Utilizar equipo de bioseguridad por más de diez horas, sepultar a conocidos y amigos, ver a las familias llorar por no poder despedirse de sus seres queridos, además de que por su labor se han convertido en blanco de discriminación, son algunas de las experiencias de los hermanos Martínez.

Los jóvenes hermanos que debido a su entrenamiento se han convertido en los sepultureros del cementerio general de Totonicapán.

Por Mirna Alvarado

Se trata de los jóvenes Eduardo y Francisco Martínez originarios de la cabecera departamental de Totonicapán, quienes desde hace 10 años son parte del Equipo de Respuesta Inmediata ERI, de Bomberos Municipales Departamentales y debido a su preparación académica fueron quienes se encargaron del traslado del primer paciente de covid-9 de esa localidad y desde entonces son los encargados de las inhumaciones de las personas que han perdido la batalla contra el virus.

Francisco Martínez relató que es una experiencia traumática ya que la mayoría de inhumaciones han sido en las madrugadas actualmente el equipo lo conforman 5 personas. Tienen experiencia en manejo de químicos, bioseguridad y protocolos, el equipo que utilizan durante la manipulación de cadáveres debe ser adecuado para el manejo de seguridad industrial.

Los hermanos Martínez han sido los responsables de trasladar a los primeros 7 pacientes positivos de coronavirus, hacia los centros asistenciales, “fuimos los encargados del embalaje del cadáver de la primera víctima de covid-19, la que murió en la ambulancia cuando íbamos camino al Hospital de Villa Nueva”, señala Francisco Martínez.

Martínez cuenta que una de las experiencias más difíciles ha sido cuando los familiares de las víctimas piden observar los entierros para de alguna manera poder dar el último adiós, “hemos tenido que aceptar la videollamadas de los familiares y verlos llorar, sin poder dejar una flor es realmente triste”, cuenta Francisco.

El trabajo que hoy día desempeñan los hermanos Martínez no solo les ha afectado emocionalmente, sino también les ha dejado tragos amargos por los malos tratos de parte de algunos familiares de las víctimas de covid-19 y los actos de discriminación de parte de otras personas.

La municipalidad de Totonicapán es el ente que les dota de los equipos de protección, los cuales pasan por una revisión antes de realizar las inhumaciones de esa manera garantizar que se encuentran bien protegidos.

Sus conocimientos en bioseguridad les han servido para prevenir contagios entre sus compañeros. “Uno de los temores al principio de los traslados de pacientes fue el miedo de infectar a nuestras familias”, dicen al referirse cuando fueron llamados a la aldea San Vicente Buena Baj del municipio de Momostenango, para trasladar a un paciente contagiado y al no existir un punto de seguridad tuvieron que hacer coordinaciones para que a su regreso fueran desinfectados.

“Estuvimos 12 horas con el traje de protector y hasta la media noche fuimos desinfectados, pero sin darnos cuenta llevamos 5 meses de trabajo”, mencionaron.

Los hermanos Martínez realizaron 8 trasladados de pacientes a los centros asistenciales, fueron quienes manipularon una personas fallecida en la ambulancia, ahora el equipo integrado por cinco personas más lleva 22 inhumaciones en el cementerio general de Totonicapán, pero debido a las malas experiencias ahora se abstienen de llevar a cabo traslados de pacientes.

Los hermanos Martínez se han especializado para el manejo de bioseguridad, completaron el curso de tercera clases de Respuesta a Incidentes con Materiales Peligrosos (HAZMAT), derrame de químicos, triax y bombero en la escena del crimen.

El tipo de equipo que utilizan son industriales y normados, trajes de bioseguridad certificado tipo C adecuados para inhumaciones, respiradores con filtros para partículas y vapores, caretas industriales, guantes de nitrilo y de látex grueso, botas de hule y después de cada inhumación el equipo se incinera a excepción de careta, el respirador y las botas.

**Con información de Mayra Zapeta**