Luego de su salida, el entrenador Walter Horacio González habla del presente que vive Xelajú y las decisiones que lo orillaron a dejar el banquillo de un equipo que no tiene compromiso.

Por Stuardo Calderón/La Prensa de Occidente

Uno de los futbolistas más queridos y recordados en el seno de los quetzalteco es Lacho González, quien junto a algunas figuras como Patterson, Trujillo, entre otros, le brindaron el tercer título de Liga al club en 1996. Sin embargo, en su faceta como entrenador, el excampeón no tuvo el apoyo esperado, sobre todo de una afición que exige resultados a corto plazo.

¿Qué tan importante era dirigir al equipo con el que fue campeón como jugador?
Entré con una gran ilusión, tengo 29 años de vivir acá y me considero un superchivo más. Estaba don Francisco Santos aún y Carlos Jurado, quienes dieron el voto de confianza y estaba contento porque venía al club que me hizo debutar en Liga Nacional y con el que obtuve mi primer campeonato de esta categoría.

¿Qué es lo que pesa o presiona de estar en Xelajú para los entrenadores?
Creo que el mal aficionado que no cree en procesos y no deja trabajar. Antes, el equipo no estaba de esa manera; considero que hay que creer en procesos porque, de lo contrario serán esporádicas las copas o títulos que el equipo gane. Desde 2013 hasta la fecha se han cambiado muchos entrenadores y eso ha impedido que se implemente un estilo, los títulos se han ganado porque se ha juntado un buen grupo de jugadores en cada época, obviamente con buenos líderes, pero esos procesos se cortan. Tener cinco títulos en 77 años de historia se quedan cortos. Antigua y Guastatoya son un claro ejemplo de que los procesos sí funcionan.

¿Qué marcó el descenso de su equipo?
Muchos no recuerdan las suspensiones y bajas de varios futbolistas en la derrota contra Municipal, eso cambió por completo todo; veníamos de ganar en Antigua, pero perder de la forma en que se dio en la capital, afectó. No soy hombre de excusas, pero esto sí tocó al equipo. Hay jugadores de los que uno tiene expectativas, y no las llenan. Algunos sí aprovecharon las oportunidades.

El cambio de presidente en la directiva, tras la salida de Francisco Santos, ¿Tuvo un efecto negativo o positivo?
Considero que no, ellos juegan un rol importante, pero nosotros estábamos metidos en lo nuestro, el trabajo era en la cancha. Algo que pude observar es que el equipo ya no depende tanto de las taquillas y esto es un gran avance, muchos critican que la camisola esté llena de marcas, pero son estos patrocinios, que permiten que el club se sostenga.

Los actos de indisciplina fueron constantes, ¿qué sucedió en el seno del grupo?
Sé que a los jugadores les gusta la fiesta, es en general, pero yo sin pruebas no podía actuar, la vida personal de ellos es aparte, yo solo exigía que me cumplieran en la cancha. En el caso de Jorge Ortiz, tomé la decisión de retirarlo del grupo. El futbol es nuestro trabajo, fuente de ingreso, y la responsabilidad es actuar como profesionales.

Muchos aficionados señalan a algunos futbolistas; en el caso de Macal, que era el capitán, Matta y algunos extranjeros. ¿A qué acredita el bajo rendimiento de ellos?
Cada quien sabe a conciencia que hizo bien y mal. El 0-3 en casa ante Comunicaciones nos dio un diagnóstico muy claro, no había compromiso de algunos futbolistas en la cancha. Sin embargo, otros sí tienen ese deseo, en el caso de Iker Rodas, Javier González, entre otros.

Los futbolistas intentaron hacerlos cambiar de opinión. ¿Por qué renunciaron?
Cuando uno se siente cómodo va estar tranquilo y cuando no, pues es mejor dar un paso al costado. Había analizado que, de no vencer a Cobán, me retiraba. Los goles que nos hicieron no eran para perder de esa manera, eso me hizo tomar una decisión irrevocable.

Para despedirse, ¿Qué se viene para usted, volvería a Xelajú?
De momento quiero estar con mi familia, pero tampoco descarto alguna oferta, quiero seguir tomando experiencia y si existe la posibilidad de volver más adelante, hacerlo con más fuerza.