Durante las fiestas patrias se ponen de manifiesto muchas tradiciones que convidan a visitantes nacionales e internacionales a quedarse o llevarse un pedacito Xela. No hay feria si no se degusta de una canilla de leche, una taza de chocolate o un par de roscas.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

Detrás de todo producto final existe un proceso largo, la preservación de las recetas que han pasado de generación en generación, como el caso del chocolate.

Uno de los mejores lugares para degustar de esta bebida, considerada por los mayas como el elixir predilecto de los dioses, es la chocolatería Doña Pancha, lugar donde también se puede apreciar parte de la historia ancestral.

Doña Pancha es una empresa que mantiene viva la tradición de elaborar el chocolate de manera artesanal, permitiendo así preservar la herencia proveniente de la época prehispánica, de acuerdo con Mirna Rojas, administradora del lugar. Doña Pancha no es solo un lugar donde se puede pasar el rato, tomar una taza de chocolate o comer algunos de sus derivados, es un lugar donde los artesanos del chocolate producen.

Aunque la chocolatería fue fundada oficialmente en 2005, la tradición de procesar el cacao y convertirlo en bebida viene desde 1870. “Tenemos 14 años de trabajar, contamos con una amplia gama de chocolates, encontré un documento a nombre de Jacinta Chayax, de 1870, ella era mi tatarabuela, le trasladó sus conocimientos a mi abuela, ella a mi madre, mi madre a mí y yo a mis hijos, estamos formando a la quinta o sexta generación de chocolateros”, afirmó Rojas.

El proceso de elaboración continúa con la idea de mantener la pureza del chocolate, únicamente agregan sabores, siempre con ingredientes naturales, “antes el cacao se molía en piedra, ahora ya contamos con maquinaria especial, pero la formación del producto final es totalmente artesanal”, comentó.

La ruta

En la actualidad existe un tour del chocolate, que está conformado por cinco empresas, el recorrido inicia en una finca con plantaciones de cacao y termina con la visita a una fábrica. “El tour completo toma un día, desde muy temprano hasta las seis de la tarde; vamos a las plantaciones, pasamos por las tostadoras, vemos cómo se hace el descascarillado, mostramos la forma en cómo el cacao se muele y, por último, la manufactura, que trata de la palmeada de la transformación del chocolate ya triturado”, detalló.

Mirna Rojas explicó que aprendió el arte del chocolate a través de su madre y su abuela, mujeres a quienes les fueron transmitidas, de manera oral, las recetas y técnicas que se emplean para fabricar este producto.

Con los conocimientos heredados, la entrevistada logró poner en funcionamiento un restaurante y chocolatería en donde todos los platos y bebidas del menú incluyen chocolate. Además de la comercialización de los productos, en la Chocolatería Doña Pancha también se puede aprender acerca de la historia del cacao y el proceso de producción del chocolate, ya que se cuenta con un museo del chocolate.

“Tenemos vasijas mayas, mucha historia que compartir con la población sobre este arte milenario, que en la antigüedad era un privilegio de unos pocos. Los antropólogos dicen que el chocolate era una bebida solo para las personas que tenían un alto estatus social”, explicó.

Doña Pancha, además de ser un negocio, es una prueba de valentía y coraje, pues fue conformado por madres solteras y viudas, quienes además de introducir a sus hijos en el arte del chocolate se enfrentaron a varios desafíos impuestos por la sociedad.

“Al principio fuimos ocho mujeres las encargadas de la molienda, preparación y empaque, ahora somos 13, ya incluimos a nuestros hijos”, señaló Rojas.

Cualquier modalidad de este producto se puede consumir en todas las épocas del año, pero durante las fiestas patrias y de fin de año, su demanda aumenta. En Doña Pancha el sueño es poder posicionar la marca en los mercados locales y nacionales, pues la apertura de negocios transnacionales ha venido a afectar el consumo de productos locales.

El chocolate es una bebida que encanta con solo sentir su aroma, es un producto nostálgico que traslada a quien lo prueba a un mundo de magia. “Invitamos a visitar la feria y disfrutar de todo lo que tenemos, acompañado de una taza de chocolate”, finalizó la entrevistada.

Los mayas fueron los descubridores, conocedores y quienes degustaron el chocolate. Conforme a su origen divino, preparaban brebajes de cacao para sacrificios y celebraciones religiosas. En la gran fiesta dedicada al dios Chac tomaban Xocolatl, vino de cacao, maíz y agua de lluvia.

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