Este 5 de abril se realizaría el Domingo de Ramos, una celebración humilde que abre la puerta a los siete días en los que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Foto: archivo Mujeres se colocan en el frente de la Catedral Metrópoli de Quetzaltenango para vender ramos de palma y flores previo a la celebración del domingo de ramos

Por Mirna Alvarado

En Jerusalén, a donde Jesús decidió entrar montado en un asno, es la ciudad de la Pasión, narrada en los Evangelios. Jerusalén recibe a Cristo, el Rey, montado en un pollino, para dar cumplimiento a la profecía de Zacarías: “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de alegría, hija de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti, justo, salvador y humilde. Viene montado en un asno, en un pollino, cría de asna”.

La visión de Zacarías, 500 años antes del nacimiento de Jesús, resume el júbilo, la alegría y el alboroto de aquel primer Domingo de Ramos. Cristo no entró con un ejército ni en una carroza lujosa sino “montado en un asno“, su llegada no fue anunciada por trompetas o timbales sino por una multitud de seguidores.

El Domingo de Ramos tiene dos extensiones la primera, el anticipo de la Pascua y del triunfo de Jesús, y la segunda, el inicio de la pasión y muerte de Jesucristo. Es decir que por un lado se revela el grito del triunfo y la victoria, y por otro, la representación de su pasión y muerte.

Según los evangelios la procesión inicia en el Monte de los Olivos, a unos 1.8 kilómetros de Jerusalén, la ciudad amurallada, la Ciudad Santa de tres religiones.

Los seguidores de Jesús, además de arrojar ramos de palma también colocaban hojas de olivo a su paso, danzaban y cantaban al unisonó “Ho sana al hijo de David, Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

La algarabía recuerda también la entrada de David como rey cuando, desnudo, ingresó danzando a la Ciudad delante del Arca de la Alianza. Siguiendo los pasos que según la tradición recorriera Jesucristo hace más de 2 mil años, miles de personas simulan el acontecimiento con cánticos y plegarias.

El Monte de los Olivos y el valle del Cedrón, que cuatro días más tarde servirán de consuelo a un Jesús atribulado que ve venir a la muerte, el Domingo de Ramos se llenan de gritos, algarabía y luz.

Guatemala y porque no decirlo Quetzaltenango no es ajena esta tradición, no solo es pintoresca si no también es la puerta de los grandes cortejos procesionales de la Semana Mayor.

En Xelajú unos días antes del domingo de ramos se realizan pequeños ramos de palma, adornados con otro tipo de flores, estos se llevan a las diferentes capillas para ser bendecidos, algunos colocan los ramos en las puertas y ventanas de sus viviendas como un acto de fe.

El historiador Francisco Cajas cuenta que los ramos son portadores de buena suerte, y se colocan en la entrada de la casa, para que siempre esté protegida de “las malas influencias”, terremotos o inundaciones.

Este día los vecinos arreglan la fachada para saludar al Cristo triunfante, además de los ramos de palma también colocan otros artículos como Corozo y mantos morados. La procesión es acompañada de música, incienso y oraciones

Sin embargo, si bien es cierto el Domingo de Ramos es la antesala de la Pasión de Cristo, el de Resurrección, ocho días después, es el sello definitivo de la celebración, porque no hay pasión sin gloria ni muerte sin resurrección.

Este domingo 5 de abril se celebraría el domingo de ramos, sin embargo debido a la pandemia del COVID-19, las procesiones se han cancelado pues se pretende evitar las aglomeraciones, sin embargo esto no ha sido impedimento para que la población coloque pequeños ramos de palma en las puertas y ventas de sus casas.