Tanatopraxia y tanatoestética son dos términos casi desconocidos para la población, sin embargo, se trata de profesiones de quienes las personas deben recurrir una vez en la vida porque son los que se dedican al maquillaje, conservación o reconstrucción de un cadáver.

Turnil ha vivido experiencias sobrenaturales en esta profesión.

Por José Racancoj/La Prensa de Occidente

Específicamente, la tanatopraxia es la aplicación de prácticas para la conservación, embalsamamiento, restauración, reconstrucción y cuidado estético de un cuerpo; mientras que la tanatoestética hace referencia a las prácticas que se realizan sobre un cadáver con la intención de darle un mejor aspecto para ser expuesto en un velorio.

En Xela son pocas las personas que se dedican a este tipo de trabajo; no obstante, aquellos que lo hacen ponen su corazón en ello. “Cuando un ser querido muere, pues es todo un shock, y el contacto con la persona fallecida puede ser muy difícil para los familiares. Es ahí donde se ve el trabajo anónimo y dedicado de estas personas”, explicó Luis López, quien trabaja en procesos de sepelios.

Una de estas personas que pone en práctica la tanatopraxia y tanatoestética es Édgar David Turnil Tezo, de 49 años, quien es asesor de servicios funerarios en Funerales Del Ángel, en Xela, y durante casi dos décadas se ha dedicado a la preparación, conservación y maquillaje de cadáveres.

“Hay muchas personas a las que quizá no les gusta este tipo de trabajo, pero es muy bonito; se hace con los fallecidos. Nos gusta hacer esto, cambiarlas, vestirlas, maquillarlas, embalsamarlas, prepararlas, es una labor bastante delicada”, comentó Turnil, y agregó que a cada muerto se le trata con respeto, “tal vez ya no sienten, pero eso no significa que no merezcan respeto”.

Édgar Turnil ha trabajado con muertos durante casi 20 años.

¿Qué significado tiene para usted su trabajo?

Yo le doy gracias a Dios que me ha dado este don para poder servirle a las personas, a las comunidades, a Quetzaltenango, porque no cualquiera tiene ese don de estar tocando a los muertos. Eso lo trae uno y a mí me agrada hacerlo.

¿En qué momento se dio cuenta que le gustaba su trabajo?

Me dieron la oportunidad de vender contratos funerarios en Funerales Quetzaltenango, estuve así un mes. Tuve una plaza porque un compañero se había ido y aprendí a presupuestar, a platicar con las personas, atenderlas; el hecho de tener muchas relaciones personales me ha ayudado bastante. Así me fui abriendo campo y me empezó a gustar; Dios me empezó a dar este don, ya tengo unos 20 años de estar en el ámbito funerario. Hacemos todo el trabajo de embalsamado, exhumaciones, traslados, servicios a domicilio. En nuestras capillas tenemos cuatro funerarias, pues la empresa ha crecido porque le hemos puesto empeño.

¿Los procesos de maquillaje o reconstrucción cuánto tiempo toman?

Varía. Hay momentos en que una reconstrucción dura una hora u hora y media, o hasta cuatro, dependiendo de cómo venga el cuerpo, si está muy desfigurado o deteriorado. Uno debe poner empeño para que la persona quede bien, por ejemplo, cuando es del rostro, a veces ya no se reconoce, entonces uno tiene que esmerarse para dejarlo reconocible.

¿Cómo es ese proceso?

Hace unos días reconstruí el rostro de una persona que había sufrido un accidente en un bus extraurbano, a quien le pasaron las llantas en la cabeza y le dañó el rostro. Le reconstruí el cráneo, nosotros tenemos materiales para hacer eso, tuve que hacer varias suturas y quedó bastante reconocible, y la familia quedó contenta, me tomó casi cuatro horas.

¿Ha estudiado? ¿Cómo ha sido su aprendizaje?

El don, Dios se lo da a uno, pero me he ido instruyendo con otros funerarios. Trabajé con dos mexicanos, la labor de ellos era la reconstrucción y me enseñaron, estuve con ellos tres o cuatro meses aprendiendo. Nadie nace sabiendo. También fui un par de veces a recibir clases a Izabal, donde está la Escuela de Médicos Forenses, estuve como una semana allá.

¿Ha vivido alguna experiencia paranormal?

Sí, siempre se ve. Me ha pasado que cuando estoy trabajando y debo quedarme en la funeraria, a veces vienen a somatar las cajas (mortuorias); se ven sombras o me abren la puerta y no hay nadie. Son cosas que suceden porque las personas que van a fallecer avisan que vendrán a comprarles una caja o que estará en la funeraria, sí pasa. A veces, sucede que cuando una persona muere, el cuerpo o los músculos aún siguen activos y se contraen. Y se mueven, pero eso es normal para uno, pero a otras personas, que no saben, les da miedo, se asustan y corren. Cuando empecé y pasaba esto me asustaba y pensaba que la persona aún estaba viva, pero no, en ocasiones mueven un brazo porque los tendones se estiran, y eso pasa, o abren los ojos o les salen lágrimas, pero es normal.

¿Fuera de la funeraria también ha vivido situaciones sobrenaturales?

Una vez había ido a traer al aeropuerto (La Aurora) el cadáver de una persona que murió en Estados Unidos y cuando regresaba de la capital se me pinchó la llanta arriba del túnel de Santa María. Me bajé a cambiar la llanta, cuando se me acercó un señor y me preguntó que qué me había pasado y si me podía ayudar, y yo le dije que sí. Al terminar le pregunté que para dónde iba y me dijo que para Cantel; le respondí que le daría un aventón, lo raro fue que no nos hablamos en el camino, no nos dijimos nada, y al llegar por el Hotel del Campo (ingreso a Xela) me dijo que se iba a bajar y cuando yo voltee a verlo ya no estaba, me bajé a buscarlo y no lo encontré. Entonces seguí y cuando pasé a la funeraria estaban aquí los familiares, los fuimos a dejar a San Juan (Ostunalco) y al llegar me dijeron que lo arreglara para meterle ropa, y ahí me di cuenta que el señor que estaba en la caja era quien me había ayudado, fue tremendo para mí, hasta me enfermé, ese fue un susto muy grande. 

¿Cómo se supera una experiencia de ese tipo?

Lo que se tiene que hacer es pedirle mucho a Dios. Es lo más importante. Además, estar tranquilo en su vida personal y espiritual, pues eso ayuda.

¿Qué satisfacción le deja su labor?

En primer lugar, le doy gracias a Dios porque mucha gente me ha conocido y no ha sido por malo. También es el medio para vivir; es cierto que uno se desvela y pasa muchas situaciones, pero, así como se trabaja así se gana, y no me quejo, he tenido para solventar mis problemas económicos, con mi familia y otras situaciones en las que he salido adelante. Me ha ayudado a entender que la vida hay que respetarla, saberla vivir. Hay gente que dice “solo una vida tengo, haré lo que a mí se me dé la gana, porque después de esta no hay otra”, pero sí hay otra y lo que sucede es que nosotros no lo comprendemos.

Su familia, ¿qué le dicen respecto a su trabajo?

Quien no estaba de acuerdo era mi madre, pues me decía “trabajar con muertos quiere ganas, te vas a conseguir una enfermedad, una bacteria o algo”, pero siempre le he pedido a Dios y jamás he tenido ningún tipo de enfermedad contagiosa.

Fotografía de internet.