Una historia de amor de la vida real ocurrida en San Vicente Buenabaj y contada bajo la Luna de Febrero

250

A lo largo de los años se han narrado relatos amorosos en los que es impensable que ciertas parejas puedan estar juntas por diversas circunstancias, por ejemplo, debido a rivalidad de familias o de las mismas comunidades en las que viven. Lo contó hace siglos William Shakespeare en su obra Romeo y Julieta, y lo revive ahora el escritor altense Elwin Ildefonso Elías Gramajo, en su libro Luna de Febrero.

Elwin Ildefonso Elías Gramajo escribió la historia de amor de sus padres en el libro Luna de Febrero.

Por José Racancoj / LaPrensa.Com.Gt

“¡Temblor! ¡Temblor! Vos, está temblando… ¡Levántate!

Como pudieron tomaron de la mano a los niños que con ellos dormían y mientras la tierra se mecía, las paredes se estremecían y la tejas crujían, pudo por fin Américo llegar a la puerta, quitar la tranca que la aseguraba y en un santiamén salieron del cuarto.

Fueron largos 39 segundos, pensó, serían los últimos…”.

Así arranca Luna de Febrero, una obra escrita cuyo telón de fondo es el terremoto que azotó Guatemala la madrugada del 4 de febrero de 1976, y en la cual se relata la historia de amor y compromiso social de dos personas originarias de comunidades antagónicas, con siglos rivalizando por asuntos étnicos y principalmente por el despojo de tierras.

La historia se desarrolla en la aldea San Vicente Buenabaj, Momostenango, Totonicapán; y los protagonistas son Américo Elías Vicente, originario de Buenabaj, maestro de su comunidad y de origen k’iche’, y Olimpia Gramajo, enfermera comunitaria de la aldea Recuerdo a Barrios, San Carlos Sija, Quetzaltenango.

Ambas son comunidades vecinas y el nombre de Recuerdo a Barrios obedece a que el expresidente Justo Rufino Barrios les donó esas tierras, “las que fueron ilegalmente adquiridas”, enfatizó el autor del libro.

Una biografía novelada

Tanto Américo como Olimpia son personajes reales, pues son los padres de Elías Gramajo; lo que se cuenta en las 160 páginas de este texto está basado en hechos veraces.

“Es una biografía novelada, es la historia de una familia del área rural que, a pesar de ser de diferentes condiciones y etnias, sus miembros tuvieron una visión hasta formar su ambiente y llevar hacia ellos desarrollo. Tuvieron visión de ser emprendedores y gestionaron para su comunidad proyectos como escuelas, de agua potable, electrificación”, explicó Elwin, de 52 años.

Para el autor, quien es ingeniero mecánico y catedrático universitario, la obra tiene dos objetivos principales, “uno es comunicar a las generaciones venideras, el conocimiento de esta pareja y hacerles ver que todo es posible, que no tenemos que esperar ayuda del Gobierno para cambiar nuestro entorno y mejorar nuestras condiciones de vida”.

El segundo fin está enfocado en transmitir las costumbres de la aldea de San Vicente, “busco que la gente que lo lea se interese en el conocimiento del idioma k’iche’, por ello todos los subtítulos están escritos en k’iche’, con la intención de que tengan que investigar y se interesen en el conocimiento y aprendizaje de este bonito idioma”, comentó Elías, quien también trabajó durante 25 años en el Ministerio de Salud.

El autor amplía los detalles de su libro en la siguiente entrevista:

¿Cuánto tiempo le llevó escribir la historia?

Fueron tres meses en los que se desarrolló este trabajo, son 160 páginas.

¿Es el primer libro que escribe?

Sí, tenía la intención de plasmar esto desde hace año. Cuando nos reunimos en actividades familiares siempre surgen anécdotas de nuestros papás, y para que no se pierdan, tuve la intención de ponerlos en papel y por eso me atreví a escribirlo.

¿Se podrá adquirir el libro?

De momento está agotado, pues se hizo un pequeño tiraje, pero está en una etapa de revisión para un tiraje mayor. En unos dos meses ya estará disponible, aunque aún no tenemos costos.

El libro narra algunos acontecimientos históricos como el terremoto de 1976, ¿qué otros hechos se pueden encontrar?

El terremoto sirve como marco en esta historia, y también se narra lo que ocurrió hace más de 150 años, después de la Revolución Liberal, donde los habitantes de esta aldea, San Vicente Buenabaj, fueron despojados de sus tierras por todos los que colaboraron con la revolución. Estos últimos fueron con el presidente y reclamaron para sí tierras que ellos dijeron que eran ociosas, pero sí tenían propietarios, y lo que hicieron fue quemar las propiedades y cultivos, y los desalojaron. Es un hecho histórico que aquí también se cuenta.

¿Por qué lleva el nombre Luna de Febrero?

Porque en febrero ocurrió el terremoto. Fueron noches de angustia para ellos, donde repasan su vida, momentos de alegría, tristeza, penalidades, pero pensando en sus hijos. Porque de diez hijos que tenían, siete estaban fuera por estudios, y en ese tiempo no había medios de comunicación como en la actualidad para saber cómo estaban, entonces había mucha angustia por saber de ellos.

La historia se desarrolla en la aldea San Vicente Buenabaj, Momostenango, Totonicapán; los protagonistas son Américo Elías Vicente, originario de Buenabaj, maestro de su comunidad y de origen k’iche’, y Olimpia Gramajo, enfermera de la aldea Recuerdo a Barrios, San Carlos Sija, Quetzaltenango.

Compartir