«Miculax, el regreso del Diablo», es una película guatemalteca en la que se narra la historia del asesino en serie que aterrorizó a la población, en la década de 1940 y puso en aprietos al presidente Juan José Arévalo.

Fotografía de una de las escenas del filme

Mirna Alvarado/LaPrensadeOccidente

El film fue creado, dirigido y producido por el cineasta Luis Garistú, quien pretende revivir el caso de José María Miculax Bux, un hombre originario de Patzicía, Chimaltenango, quien junto a su primo Mariano Macu Miculax, violó y asesinó a más de 15 niños en cuatro meses (de enero a abril de 1946).

Esta es la primera producción cinematográfica del cineasta guatemalteco Luis Garistú y con el nombre de Miculax, El Regreso del Diablo, promete al público una narrativa de suspenso y misterio, basado en una historia real del asesino en serie más famoso de la historia guatemalteca, José María Miculax Bux.

“La película dará un nuevo giro a la historia, mezclando el tiempo el espacio con distintos acontecimientos que pondrán a pensar al espectador desde los primeros minutos”, dice Garistu en sus redes sociales.

Luis Garistú, actor y productor guatemalteco.

Sobre el productor
El guatemalteco, Luis Garistú es originario de Cobán, Alta Verapáz, inició su carrera artística en el mundo del teatro, ha participado en varias producciones guatemaltecas. Luego emprendió la tarea de producir 2 cortometrajes, los cuales le sirvieron de empuje para atreverse a publicar su primer largometraje,la producción duró más de 2 años y medio.

La cinta ha sido interpretada por artistas guatemaltecos, se estrenará el próximo 18 de febrero, en los principales cines del país. El municipio de San Juan del Obispo, en Sacatepéquez, fue el escenario de la producción.

En esta ficción, la cabeza del asesino en serie, que desapareció de los laboratorios de la Universidad, fue encontrada por un nieto de los científicos. Tras una serie de experimentos, le inyecta por error, genes del fusilado a un hombre alcohólico.

¿Quién fue el asesino serial?
José María Miculax Bux, fue durante tiempo atrás el espanto de muchos niños, pues los padres de aquella época y las venideras amenazaban a los niños con: “Si te portas mal, te viene a traer Miculax”.

Su fama se debe a las violaciones y asesinatos cometidos en contra de más de 15 niños, los cuales se cometieron en departamentos de Chimaltenango, Guatemala y Sacatepéquez, el violador, al ser capturado gracias al testimonio de cuatro niños que lograron sobrevivir, fue fusilado.

Luego, el cuerpo fue decapitado para que el médico y psiquiatra, Carlos Federico Mora, estudiara su cerebro, el primo de José María, Mariano Macu, también fue arrestado, pero recibió una condena de 30 años de prisión.

La cabeza del fusilado permaneció en el Paraninfo Universitario, donde estaba la facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos, pero desapareció misteriosamente. Sobre ello se manejan varias teorías algunas afirman que la cabeza fue robada, aunque no se sabe con certeza.

Las serie está basada en la novela del escritor guatemalteco Jorge Godínez, quien se dio a la tarea de recopilar los datos históricos por medio de periódicos antiguos, informes forenses entre otros.

El pequeño gran monstruo de Godínez
Era el viernes 22 de febrero de 1946, Enrique, quien vivía en San Pedro Sacatepéquez, llegó a la ciudad capital para vender leña. Mientras caminaba por la finca El Naranjo junto a sus dos mulas, no se imaginaba que ese sería el final de su vida y se convertiría en una víctima más de un listado de más de 15 menores que fueron ultrajados por los violadores.

El sábado 23 de febrero, se encontró el cadáver de Enrique. No tenía el pantalón, lo encontraron “hincado sobre la arena con el frente pegado a la peña de oriente a poniente, con ambos brazos bien amarrados al cuerpo con varias vueltas dadas con un cablecito, otro al cuello bien ceñido, colgado del arbolito”, dice el expediente del juzgado cuarto de primera instancia penal, transcrito por la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos de Centroamérica (AFEHC).

De puerta en puerta, de boca en boca, el asesinato de Enrique causó conmoción en una sociedad que apenas comenzaba a poblar la capital. Tres meses después, las autoridades capturaron a José María y él confesó los crímenes e indicó dónde estaban algunos cuerpos.

José María Miculax era un joven jornalero de 21 años, migrante de Patzicía, Chimaltenango. Junto a su primo, Mariano Macu Miculax, se convirtió en el primer asesino serial de Guatemala y disfrutó confesando sus delitos. Su estatura de 1.50 metros no le impidió tener la fuerza suficiente para tomar a los menores, ahorcarlos y violarlos. Un pequeño hombre, que se convertía en un grande y terrible monstruo.

El sadismo de Miculax se retrata en sus confesiones claras y honestas sobre los crímenes. Los relatos encontrados en los expedientes, demuestran que el asesino no mostraba ningún arrepentimiento por sus acciones, hablaba de las violaciones como si se tratara de un evento cotidiano.

El rastro sangriento que dejaba Miculax por distintos caminos de Guatemala, Mixco, Santa Catarina Pinula, Antigua Guatemala y San Pedro Sacatepéquez, despertó en la sociedad una alerta que continuó en zozobra. Los gritos de indignación llegaron hasta la Casa Presidencial.

Situación que puso en jaque al presidente Juan José Arévalo, el aparecimiento de niños estrangulados en los barrancos del área metropolitana no cesaba y se convertía en una crisis severa para el mandatario, lo que lo llevó a decretar la Ley Miculax (decreto 235 que abreviaba los procesos judiciales).

El Freddy Krueger (Miculax) fue capturado el 26 de abril de 1946, tres meses después del primer hallazgo de sus crímenes, (el cadáver de Enrique). Según los registros la aprehensión se dio gracias al retrato hablado de una anciana que lo identificó cerca de un barranco en compañía de un niño el día anterior.

Fue así que el 17 de julio, Miculax fue trasladado desde la penitenciaría (ahora la Torre de Tribunales) hacia el Cementerio General, para su última caminata por la 19 calle de la zona 1, custodiado por los guardias.

El violador confeso hizo valer su última voluntad, pidió un tacuche, un sombrero y dos octavos, al llegar al cementerio, Miculax exclamó que él no era el responsable de todas las muertes, solo de algunas, destapó los octavos y se los tomó, después recibió un ritual espiritual, entonces la pesadilla de los niños terminó, cuando el asesino fue acribillado por el pelotón de fusilamiento frente al paredón de la avenida Cementerio y 23 calle.

Según el libro nunca se supo dónde fue enterrado el cuerpo sin cabeza de Miculax, pues el gobierno de la época determinó que no se debía registrar el nombre del asesino en una lápida para evitar que fuera reconocido por personas que quisieran hacer rituales oscuros o sacar el cadáver.