Con motivo de la celebración del Día del Padre, La Prensa de Occidente resalta la trayectoria de uno de los beisbolistas que ha dejado su huella en el seno de la ciudad y que desde hace 16 años dedica su vida a la formación de jóvenes talentos, entre ellos su hijo.

Junto a su hijo Harold, forman parte del seleccionado altense.

Por Stuardo Calderón/La Prensa de Occidente

Oriundo de Managua, Nicaragua, Harold Ramos Montalván comparte su experiencia en el deporte rey.

¿Qué lo trajo a Quetzaltenango?

Me vine por amor. Yo trabajaba en una empresa en Nicaragua, conocí a mi esposa en mi país por un seminario de recursos humanos, ella me invitó a Xela, vine y me encantó la ciudad.

¿A qué se dedicaba en su país?

Allá estudié administración de empresas agropecuarias con énfasis en economía empresarial, era para ser administrador de fincas, pero de la mano, trate de llevar el deporte. Llegué a ser seleccionado en la Liga Mayor a los 16 años, aunque era reserva, ya que había gente más grande y con más talento. Mi mamá (Socorro Montalván) era ama de casa y mi papá (Víctor Ramos), administrador de empresas, y al ver que yo no tenía tantas oportunidades en el equipo, me dijo que le diera prioridad a mis estudios.

 ¿Cómo obtuvo la oportunidad de ser parte de la selección de Xela?

Agradezco a Saúl Cifuentes, que era el presidente de la asociación de acá, pues me dio la oportunidad y me permitió poner en práctica todo lo que aprendí en mi país, además de desarrollar un estilo de juego. Luego, recibí cursos en la CDAG y gracias a Dios, y a algunas personas como Dennis Molina y mi familia, he hecho una carrera de ya 16 años.

¿Cuáles son los logros que más resalta?

Como entrenador los primeros cinco años fueron difíciles, los resultados no se daban, pero los 11 años posteriores me propuse que Xela fuera respetada y hemos permanecido en los primeros tres lugares a nivel nacional. En 2012 y 2017 ganamos todo, incluyendo los Juegos Nacionales; con la categoría de 13 y 14 años vencimos a Guatemala 2 carreras a 1 en la capital; y con la juvenil, 11 a 6.

¿Cómo es su faceta como jugador y entrenador?

Actualmente, juego para la liga veterana, creo que tenemos un grupo muy fuerte y somos los vigentes campeones, pero es totalmente diferente; como entrenador soy muy exigente, creo que un deportista necesita trazarse metas, mejorar, tener un poco de ambición por crecer y no estancarse, eso es lo que trato de pedirle a mis jugadores. Tengo la oportunidad de entrenar con mi hijo y soy imparcial, le exijo.

Para concluir, ¿qué significa el beisbol para usted?

Es mi vida, es mi día a día, se ha convertido en un patrimonio que incluso comparto con mi familia. Mi hijo lo practica y eso me llena de satisfacción. Motivo a los deportistas para que luchen por sus sueños, no siempre se es profeta en su tierra, a mí me tocó salir de mi país para lograr esto en una ciudad que me adoptó con amor.