El ajqi’j o guía espiritual maya Óscar Ubaldo Boj comparte su punto de vista respecto a la Navidad, que coincide de alguna manera con otras corrientes ideológicas de que lo más importante en esta época es el amor, la comprensión y la reconciliación.

Por Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

Desde la cosmovisión maya, ¿qué es la Navidad?

Nuestro país vive bajo la influencia de prácticas occidentales que nos muestran que este acontecimiento es significativo para la humanidad porque este personaje dejó un legado espiritual, los valores que toda sociedad debe mantener y practicar.

¿Ustedes celebran la Navidad?

Más del 95 por ciento de la población pertenece a alguna religión judeocristiana. Vivimos en un contexto influido por esta hegemonía de pensamiento y no podemos hacernos a un lado de esa festividad, sin embargo, es una celebración importante, pero no definitoria dentro de la cosmovisión maya.

¿Esta celebración choca con la espiritualidad maya?

Tenemos que tener claro que cuando hablamos de espiritualidad no estamos hablando de religión; entonces cuando uno es mucho más espiritual se permite comprender el pensamiento de otras personas y aceptar sus prácticas. Desde mi punto de vista, la Navidad no choca con el pensamiento maya, es más, es una oportunidad para reconciliarnos, de darnos un abrazo, de desearnos prosperidad, amor y felicidad; es una fecha oportuna para enmendar errores, es hasta cierto punto de aprovechar estos días para reflexionar sobre quiénes somos y qué estamos haciendo en este espacio y tiempo.

El amor, la solidaridad y otros valores, ¿usted cree que se han perdido estas virtudes?

Hay que tener en cuenta que los humanos tenemos valores morales, espirituales y materiales, y muchas veces nos quedamos en los valores morales y no vemos que estos se han perdido a causa de que le hemos dado más importancia a otros valores; por ejemplo, en estas fechas se observa mucho estrés, accidentes, debido a que se ha convertido en una celebración de alto consumo, nos preocupamos de conseguir comida, regalos, y olvidamos que lo es suficiente con una reunión familiar, con una plática y un abrazo.

¿Qué podemos hacer para rescatar aquello que hemos olvidado?

Desde nuestra cosmovisión, creemos que estamos hechos de materia y energía, los principios mayas nos enseñan que debemos buscar el equilibrio y la armonía, y debe ser de diario, es una constante. El problema ha sido que hemos dado más valor a lo material y no vemos lo mucho que hay a nuestro alrededor por lo que podemos ser agradecidos.

¿Podría tratarse de la influencia de la globalización?

Un poco. Si esta sociedad se ha convertido en materialista, por ejemplo, si una persona logra alcanzar, académicamente hablando, un alto grado, quiere acaparar mucho, vela por sus propias metas, sus satisfacciones; quiere acumular riqueza, fama, pero se olvida del corazón, de los sentimientos. Pero si hace lo contrario: comparte sus conocimientos con otros, le puede ayudar a mantener la armonía y el equilibrio; entonces tendríamos una sociedad más tranquila, más paz y menos violencia.

¿Según usted, qué otros aspectos han influido para que la sociedad pierda el equilibrio?

La migración. Muchas personas de otros países vienen con corrientes de pensamiento diferente. Al igual que los migrantes internos, que se deslumbran por el desarrollo que encuentran en las ciudades. Por ejemplo, alguien de otro lugar no comprende por qué nosotros abrazamos los árboles, agradecemos al viento, al agua, al sol, a la luna, a la tierra; creen que si hacemos fogatas en los cerros estamos haciendo brujería y viene el rechazo, porque su desconocimiento les causa intolerancia.

Se viene un proceso importante para el país, con el cambio de gobierno. ¿Cuál es su perspectiva sobre las nuevas autoridades?

Realmente, me temo que será un reto para toda la población. En el caso del gobierno local, tienen un serio problema, hay mucha improvisación en las personas que van a llegar a la municipalidad, creo que podría tratarse de otro “Grijalvazo”.

¿En esta época cuál es su mensaje?

Que aprovechemos para buscar la armonía en nuestros hogares, que nos propongamos quizá gastar menos, amar y valorar más a nuestras familias, amigos y vecinos; que la figura de Jesús que nos enseña la corriente occidental sea un buen pretexto para buscar el equilibrio entre nuestra materia y energía, pero sobre todo que le demos espacio a nuestras sentimientos.

“El problema ha sido que hemos dado más valor a lo material y no vemos lo mucho que hay a nuestro alrededor, por lo que podemos estar agradecidos”.

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