Fran Lepe

Xela se va modernizando. Ya asaltan en los semáforos como en la capital y la extorsión es industria contemporánea como en la gran ciudad de la muerte.

Somos modernos, el miedo esta de moda, las mujeres ya no salen con aretes de oro ni carteras de cuero, todos nos disfrazamos de gringos fachudos para que no nos marquen cuchillo en mano (o pistola de plástico) para irnos feos con la quincena.

Se estila el celular descompuesto en la guantera para que supla al bueno en el asalto y la cartera vacía o con billetes de lotería vencidos, plata en el calcetín, monedero en el brasier, miedo en el cuerpo.

Viva el progreso, 200 puntos de coca, discotecas con éxtasis, mariguana en el parque, las primeras jeringas con heroína, atrás quedó la romántica cusheria que era escándalo público y alivio intimo del vecindario… ¡Es el siglo veintiuno en la segunda ciudad del país! Nada menos.

Prostíbulos de lujo, casas cerradas, chicas prepago, scort´s, barra show con tecnología de punta, porno en la democracia,  sexo por internet, travestis ¡wow! cuanta cultura internacional, no cualquier pueblo tiene travestis. Malaya la Chica perica y su obsoleto puterito artesanal tercermundista de mis tiempos.

Si hay 300 escuelas, institutos, colegios y universidades y mas o menos 200 iglesias ¿Quién mantiene los casi 100 moteles de todos los niveles, que no  logran cubrir toda la demanda de fornicación y adulterio? (pues sin moralismo, así se llama la cosa pues) porque supongo que todos tienen cama en su casa. Bueno un jakuzzi de vez en cuando no es pecado.

Quizás ante este embate del moderno proceder nos expliquemos para que servía la cultura que nos abanderaba y era tradición, para que nos llevaban al teatro, para que oíamos música pura y leíamos poesía, porque los pintores pintaban.

Un pueblo con una identidad solida es así “Solidario” entonces el crimen no tiene vía de irrupción, las condiciones económicas que la búsqueda solidaria de fuentes de trabajo proporciona, le cortan raíces al mal y la vergüenza ante la corrupción generada por una cultura moral la proscriben y arrinconan. Esa es cultura.

Cuando al fin se caiga el centro histórico, corroído por el stress del tráfico y el excremento de la “pintoresca” plaga de palomas (en cualquier país del mundo ya hubiera sido controlada) que alimentamos como a nuestra ignorancia, nuestros nietos verán fotografías en sus computadoras olográficas y no se explicarán que nos entró en la cabeza para que se nos fuera olvidando como ser quetzaltecos.

“Malaya la Chica Perica y su obsoleto puterito artesanal tercermundista de mis tiempos”

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