De las chimeneas de las casas sale humo, un molino de viento gira una y otra vez, en las pistas de patinaje se ve el movimiento de figuras humanas. Pareciera la descripción de un día cotidiano en alguna ciudad donde neva, pero se trata de un nacimiento creado en San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango.

José Racancoj/ La Prensa de Occidente

Los hay de todo tipo, pequeños, grandes, con figuras antiguas, otras más actuales, con infinidad de luces, con caminos de aserrín y montañas de pashte y musgo, con escenas que evocan y recuerdan la llegada del Niño Jesús en el portal de Belén, junto a José y María, quienes caminaron y sufrieron por conseguir posada. Se trata de los nacimientos, belenes o pesebres, que son toda una tradición durante la época navideña en Guatemala.

Este pesebre impresionante se ubica en la vivienda de don Francisco Enrique Ralda Castillo, en el municipio Ostuncalco, a 11 kilómetros de la cabecera departamental.

Éste nacimiento es todo un homenaje a la tradición, la cual tiene varios siglos de haber llegado a Guatemala. Primero, alrededor del Siglo XIII, el encargado de popularizar la creación de los belenes fue San Francisco de Asís, quien realizó la representación viviente del nacimiento de Jesús, de acuerdo con el historiador de Guatemala, Miguel Álvarez. Luego llegaría a Guatemala con los primeros colonizadores.

En el hogar de don Francisco, se puede apreciar un nacimiento de 36 metros cuadrados, 22 años de ser elaborado de ese tamaño, “antes lo hacíamos más pequeño, quizás la mitad, pero desde 1997 lo agrandamos. La idea nació porque con mis papás se hacía un nacimiento y nosotros otro, aquí, con mi esposa, pero luego de que mi mamá falleció, decidimos unir los dos nacimientos para hacer uno solo y por eso salió de este tamaño”, cuenta Ralda, mientras observa su creación.

Algo que hace llamativo a este belén, es que cada año cambia la temática. Hace dos años don Francisco representó al Ostuncalco de antaño, mientras que en esta ocasión es conocido como Una noche de ensueño, donde se observa una amplia representación de nieve, además de elementos especiales como humo saliendo de las chimeneas, un molino de viento que gira, una fuente de agua, pistas de patinaje con personas en movimiento, una amplia iluminación, entre otros.

En total es conformado por un aproximado de 1 mil 700 a 2 mil piezas, entre casas, muñecos, y otros elementos, que han sido utilizados para esta ocasión, “si llegaramos a utilizar todos los elementos que tenemos, saldría otro nacimiento de igual tamaño”, explica.

Con dedicación especial
Cada año, en la noche del 24 de diciembre, la familia Ralda se sienta sobre el pino, frente al nacimiento, y mientras degustan del tradicional tamal, platican acerca del diseño para el siguiente año. Sin embargo, en esta ocasión es más especial, pues el diseño lo hizo la esposa de don Francisco, doña Selmy del Rosario Castillo Madrid de Ralda, quien el pasado 30 de noviembre cumplió un año de haber fallecido. “Ella dejó el diseño y en honor a ella fue que se hizo así este año”, comenta Ralda. En la sala donde se ubica el pesebre, también esta la foto de doña Selmy, para recordarla y honrar su memoria.