En febrero de 2018, el artista visual Mario Méndez Estrada fue el primero en plasmar sus huellas en la Calle de los Artistas, frente al Centro Cultural Efraín Recinos, en la avenida Jesús Castillo, zona 2 de Xela. En 2019 fue el turno del maestro Rolando Aguilar y este año le corresponde el honor a un artista de la Generación del 70, que con sus obras ha trascendido a nivel internacional.


José Racancoj/La Prensa de Occidente / Fotos David Pinto y José Racancoj

Sus piezas han dado la vuelta al mundo con 346 muestras colectivas y personales en museos, galerías y espacios alternos de Guatemala, así como en países como Japón, Estados Unidos, Alemania y España.

Alfredo García es parte de los artistas de la Generación del 70, un grupo de gran relevancia para el arte en el occidente de Guatemala con renombre en todo el país. “Es uno de los artistas que ha quedado inscrito dentro de la historia del arte de Guatemala, y eso es una de las cosas más difíciles de hacer. Esto se logra a través de mucho trabajo, muchos premios, muchas exposiciones. Eso hace que la plusvalía vaya valiendo, como el nombre”, refirió uno de los artistas de dicha generación, Rolando Aguilar.

García, de 68 años, casado y padre de dos hijos, dice sentirse orgulloso, pues uno de sus hijos está en el mundo de las artes plásticas y ha representado al país en Inglaterra y España, además de contar con un premio en una bienal de acuarela en Chile.

Mientras que a Alfredo, su trabajo, trayectoria y talento le han valido diversos reconocimientos y premios, como el Botón de Oro de la Casa de la Cultura de Quetzaltenango; ahora, la Huella de los Pies y la Orden Efraín Recinos, que le fue entregada en un acto especial en el Centro Cultural del mismo nombre, la noche del viernes 21 de febrero recién.

Junto con este reconocimiento, cuyo espíritu es reconocer a artistas que han hecho historia en la plástica de Quetzaltenango, se inauguró una exposición con las obras de García, la cual estará expuesta al público durante un mes, refirió Rogelio Díaz, director administrativo del centro cultural.

“La mayor parte de sus exposiciones se llevan a cabo en la capital o en el extranjero. Ver una exposición de Alfredo en Quetzaltenango casi no ocurre y eso es porque a veces las condiciones todavía no se dan para que este tipo de exposiciones se puedan realizar”, explicó Aguilar.

En las siguientes líneas, el artista reconocido nos habla de su obra, sus inicios y del arte en Xela.

¿Cómo se siente con el reconocimiento que recibe?
Muy emocionado, porque que le den a uno un reconocimiento en vida es muy estimulante. No sería lo mismo cuando uno ya esté enfermo o incluso cuando haya fallecido. Pienso que el mérito que tiene el Centro Cultural (Efraín Recinos) y los patrocinadores es que esto sea en vida.

¿Cómo fueron sus inicios en el arte?
Me remito a la escuela primaria, donde tenía que hacer algún tipo de trabajo, después en básico había una clase específica de artes plásticas y me involucré, y algo paradójico es que nunca gané esa materia.

Logré pasar porque el maestro nos ponía a hacer trabajos para recuperarnos y fue así como saqué la clase. Después me inscribí en la Escuela Regional de Artes Plásticas, cuando la dirigía el maestro Rafael Mora.

Ahí, él nos dio bastante orientación, las clases eran muy académicas, disponíamos de más tiempo y materiales para involucrarnos. En mi caso, me di cuenta que tenía bastante inclinación artística y empecé a preocuparme por documentarme, estudiar, hacer ejercicios. En ese tiempo no había tanta información como ahora en las redes sociales, ahora es más fácil.

Sus obras, ¿qué técnicas utiliza y en qué se enfocan?
Me gusta mucho la experimentación con las técnicas. He experimentado sobre metal, papel, vidrio, tela, son técnicas mixtas, pero generalmente lo que hago es óleo sobre tela, ahí me siento mejor por el hecho de que se presta para la propuesta que tengo, de paisaje.

¿Qué tipo de paisaje?
Es un asunto ecléctico porque en mis paisajes van a encontrar surrealismo, realismo, figurativismo, entonces corresponde a eso. Y generalmente, los elementos que manejo son arquitectura del área rural.

Alrededor del mundo, ¿en qué lugares ha expuesto?
En Japón, Inglaterra, España, Estados Unidos, México, Costa Rica, República Dominicana han sido exposiciones colectivas donde he estado con instituciones, como Fundación Paiz en el caso de Guatemala; en España fuimos patrocinados por una caja de ahorros, en Estados Unidos por el maestro quetzalteco Carlos Loarca, quien reside allá. En México para una Bienal Iberoamericana de Arte.

¿Cómo toma su familia esta pasión que tiene por el arte?
Siempre he estado muy agradecido con mi familia porque me ha brindado apoyo. El tiempo y la disciplina del artista es algo complicado, no es tan normal como otras actividades; en el caso de mi familia, he tenido el apoyo de mi esposa, de mi hija y ahora con mi hijo.

¿Se ha dedicado a otros trabajos?
Tuve otros empleos, por ejemplo, cuando estaba estudiando para perito tuve la oportunidad de laborar para una colonia, cuyo el lema era “Ayuda mutua y esfuerzo propio”, ahí la hice de albañil. Después de esto me gradué de perito contador; empecé a trabajar en una funeraria.

Luego, por cuestiones personales, me fui para Guatemala, allá trabajé en un almacén de repuestos, después laboré en un banco y nuevamente, por cuestiones de tiempo, debido a que debía dedicarle más tiempo al arte, renuncié al banco.

Tuve la oportunidad, cuando se creó el Ministerio de Cultura y Deportes, de ser parte de la Escuela Nacional de Arte Humberto Garavito, pero igual, por cuestiones de tiempo, renuncié para dedicarme más al arte. Todo con el apoyo de mi familia.

Usted es parte de la Generación del 70, ¿qué otros artistas pertenecen a este grupo?
De esa generación están el maestro Rolando Aguilar, el maestro Rolando Pisquí, Rolando Sánchez y Carlo Marco, y en alguna oportunidad estuvo con nosotros Paco Vela.

A iniciativa del maestro Sánchez se creó lo que nosotros llamamos “las nuevas dimensiones de la plástica quetzalteca”, con la que tuvimos mucha presencia en Guatemala y en el extranjero.

¿Qué artistas son sus influencias?
Durante mi formación me gustaban mucho, por mi entorno más próximo, los trabajos de Humberto Garavito y de don José Luis Álvarez. Posteriormente viene el maestro Oswaldo Cercado, después Jorge Mazariegos, Héctor Sitán, que son para mí exponentes del paisaje.

Ahora de los extranjeros hay gran cantidad, como Alexánder Calder (escultor estadounidense), me gusta mucho el equilibrio en su trabajo, él es el creador de (las esculturas) móviles y stabiles; me llama la atención cómo logra el equilibrio con elementos como alambres.

También hay un español, Joaquín Sorolla, me impresiona cómo maneja la luz. Hay algunas influencias que ayudaron en mi formación y a lograr mi propuesta, que es la que llamo paisaje en movimiento.

¿De las obras qué ha hecho, cuál considera la más importante?
Siempre he dicho que la última es la mejor. Y como sigo trabajando, siempre habrá algo que no me deja decir cuál ha sido la mejor.

¿En Xela se consume arte? ¿La población adquiere obras y asiste a las galerías?
Siempre he dicho que el mercado en Quetzaltenango es cosa seria. Yo tenía problemas con el mercado, porque en Guatemala, en las galerías, incluso con clientes, se maneja algún precio, pero aquí sí lo desvalorizan a uno. Espero que con el tiempo los precios vayan acorde al trabajo.


Lo otro es que se necesitan más espacios para enseñar el trabajo. Yo le apunto mucho a los espacios alternos, porque ahí llega otro tipo de público, hay otro tipo de trabajo, y por lo tanto es otra la respuesta.

A veces la gente no llega a la galería porque piensa que la galería es un negocio, y no es así. La galería, uno de sus objetivos es enseñar el trabajo. Si se vende, es por añadidura.