Según un análisis realizado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), los planes de gobierno de los dos partidos que van a la segunda vuelta electoral este 11 de agosto, no reúnen las características necesarias para mejorar las condiciones actuales del país.

Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

Entre los principales hallazgos del estudio, los planes de gobierno de la UNE y de Vamos siguen modelos de sociedad distintos. “En términos generales, la UNE se aproxima hacia una ruta de sociedad con fuerte presencia del Estado en la provisión del bienestar y la garantía de igualdad y universalidad. Vamos, por su lado, apunta hacia un patrón centrado en el mercado y un Estado subsidiario”, señala el experto Ricardo Barrientos.

Lo único que tienen en común ambos proyectos de gobierno, es que para alcanzar sus objetivos requieren de recursos públicos adicionales, especialmente porque ninguno establece acciones técnicas fiscales. “La falta de un sistema riguroso fiscal pone en duda la viabilidad financiera del ganador, sea quien sea, además de la incertidumbre, porque pueda cumplir a cabalidad las propuestas de su plan de gobierno”, resalta Barrientos.

El documento del Icefi estima que en 2019, el gasto público de Guatemala alcanzará el 12.7 % del Producto Interno Bruto (PIB), ligeramente por encima del 12.3 % registrado en 2018, pero aún por debajo del promedio del período 2012-2018. “Con estos niveles, Guatemala tiene el gasto público más pequeño de Centroamérica, y uno de los más pequeños del mundo”, detalla el analista.

“Los ingresos tributarios sufrirán en 2019 una nueva caída, al ubicarse en el 9.7 % del PIB, por debajo del 10 % de 2018, y muy por debajo del máximo histórico de 12.1 % alcanzado en 2007. Dado que los impuestos son la principal fuente de financiamiento del gasto público (94.4 % de los ingresos corrientes en 2018), esta caída aguda de la carga tributaria evidencia una disminución sostenida de la capacidad fiscal del Gobierno para cumplir sus obligaciones”, agrega.

En el ámbito electoral esto quiere decir que, quien resulte electo asumirá un gobierno con una capacidad financiera decadente para cumplir su oferta electoral. La caída en la carga tributaria contrasta con el crecimiento ligero del gasto público durante el período 2016-2019, después de la caída sostenida durante el período 2010-2016.

El análisis del Icefi da cuenta que, las discrepancias entre la evolución de los ingresos tributarios y el gasto público se reflejaron en el comportamiento del déficit fiscal, con disminución durante el período en el que se redujo el consumo público entre 2010 y 2016 y el aumento durante el período en el que este gasto se incrementó, es decir, de 2016 a 2019.

“En armonía con esta última tendencia creciente, para 2019 el déficit fiscal se estima en un 2.4 % del PIB, lo cual evidencia la continuada necesidad de recurrir al endeudamiento público, en vez de revertir la caída de la carga tributaria para sostener o incrementar el gasto público”, resalta Barrientos.

“la UNE se aproxima a una ruta de sociedad con fuerte presencia del Estado en la provisión del bienestar y la garantía de igualdad y universalidad. Vamos apunta hacia un patrón centrado en el mercado y un Estado subsidiario”.

Endeudamiento

Este aumento acelerado del déficit fiscal se refleja en incrementos de magnitudes similares en el saldo de la deuda pública, el cual pasó del 23.4 % del PIB, en 2017, al 24.2 %, en 2018, y cuya estimación para 2019 es del 24.7 %.

“El incremento del endeudamiento público se ha operado a través de la emisión de Bonos del Tesoro, tanto en el mercado nacional como internacional de capitales, y en mucho menor medida por medio de préstamos con las instituciones financieras internacionales, y como resultado, desde 2017 el saldo de la deuda pública interna ha crecido, y la externa ha permanecido estable”, señala la economista investigadora del Icefi, Ana Ceballos.

De acuerdo con los especialistas del Icefi, la revisión del panorama fiscal da cuenta que la principal característica de las finanzas públicas guatemaltecas en la actualidad es la caída sostenida de la carga tributaria, problema para el cual la principal variable de ajuste ha sido el gasto público.

“Aunque a primera vista esta política pueda lucir efectiva para reducir el déficit fiscal, por un lado, ha resultado insostenible y, por el otro, ha implicado costos enormes en términos sociales y económicos”, revela Ceballos.

Los indicadores que miden la gravedad de problemas como la pobreza, la desnutrición crónica infantil o la insuficiencia de oportunidades en materia de salud y educación pública, así como la persistencia de la violencia y la inseguridad, muestran deterioro o estancamiento. En tanto que los indicadores de desarrollo económico tampoco son alentadores, ya que pese a mostrar un crecimiento comparativamente estable, Guatemala continúa siendo uno de los países menos competitivos de Centroamérica.

“Esto lo podemos comprobar con la paupérrima situación de la red vial, o las enormes dificultades para que las empresas pequeñas y medianas puedan acceder al crédito. La política fiscal reciente muestra con mucha claridad que la austeridad operada con recortes cuantiosos del gasto público como medida para enfrentar el desplome sostenido de la carga tributaria, eleva el riesgo de insuficiencia fiscal”, detalla Barrientos.

Pero más allá de las visiones técnicas, Guatemala enfrenta una baja en el gasto público (inversión), lo que imposibilita financieramente al Gobierno para cumplir sus obligaciones fundamentales establecidas en la Constitución Política de la República, principalmente las que tiene que ver con el bien común.

Asimismo, impide financieramente al Gobierno para avanzar en las soluciones de gravísimos problemas como la pobreza, la desnutrición crónica infantil, la migración forzada, el cambio climático, el irrespeto a derechos como la salud, la educación, la seguridad, el bienestar económico y la debilidad del sistema de administración de justicia.

Las propuestas de los dos candidatos

En términos generales, según los especialistas, las propuestas contenidas en los planes de gobierno de los dos candidatos carecen de sustento técnico fiscal sólido, no fijan metas, no estiman costos fiscales, no identifican fuentes de financiamiento para cubrir los costos de sus ofertas.

“Esta falencia se refleja en las propuestas que implican gasto público, pero con un notorio descuido a incrementar los ingresos, especialmente los tributarios, relevantes para constituir la principal fuente de financiamiento del gasto público”, enfatiza Ceballos.

 

En síntesis, la falta de un respaldo técnico fiscal riguroso pone en duda la viabilidad financiera de que el ganador pueda cumplir a cabalidad su plan de gobierno. El Icefi reitera que son propuestas atractivas sin sustento fiscal que se posicionan peligrosamente cerca de la demagogia, lo que podría ocasionar la repetición de la experiencia de incumplimiento y pérdida de legitimidad de gobiernos anteriores, con brechas profundas entre la oferta electoral, los resultados y la efectividad de la gestión gubernamental.

“La UNE se aproxima a un modelo de sociedad con fuerte presencia del Estado en la provisión del bienestar y la garantía de igualdad y universalidad; Vamos, en cambio, apunta hacia un modelo centrado en el mercado y en un Estado subsidiario, aunque ambos esquemas requieren recursos públicos, el cumplimiento pleno del plan de gobierno de la UNE con prioridad para la protección social probablemente requerirá mayor esfuerzo fiscal que el de Vamos”, señala Barrientos.

Aunque ambos planes de gobierno proponen medidas necesarias para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, ninguno de los dos lograría que durante el período 2020-2023 Guatemala corrija el rumbo y se posicione de nuevo en una ruta de suficiencia que asegure el cumplimiento pleno de estos.

“Sin un esfuerzo fiscal mucho más intenso, la trayectoria proyectada del país apunta a que Guatemala continuará fiscalmente incapacitada para cumplir estos compromisos”, concluye el analista del Ifeci.

Los indicadores de desarrollo económico tampoco son alentadores, ya que pese a mostrar un crecimiento comparativamente estable, Guatemala continúa siendo uno de los países menos competitivos de Centroamérica

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