Como un acto de amor hacia la población, la olla comunitaria compartió un plato de fiambre con sus comensales, con lo que cierran el ciclo de ayuda humanitaria.

Niños se desinfectan las manos previo a recibir el plato de comida del día

Mirna Alvarado/LaPrensadeOccidente

Desde el 4 de mayo, La Olla Comunitaria de Xela inicio el reparto de platos de alimentos gratuitos a personas afectadas por la pandemia, sin embargo el 25 de septiembre los organizadores emitieron un comunicado en el que manifestaron que por falta de recursos el proyecto sería cerrado.

Aunque el comunicado señala como último día de funciones el 2 de noviembre, este domingo 1 compartieron el tradicional fiambre con todas las personas que por más de seis meses acudieron puntualmente al kiosco colocado en el parque central en busca de alimentos.

“El fiambre fue como un símbolo de amor y aprecio a todos los comensales, también es un gesto de despedida con el que pretendemos alentar a los más vulnerables a seguir luchando por una vida digna”, manifestó uno de los organizadores.

Todos los días una larga fila de hombres, mujeres y niños, afectados no solo por la pandemia, sino también por la falta de oportunidades y otras carencias a las que se han enfrentado previo a esta crisis, buscan un plato de comida, el cual La Olla Comunitaria les facilita y a la fecha han entregado alrededor de 50 mil almuerzos.

El proyecto de La Olla nació en la capital, pero en Xela fue impulsado por Gabriela Villatoro, propietaria del restaurante Tan Lechuga Yo. “Tuve la suerte de conocer a un amigo de Byron Vásquez (quien fundó La Olla en la capital) e iniciamos pláticas” para poner en marcha el proyecto en la ciudad altense, explicó.

De acuerdo con Villatoro el primer día de servicio consideraron que solo harían 100 almuerzos, pero terminaron entregando 138 y poco a poco la demanda fue creciendo y en 4 meses se llevaban repartidos 30 mil almuerzos.

“Este trabajo no es nuestro y sabíamos que tampoco era para siempre, ha sido una maravilla que Quetzaltenango sea quien esté alimentando a Quetzaltenango, es el mismo pueblo el que nos lleva panitos o un costal de papas, al final es el pueblo queriendo alimentar al pueblo para que no tenga hambre”, aseguró Villatoro.

Durante el tiempo de funcionamiento la Olla tuvo apoyo también del extranjero, una de ellas fue la quetzalteca Paula Morales, quien reside en San Francisco, Estados Unidos, y realizó una recaudación allá para ayudarlos.

También han participado entre 12 a 15 voluntarios, se trata de estudiantes de Medicina o Ingeniería, así como trabajadores, y el lugar donde se preparan los alimentos es El Shamrock, un bar ubicado en el Centro Histórico, y que al igual que muchos negocios, se ha visto afectado por la crisis.

La Olla siempre ha trabajado respetando los protocolos de higiene que han permitido que no se registren casos de covid-19 en el equipo.