudando ayuda, al otro extremo, mujeres sirven café y pan para las personas que acuden a darle sus condolencias al pastor Manuel Tzaj.

Unas cuatro pantallas proyectan la imagen de Tahay, mientras suenan canciones que invitan a la paz y la fortaleza. “Ella era mi vida, siempre me impulsó a continuar al servicio de Dios y de nuestros semejantes”, expresó Tzaj.

“Nos conocimos cuando teníamos 18 años, estábamos muy jóvenes, fue un llamado divino, me nombraron al pastorado y cuando le dije, ella se negó, pero a sus 26 años se entregó de lleno a la iglesia, nunca se ausentó de las actividades religiosas aunque estuviera enferma, no negó su tiempo a los necesitados”, comentó el ahora viudo.

Hace cinco años adoptó una práctica, cada vez que había un accidente salía de casa, tomaba bolsas o botellas con agua y caminaba hacia las víctimas o los familiares; ayudaba a todos, acudía a los funerales con flores y una palabra de aliento.

“Esa noche no fue la excepción, salió con mi hermana y mi yerno, poco tiempo después escuché los gritos de mis hijos y mi cuñado, ella murió sirviendo”, describió el pastor Manuel, al tiempo que se limpiaba las lágrimas de las mejillas.

Catalina Tahay era madre de diez hijos, tres varones y siete mujeres: Tomás, Freddy, Eddy, Bethi, Sheny, Odilia, Lila, Griselda, Dalila y Norlina. El hijo mayor tiene 36 años y la menor, 18. Era abuela de ocho niños.

“Casarme con ella no fue casualidad, venía de Dios. Juntos motivamos a los hermanos a construir este templo con capacidad para 500 personas. Fuimos a otros países por la gracia de Dios”, compartió el guía espiritual.

Hace 20 días la familia pastoral de Torre Fuerte viajó a Miami. “Ella siempre nos ayudaba, en lo material y en lo espiritual; siempre nos motivaba a servir, para ayudar a los demás. Hacíamos visitas a enfermos y necesitados”, comentó una feligresa.

Los pobladores de la comunidad Racantacaj también lloran la muerte del joven José Benito, quien recientemente se había graduado de perito contador y añoraba conseguir un buen trabajo y valerse por sí mismo.

En el accidente 19 personas murieron, cifras oficiales. El número podría ser mayor, hay versiones que dicen que varios vecinos habrían levantado los cadáveres de sus seres queridos antes de que llegara el Ministerio Público.