Arístides Rubén Álvarez, de 37 años, es enfermero, cocinero y padre a la vez. Él abriga la esperanza de encontrar un donante de riñón y reunir los Q250 mil para pagar la operación de trasplante para su hija Jessica, de 16 años.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

Eran las nueve y media de la mañana, tocamos el portón negro, una mujer de avanzada edad nos atendió y tras unos minutos de espera, Álvarez nos hizo pasar.

“Jessy recién terminó su sesión de diálisis”, compartió.

Este dedicado padre de familia nos contó cuando, hace un año y nueve meses, su hija Jessica Raquel le dijo que se sentía enferma y tras ir a consulta, el médico que la atendió les informó que se trataba de una infección urinaria y de anemia. A pesar que le dio importancia, Álvarez pensó que de ese diagnóstico no pasaría, pero nunca imaginó que días después se enteraría de que a su pequeña le podrían quedar pocos años de vida.

“Dos días después, Jessy tuvo una crisis, llamé a mi hermano para que nos hiciera el favor de llevarnos al hospital, quizás tardó unos 15 minutos y en ese momento, ella (Jessy, como le dicen de cariño) se desmayó. La llevé en brazos hasta el Hospital Regional de Occidente, ahí me explicaron que debía internarla. Uno de los médicos le entregó una hoja y ella me pidió que la llevara al departamento de ingresos”, relató.

“Lo duro de esto es que cuando a mí me dieron el diagnóstico y explicaron que se trataba de insuficiencia renal crónica, entendí lo que era, pues ocho meses antes mi papá había sido diagnosticado y estaba en el proceso de sobrevivir; se me vino el mundo abajo, ya que no es fácil asimilar que tu hija de 14 años padece una enfermedad de esa gravedad”, con estas palabras recordó ese duro momento.

La joven fue remitida a la capital. Aunque al principio le sugirieron acudir a un hospital privado, Jessy necesitaba por lo menos tres hemodiálisis a la semana, cada una a un costo aproximado de Q2 mil, lo cual le resultó a la familia un costo bastante elevado.

Los especialistas indicaron que la adolescente necesitaba un trasplante de riñón, de lo contrario su esperanza de vida sería solo de tres años.

“En estos meses hemos sentido que estamos cerca del milagro”, aseguró Rubén, mientras se llevaba las manos a la cara y se le quebraba la voz.

“Encontramos un donante; las primeras pruebas confirmaron la compatibilidad, pero cuando se hicieron los análisis respectivos, descubrimos que la vida del donante estaba en riesgo. Hace cuatro meses alguien más se ofreció, lastimosamente la cirugía no fue posible por falta de fondos. Hemos estado muy cerca de lograr la operación”, agregó esperanzado Rubén.

Rubén Álvarez necesita el apoyo de los quetzaltecos para mantener con salud a su hija Jessica.

El promedio de espera para un trasplante de un órgano cadavérico es de seis años, por esa razón conseguir un donante es la opción más factible para lograr mejorar la calidad de vida de una persona.

Aun cuando se cuenta con el donador, el camino a recorrer todavía es largo porque se necesitan alrededor de Q250 mil para sufragar la cirugía. Después de la intervención la adolescente necesitará medicamentos para no tener complicaciones con el trasplante, eso implica unos 6 mil a 8 mil quetzales mensuales.

En estos casos, los primeros candidatos para la donación de un riñón son los padres; sin embargo, la enfermedad es congénita. El abuelo paterno también está enfermo y Álvarez ya fue operado de uno de sus riñones. El hermano mayor de Jessy tampoco pasó los exámenes.

“Agradezco a la gente de buen corazón que nos ha apoyado, porque ahora cuento con los recursos para los exámenes de compatibilidad, pues antes de un trasplante se deben hacer varias pruebas y el protocolo tiene un costo de Q40 mil”, detalló.

Por el momento, nuestro entrevistado ha logrado garantizar que su niña continúe el tratamiento, con la ayuda de familiares y amigos; no obstante, el caso se complica porque con el tiempo la insuficiencia renal afecta otros órganos.

“Los pacientes renales sufren complicaciones graves, ahora su corazón y sus huesos están afectados”, explicó.

La vida de Jessica Raquel ha cambiado de manera radical, tuvo que abandonar sus estudios debido al tratamiento. Este año está repitiendo el segundo básico, ha tenido que soportar los comentarios malintencionados de personas externas y, por si fuera poco, saber que tiene poco tiempo de vida.

“Lo más difícil es que si vamos de paseo, me ha tocado ver su carita de deseo, ya que ella no puede comer cualquier cosa. Su dieta es específica y yo quisiera que pudiera comer un helado, como lo hacen los jovencitos de su edad”, se lamentó el afanado papá.

Pero con todo eso, Jessica se ha tomado con optimismo los tratamientos y abriga la esperanza de conseguir un donante y someterse a la cirugía, convertirse en nefróloga y así ayudar a quienes tengan algún padecimiento similar al de ella.

“Esta difícil prueba ha servido para unirnos, estrecharnos más como familia. Sé que no soy el único padre que atraviesa estas circunstancias. Sé que hay otros que sufren, quizá mucho más que yo”, aseguró.

A pesar del difícil pronóstico de la joven, Rubén Álvarez está convencido de que conseguirá un donador y el dinero para la operación. “Estamos cerca de lograrlo, Dios no nos ha dejado, ni lo hará nunca”, afirmó.

Si usted desea apoyar a Jessica, pueden depositar a la cuenta 3313019379, a nombre de Jessica Álvarez, en el Banco de Desarrollo Rural (Banrural), o comunicarse con Rubén Álvarez al teléfono 4394-7331.

 

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