Por : Marvin García / @marvinsgarcia

He sido amigo del poeta Julio Serrano desde hace más de quince años, nos conocimos en el colegio Liceo Guatemala y estudiar en un colegio para hombres, religioso y ultraconservador trae consigo sus propias complejidades que supimos de alguna forma, superar, no nos hicimos amigos a la primera, pero un disco de la banda U2 fue el detonante para años de complicidad, hermandad y aprendizaje; Julio y su familia han vivido siempre al final de la calle Rodolfo Robles, apenas unas metros de la casa de Otto René Castillo y del parque a la madre, del Mario Camposeco y del lugar que en tiempos prehispánicos fue uno de los altares más importantes para el pueblo k’iche’, es decir, Julio siempre ha estado cerca del fuego y de la poesía, su casa, sus hermanos y sus padres fueron también los míos durante mi adolescencia, a ellos les debo que mi camino estuviera en la suerte del arte.

 

Si algo puedo decir de Julio es que ha sido un ser curioso que ha sabido encontrar la belleza y traducirla, esto ha quedado registrado en varios libros de poesía, mucho de ellos para niños que se han publicado en diferentes países, además esa curiosidad de la que hablo lo ha llevado a explorar en otras áreas como las artes visuales o el cine, en toda su obra siempre se encuentran una alta carga de pensamiento y emotividad, su  multidisciplinariedad es una característica que pocos artistas de su generación (que también es la mía) poseen.

 

Hace unos días nos enteramos que la película del director guatemalteco César Díaz “Nuestras madres” que aborda el tema de la desaparición forzada en Guatemala, ganó tres premios importantes en el famoso festival de Cannes, esto sin duda es aparte de una agradable noticia en medio de tantas malas, una muestra de que pese a las condiciones, en Guatemala existe gente profesional, con talento y con conciencia.

 

De todas las fotos que llegaron desde Cannes,  dentro de todo la parafernalia que hay en un evento de ese tipo, entre alfombras rojas, gente de los niveles más altos de la cinematografía a nivel mundial, se encontraba el crew de Nuestras Madres y dentro de ellos, Julio, mi amigo y maestro, que ha llegado a posicionarse como uno de los artistas más importantes del país, su legado y su obra será fundamental para entender Guatemala.

 

Por diferentes razones, nos cuesta reconocer el trabajo de los otros y de las otras, es tan normal voltear a ver a otro lado antes de ver las virtudes que hay en las personas que nos rodean, el ego, la competencia y el egoísmo aflora por todos lados; hay mucha gente de diferentes generaciones que están haciendo aportes importantes desde sus espacios y es necesario hablar sobre eso, el reconocimiento es un paso importante para la construcción de memoria, una memoria sana, gracias Julio, mi hermano,  por tu palabra, por persistir y por tu esencia poética.

“Si algo puedo decir de Julio  es que ha sido un ser curioso que ha sabido encontrar la belleza y traducirla”

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