Por Manuel R Villacorta O

El pueblo de Guatemala hace mucho que no tiene una verdadera administración pública. Siguiendo el ritual electoral establecido en la Constitución de 1985, son ya muchos los presidentes electos en nuestro país.

No ha existido una verdadera política económica, tampoco en otros ámbitos como salud, educación, infraestructura y seguridad. Los mal denominados “gobiernos” se han caracterizado por el saqueo sistemático de los recursos públicos. Jamás han establecido políticas públicas coherentes, eficientes y de largo plazo. Los resultados están frente a nosotros: un sistema de salud inoperante, un sistema educativo ineficiente, infraestructura nacional colapsada y en materia de seguridad, la necesidad de imponer estados de sitio, expresa contundentemente el fracaso en ese ámbito.

Jamás habíamos llegado a un nivel de deterioro institucional tan profundo como ahora. El abuso sistemático y constante realizado por una partidocracia corrupta que secuestró todas las instituciones públicas ya no tiene límites. La corrupción y la impunidad, sus principales carburantes, les permiten total libertad para el abuso.

Una de las mayores preocupaciones que nos acosa, es la situación económica familiar. La ausencia de empleo, la incertidumbre para aquellos que lo poseen ante el temor a perderlo, el incremento de los precios y los abusos de muchas instituciones financieras, que limitan aún más la disponibilidad monetaria de muchas personas y familias. Ante esa realidad, los ciudadanos experimentamos grandes frustraciones.

El no tener expectativas y la incertidumbre provocan un inmenso daño en los pueblos. Nos preguntamos constantemente ¿qué hacemos? Lo que nos falta —sin duda alguna— es un mayor nivel de consciencia social, mejores métodos de organización y una decidida participación. Pero todo bajo un proyecto coherente y escalonado que perfile objetivos. Muchas personas se acusan a sí mismas —acusación que se extiende luego a todos— respecto a que dejamos de manifestarnos en las plazas. Cierto, pero esas manifestaciones deben ser parte de una estrategia mayor.

En una próxima entrega, abordaremos ese tema, ubicando ejemplos en otros países que lograron el objetivo que todos buscamos: desplazar a los corruptos de los puestos públicos, para darle paso a ciudadanos responsables, comprometidos con el cambio radical que nuestra patria demanda. Mientras tanto: ¡Viva Xela! ¡Acá nadie claudica!

“El no tener expectativas y la incertidumbre provocan un inmenso daño en los pueblos”

 

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