“El arte es un derecho universal, no el privilegio de ciertas sociedades”

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Eduardo Sac es un escultor quetzalteco, quizás el único, autor de El Migrante y varias obras que son públicas, y muchas más en colecciones privadas. Su trabajo ha sido reconocido a nivel nacional e internacional por la trascendencia de sus temas. En esta entrevista habla de su carrera y proyectos.

José Racancoj/La Prensa de Occidente

Con su mochila y el brazo alzado, despidiéndose de su tierra, de espaldas a Salcajá, es el Monumento al Migrante que se ubica al final de la circunvalación que conduce a Cuatro Caminos, Totonicapán.

Esta obra es del escultor Eduardo Sac, quien nació el 3 de octubre de 1957 y creció entre las calles que conectan el barrio El Calvario y el Hospital Rodolfo Robles, en la zona 1 de Xela.

Fue justamente por esas calles donde fue descubriendo su talento y amor por la escultura, lo cual ha ido explorando a lo largo de sus 62 años. En la actualidad es el director de la Escuela Regional de Arte Humberto Garavito, ubicada en la zona 3 altense.

En este centro ha laborado por 31 años, 29 de ellos como docente del curso de pintura y escultura y como director los últimos dos.

Su amor por el arte le llevó hace más de dos décadas a impulsar otro proyecto educativo: la Escuela Superior de Formación Artística de Quetzaltenango (ESFAQ), donde se promueve la profesionalización de los jóvenes en los campos de las artes plásticas y la educación musical.

Sac además es licenciado en pedagogía y ciencias de la educación, así como en artes visuales con especialidad en escultura. Ha representado a Guatemala en varios festivales, algunos de ellos en Estados Unidos, México y Canadá.

También participó como el único centroamericano en el Festival Internacional de Escultura sobre Mármol, que reunió a 11 escultores de todo el mundo.

Asimismo, ha sido condecorado en dos ocasiones por la comuna altense, una vez recibió el Botón de Oro de la Casa de la Cultura y fue reconocido como Orgullo Quetzalteco e Hijo Predilecto de Quetzaltenango.

A eso se suma haber sido declarado Artista del Año por una asociación de artes de Guatemala, homenajeado por el grupo literario Los Quijotes y recibir la condecoración Gardenia de Plata.

En este mes dedicado a los escultores nacionales, conversamos con él.

¿Cómo descubrió su inclinación por la escultura?
Desde niño me llamaba la atención hacer figuras pequeñas en cualquier material. A mis primos les gustaba el futbol, pero yo prefería ir al sitio (patio trasero) de mi casa, allí se me ocurría que iba a hacer una ciudad. Recuerdo que con piedrín construía muros, montañas, volcanes, puentes.

Estaba en cuarto primaria y debía realizar la evaluación final del curso de trabajo manual, que ahora es el de Productividad y Desarrollo o Artes Industriales, y nos pidieron un jabón, entonces hice una casita y el comentario del profesor que evaluó, quien era ajeno al establecimiento, fue: “Este patojo cuando sea grande va a ser escultor”.

Desde muy pequeño tuve esa inclinación. Aquí en Quetzaltenango no había maestros de escultura, mi formación fue un poco autodidacta. En la actualidad soy docente artístico.

En la Escuela Humberto Garavito yo estructuré los planes vigentes del curso de escultura y en la ESFAQ tramité ante el Ministerio de Educación la carrera de Magisterio en Artes Plásticas, del que estructuré el pénsum de estudios.

¿Cómo es el proceso para esculpir? ¿De dónde nace?
Tengo dos tipos de trabajo: la obra de encargo, que generalmente son monumentos públicos, donde los propietarios deciden.

Hablemos del Monumento al Migrante (en Salcajá).

Me solicitaron que se hiciera la obra. Con mi propuesta creativa hice algo más figurativo, estilizado. Ellos dijeron que no porque querían algo realista, la gente se podía molestar porque no iban a entender, entonces uno trata de complacer las necesidades y gustos de las personas.

El Migrante, la parte principal es la espalda, porque él está yéndose y lo que más duele es la partida del ser querido hacia otro país, por eso, la espalda la está dando a Salcajá.

Recuerdo bien que me dijeron que era un señor de 40 años, que en esa época el pelo lo tenía largo, usaba pantalones de lona flojo, iba con una mochila, las características que tiene el migrante, por eso es un personaje grueso, es un señor, no un joven.

¿Y en Xela?
En el Monumento a la Mujer (zona 8 altense), un grupo de señoras pidió la obra a la Municipalidad de Quetzaltenango. Fue más conflictivo, dijeron que querían la representación de las cuatro culturas guatemaltecas: xinca, garífuna, mestiza e indígena.

Me estaban pidiendo cuatro monumentos, por lo que el precio se cuadruplicaba; entonces dijeron que solo una que representara a las cuatro. Se hizo una propuesta, empezaron a discutir sobre qué rostro se le iba a poner, porque querían que fuera representativa, de allí surgió la idea de que no tuviera rostro.

Pero también dio problema porque había comentarios que decían “Como las mujeres no hablamos, las mujeres no miramos, como no oímos”. Es complicado un monumento de carácter público.

Al final, el personaje de la mujer está sobre un eslabón de cadena abierto, como símbolo de que ya no está bajo la opresión del hombre.

La parte frontal está sugerido como un pantalón que da a entender una mujer moderna, y la parte de atrás un vestido o un corte de la mujer indígena, mientras que de la cintura para arriba es una espiral, como símbolo de progreso o de ascendencia, y también tiene un ave en la mano, como símbolo de libertad.

Otra parte de mi obra es la que hago para las galerías, donde se le exige a uno una obra creativa, no una copia. Ahí entra en juego la creatividad y la expresión emocional de sentimientos, donde uno trata de recrear con el volumen nuevas formas.

¿Cuánto tiempo le tomó hacer El Migrante?
Habían pedido el proyecto un año antes, lo habían dejado olvidado. De repente dijeron que lo querían en un mes. Yo les dije que era imposible. Manifestaron que estaba programado y que iban a venir desde Estados Unidos los señores que lo patrocinaban.

Entonces solicité que en el documento de compromiso se dejara una cláusula donde se decía que yo me comprometía con honestidad a hacer todo esfuerzo, pero si no salía, no era culpa mía. Afortunadamente, en un mes cabal, un día antes, yo entregué la obra.

Fue una semana para el modelado en duroport, una para hacer el molde, otra para desmontarlo y llevar el material a Salcajá y allá fuimos fundiendo por partes, duró siete días más.

Además de estas dos obras, ¿qué otras tiene en público en Quetzaltenango?

Un monumento en el parque de La Floresta, que es de una tendencia más moderna, casi abstracta. Y también en la Universidad Mesoamericana, en la Facultad de Derecho, un monumento a la justicia.

¿Qué herramientas utiliza para esculpir?

Depende de la técnica. Si hablamos de talla directa, podemos referirnos a piedra o madera. Si es en piedra depende de su consistencia; por ejemplo, la piedra arenisca que nosotros llamamos piedra blanca, con la que está hecho todo el Centro Histórico, es muy suave, entonces con cincel, martillo o picadera.

Las piedras más duras como el mármol, se necesita herramientas eléctricas y neumáticas. Si hablamos de modelado se puede hacer en plastilina, arcilla, a veces modelo en duroport, se hacen fundiciones en bronce, resina, cemento, hay diversidad de material para trabajar.

¿Conoció a maestros como Rodolfo Galeotti Torres?
Sí, tuve la oportunidad de conocerlo un poco. No tuve mayor contacto con él, como era de otro nivel social. Yo era muy patojo cuando lo conocí.

Cuando empecé con la escultura también se abrieron las escuelas de arte del Ministerio de Cultura, hace 31 años, y recuerdo que solicité la plaza para maestro de pintura y dibujo, pero vino un telegrama donde me decían que me daban la plaza, pero para impartir la clase de escultura.

Recuerdo al maestro Zipacná de León (pintor) que me dijo: “Ya nos demostraste en la bienal de arte que sos buen escultor y en Guatemala no hay escultores, así que te asignamos esa clase”.

¿En Quetzaltenango la gente compra esculturas?
No. Yo entiendo, vivimos en un sistema económico social capitalista, donde todos prefieren las cosas de uso básico o que están de moda.

Vemos con pena que algunos empresarios o profesionales prefieren tener un póster que una obra de arte colgada porque no hay cultura de consumo artístico.

Mi obra generalmente la muevo en Guatemala, en Quetzaltenango vendí una pieza a un banco, una vez, y a una señora.

¿Alguien de su familia ha asumido su legado como escultor?
Mis hijos se dedican a la docencia igual que yo, pero hay dos de ellos que tienen mucha habilidad, mucha aptitud, pero no lo han tomado como profesión.

¿A qué escultores alrededor del mundo admira?
Me plazco viendo las esculturas de muchos artistas; los géneros artísticos han variado. Recuerdo a Miguel Ángel, la calidad del trabajo, el dominio de la figura humana es impresionante. Pero hay muchos escultores modernos.

En varias partes del mundo, los arquitectos suman esculturas a sus proyectos. ¿Qué consejo les daría a los arquitectos locales?
Tuve la oportunidad de estar en México, y las empresas grandes cuando construyen un centro comercial o un parque, siempre le incluyen piezas escultóricas. Aquí en Guatemala es muy raro que se haga.

Yo he hecho propuestas a los concejos municipales anteriores. Al que se acaba de retirar se le propuso hacer un monumento a don Pedro Tirapiedras, que es muy conocido, pero me comentaron que no lo habían aceptado porque decían “¿quién era él para hacerle un monumento?”. El arte no debe expresar únicamente la belleza, sino que debe dejar registro de todos los acontecimientos sociales para la historia.

También teníamos el proyecto de hacer el monumento al Xelajú Mario Camposeco, era un plan tripartito, yo ya había encontrado quién patrocinara la elaboración de la escultura. Pero como la escultura está prevista que se ubique adentro de las paredes, mientras no las acondicionen, no va a ser realidad.

¿Qué consejo les daría a las nuevas autoridades para la conservación y el rescate de los monumentos?
Es algo muy importante que haya técnicos especializados en ese campo, porque he visto con mucha pena que, en vez de mejorarlos, los destruyen.

Hay un acuerdo donde se habla de la protección del patrimonio cultural que le corresponde al gobierno y a las autoridades municipales, pero lo desconocen. Dentro de eso está no solo el cuidado de la obra, sino el fomento de las artes, pero no lo toman en cuenta.