El Chacatay López: futbolista de maíz y frijol que se glorificó en el Xelajú M.C.

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Para Justo Rufino López Chapetón el “Chacatay López”, en su época de jugador, para lograr la constitución física requerida para la primera división, se hacía como los verdaderos hombres de maíz, y no se conocía la tecnología que hoy goza y ejercita la nueva camada de futbolistas en el mundo. (Entrevista realizada en 2008)

Fotos de las redes sociales.

Adrián Velásquez/La Prensa de Occidente

Justo Rufino López Chapetón el “Chacatay López”, de 62 años de edad, (hoy de 75) llegó procedente de San Antonio Suchitepéquez a Quetzaltenango para jugar con la oncena titular del glorioso Xelajú M.C., el equipo ‘lanudo’ que en 1962 arrasó en el país con los tres trofeos de los campeonatos nacionales.  El Nacional,  de Copa y de Campeones. El Chaca recuerda ese título nacional por que Augusto “Culiche” Espinoza, del Comunicaciones, intentó engañar a la afición en el Mateo Flores, con un gol que no existió. El equipo chivo ganó su primer título nacional ese día. El pase del gol de la victoria fue  hecho por Chacatay al costarricense Chávez Lizano.

Sus primeros ‘tanes’

Sus primeros zapatos de fútbol se los compró su “tata” como el suele decir cuando se dirige a su padre. Su primer equipo en el que inició su actividad deportiva fue con la selección de la escuela, y luego pasó a jugar en el Tuneco, de  Suchitepéquez de la primera división. En esos campeonatos y visitas en las ferias de los pueblos,  Juan Manuel Soto, un finquero del lugar, lo vio jugar y le propuso viajar a Xela para integrarse a la oncena altense.

“Mirá vos no te querés ir a jugar a Xela, yo te llevo, no tengas pena”, me dijo, “todo corre por mi cuenta”. Tendría que ver dije yo. Relata Chaca.

El Chacatay arregló maletas y decidió irse para la ciudad de la luna: Xelajú.  Fue el 12 de junio, día de San Antonio –1956–. Su progenitora no quería que su hijo saliera, quedito salió de casa y agarró camioneta.

Soto, la persona que lo impulsó, lo hospedó en una pensión que se ubica frente a la Fundación del Diabético.

¿Cuál fue su primer encuentro en Quetzaltenango?

–Me dijeron que me iban a inscribir y mandaron toda mi papelería a Guate y el partido era en la Antigua. Y me comunicaron que no podía jugar porque no había cumplido los 18 años, ese día me entregaron mi carnet pero no pude jugar hasta el siguiente domingo, que jugamos con el Aurora aquí, fue mi debut y mi primer gol con Xelajú Mario Camposeco.

Pero Chaca ya había estado en Xela, cuando lo enviaron a estudiar, por sus dotes, lo tomaron en cuenta para jugar con el INVO y en un equipo que estaba organizado en El Calvario que se llamaba Axis.  Nunca jugó con ellos, sólo lo inscribieron. Retornó a San Antonio porque durante la incursión de Castillo Armas hubo violencia.

Roble duro

Chacatay quiere decir  en lengua “roble duro”, según dice Justo Rufino, y era el sobrenombre de uno de sus hermanos, que al final le quedó a él.

Como un presagio apocalíptico de su carrera, la llegada a Xela fue con buena estrella porque la titularidad con los chivos fue inmediata.

–El  licenciado Manfredo Rodas, que era el titular del equipo, ese día, se dobló el tobillo. El entrenador me mentó la generación para que entrara, –a la cancha– entré herido, uno no está acostumbrado a que lo traten así, yo en mis adentros dije, a este señor le voy a demostrar que no soy ningún pendejo y ese día les hice un gol y fue tanta mi alegría que se lo fui a gritar allí sentado. Entonces todos me abrazaron.

Esas jugadas con los ‘lanudos’ duró 20 años –de 1957 al  77–, donde hubo felicidad y tristezas, donde también la hizo de director técnico y al mismo tiempo de jugador.

Chaca cuenta que, en esa época los entrenamientos no eran sofisticados, para mantenerse económicamente le dieron una plaza en Caminos, así se llamaba el actual Micivi; luego de las once para la una le daban permiso para asistir a las prácticas, que consistían en una gimnasia y a correr para agarrar aire.

–Lo único que teníamos nosotros era la gana de ir al Baúl corriendo de ida y vuelta; bajábamos Almolonga. A las doce del mediodía llegaba don Fer –el entrenador del equipo–, “ya están listos, vénganse pues. Vos llevás la tenta, adelántense ustedes muchá”, y cuando subíamos el cerro, pitaba,  bueno pues, alcánzalos, él que lleve la tenta cuando bajemos a Almolonga,  a los baños, ese paga los chicharrones. Decía don Fer. Y él se regresaba en el carro, daba la vuelta y nos esperaba allá.  Eso era de todos los lunes.

Sin tecnología

¿Y cual es la diferencia entre el fútbol de esa época y el de hoy en día para usted?

–Diferencia no hay porque es el mismo fútbol, la misma pelota, lo único en donde sí hay mucha diferencia es en la entrega, el cariño de un equipo. Antes era por amor y no por dinero.

Cuenta también que lo único que les proporcionaban era una chumpa con el nombre del equipo, no había los famosos ‘pants’; dos uniformes elaborados con tela de atoyac, una de color azul con cuello rojo y otra roja con cuello azul.

De los zapatos, igual, jugaban con los de diario, no había tenis como hoy se conocen, a lo sumo unos al estilo All Star o chapulines, pero de marca Incatecu.

–Acaso son los zapatos y las camisolas las que van a jugar, es uno mismo el que va a jugar, uno tiene su entrega. Dice Chaca.

Y de sus viajes para la capital, viajaban en la ‘jacarandosa’ el bus que los transportaba a la ciudad capital, donde muchas veces los mismos jugadores pagaban sus pasajes con el premio de Q10, que les daban por encuentro. Y se hospedaban en una casa de pensionistas, donde por las noches, cuando el hambre apretaba, asaltaban la refrigeradora.

Momentos memorables, los que narra con emoción Chacatay en su casa de habitación, en el barrio La Joyita, donde lo entrevistamos.

Chaca tiene actualmente 69 de edad, ha procreado tres hijas, una de ellas vive, para su buena suerte, como dice él, en el norte, Estados Unidos. Se dedica a entrenar la especial de los chivos, está jubilado.

Entre sus preseas, recuerda cuando le dieron “El Chivo de Oro” y lo declararon “Vecino distinguido” de San Antonio Suchitepéquez.

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¿Quién fue mejor: Pelé o Maradona?

–Para mí, el más grande que ha habido, en lo personal, ha sido Pelé, por su humildad y entrega. Maradona es un gran jugador pero lamentablemente llevó su vida mal, su error fue ese. ¡Qué imagen le puede dejar a un jugador!

¿El Barsa o el Real?

Yo siempre le he ido al Real, desde que vi jugar a Estefano, eso es lo más grande que ha tenido el Real Madrid.

¿Quién es su jugador preferido?

Kaká, buen jugador, con clase, sencillo. Aquí en Guatemala a Guayito de León. en otra época nos codeábamos.

¿Sólo vivió del fútbol o siempre tuvo que trabajar en Caminos?

Siempre en Caminos, toda mi vida.

¿Usted cree en jugadas planificadas o en espontáneas?

Es bueno planificar, porque es bueno, es lógico que se planifique. Pero directamente hay que hacerlo en el campo, porque no le va a salir una jugada como usted la ha planificado, es mentira.

¿Había el equivalente al Gatorade?

Pura agua, no había Gatorade, no había nada.

¿Cuál fue el momento más feliz de su carrera en el fútbol?

–Haber anotado el primer gol aquí. Haber dado la vuelta olímpica en Guatemala en el 62, el 18 de noviembre.

¿El más triste?

-Es retirarse, pero me retiré con orgullo, inclusive cuando me quebré la tibia, el peroné y la rótula y me dijeron que nunca jugaría más fútbol. Cuando regresé nadie sabía cómo estaba, un muchacho que era boxeador me ayudó. Cuando se dieron cuenta, ya estaba metido en el estadio. Una señora me regaló una rodillera y me dijo: “Póngasela pero no se la vaya a poner dónde le operaron, póngasela en el otro lado”, por qué le dije, “Del otro lado no le van a pegar porque no tiene nada puesto”. Me la puse en el derecho y comprendí. La ilusión de volver a jugar.

Y la gente en la calle ¿todavía lo reconoce?

Sí, toda la gente, inclusive mi mujer el otro día me estaba contando que a ella un señor le dijo que lo había visto.

Una vez fui a jugar contra Palo Gordo, allí jugaba mi hermano, y mi papá nos decía: “Él juega con el Xelajú y vos con el Palo Gordo, lo único que yo les digo es que cuando tu hermano lleve la bola, vos hacete a un lado y cuando él la traiga también vos hacete a un lado”. No tenga pena papá, le dijimos. Ya cuando salíamos, “lo siento mucho”, dijo mi hermano, pero aquí nos damos riata”