Muchas de las familias quetzaltecas se dedicaban a la elaboración de golosinas artesanales, pero con forme ha pasado el tiempo muy pocas conservan esa tradición.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

Ese es el caso de la familia Rojas Paxtor, que desde hace tres generaciones se esmera en esta tarea. “Mis abuelos paternos empezaron vendiendo dulces en un puesto ubicado en el mercado La Democracia”, comentó Paola Rojas.

Por muchos años esta familia, dedicada a la confección de dulces de chilacayote, tamarindo, higos, mazapán, canillas de leche y las conservas de coco, entre otros, se mantuvo trabajando en un pequeño puesto, pero conforme pasaron los años los padres de Paola pensaron en abrir una tienda. “En Xela no se había visto una tienda específica para comprar dulces, solo se podían encontrar en las ferias patronales”, explicó Paola.

La característica de este negocio es que se centra en el trabajo en equipo, ya que cada integrante de la familia tiene una responsabilidad en la elaboración de los dulces, además, que las recetas se han transmitido de generación en generación.

“Cuando yo era pequeña me divertía salir a vender, pasábamos de feria en feria, visitamos muchos departamentos. En las fiestas patrias tenemos un puesto en el campo de la feria”, añadió.

El paso de los años ha obligado a que este tipo de negocios implemente estrategias nuevas para no perder la tradición, abrir un local a donde llevan dulces de recién producción, es una de estas.

“Mi suegra nos cuenta que se sentaba en la Democracia o se iba a otros lugares con carretilla en mano, se levantaba muy temprano para llevar producto fresco y así les enseñó a sus hijos y ahora a mí”, aseguró Adriana Chan de Rojas.

Chan se ha involucrado en el negocio y la tradición familiar, al extremo de hacer sus propias mezclas de sabores, siempre con las recetas milenarias de base. “Nosotros esperamos no solo que el negocio crezca, sino mantener la tradición y nuestra cultura”, enfatizó Adriana.

“Hemos tenido la grata visita de extranjeros y de personas de otros departamentos que buscan los dulces artesanales, llevamos dos años en la tienda, ubicada en el Centro Histórico. No ha sido fácil, pero nos ha llenado de satisfacción porque estamos colaborando en la preservación de nuestras costumbres”, expresó.

El lema de Dulces Típicos Paola es: “Dulces frescos para que las personas vuelvan”, por esa razón es que no solo participan en las ferias patronales, sino en bazares que se organizan en centros comerciales. “De esa manera nos damos a conocer y trasladamos a la población parte de nuestras costumbres”, concluyó Adriana.

De la confección

Todos los dulces deben pasar por un proceso de cocción, en el caso de los bocadillos de coco se debe pelar y rallar, posterior a eso se cocina en un perol especial; la etapa final es la mezcla de la fruta con azúcar o miel.

El chilacayote debe estar fresco, al igual que el higo; se cocinan y luego se mezcla con la miel, la que también es artesanal.

De acuerdo con Paola, el proceso de elaboración de los dulces típicos empieza desde muy temprano y termina hasta horas de la noche con el empaque del producto.

Por muchos años, esta familia se ha dedicado a la confección de dulces de chilacayote, tamarindo, higos, mazapán, canillas de leche y las conservas de coco.

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