El Chorokee: el boxeador quetzalteco defenderá su título de campeón este viernes en México

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Pablo Josué Macario Pelicó, 23 años, este 4 de junio defenderá su título de campeón mundial en peso pluma por Consejo Mundial de Boxeo (WBC, por sus siglas en inglés) en Tuxtla, México.  El pugilista quetzalteco se prepara en un gimnasio de la zona 10 de la Ciudad Capital, es de estatura baja, moreno, ojos negros redondos. El día de la entrevista vestía una playera azul, pantalón de lona y zapatos  tenis.

“No sé de dónde saco energías para rematarlos. El aire ha sido mi mayor cualidad, los boxeadores decían vamos a pelear de tú a tú, él se va quedar sin aire y ahí lo voy a noquear y nunca fue así, ellos se quedaban sin aire primero y yo continuaba”

 Adrián Velásquez/La Prensa de Occidente – Fotos Alejandro Sandoval

Puro chivo

Pablo Josué Macario Pelicó defenderá su título de campeón mundial en peso mosca por Consejo Mundial de Boxeo (WBC, por sus siglas en inglés) en Tuxtla, México, el 4 de junio, se prepara en un gimnasio de la zona 10 de la ciudad capital.

“Nací y crecí en la zona 7, por la 25 avenida, se llamaba El Barranco, vecino a la Escuela San Antonio, ahí crecí y viví la mayor parte de mi infancia. Cuando tenía 14 o 15 años mis papás decidieron vender esa casita y me mudé para Pacajá Alto”, así comienza la conversación.

A Pablo Josué le nombraron El Cherokee desde que comenzó a entrenar en la Asociación de Boxeo en Xela debido a su corte de pelo, al rape, con una línea de cabellera de la frente hasta el cuello.

Está casado y tiene dos hijos, Treisy, de 4 años y Halley de un año ocho meses.  “Mi esposa se llama Keisy Rodríguez y también boxea, durante tres años salió campeona nacional. En 2014, cuando gané mi primer medalla de oro, ella también la obtuvo, ahí nos vimos, en el Palacio de los Deportes, y nos enamoramos”.

Agrega: “Mi papá es de Quetzaltenango, mi mamá es originaria de Tierra Blanca, somos tres hermanos, una mujer y dos varones, soy el de en medio”.

El Cherokee cursó la primaria en Escuela Rural Mixta, de la Colonia  San Antonio, en el Instituto Técnico Industrial y en el INEB.  “Ahí me salieron malas juntas y me tuvieron que sacar  (risas), por las tardes se reunían chavos afuera del instituto y algunos robaban y molestaban, gracias a Dios nunca me desvié, quizás hice cosas como salir a beber y fumar, pero no me animé a más”.

¿Solo eso hiciste? “En una ocasión no entré a dormir a la casa, a mi mamá se le bajó la presión de la preocupación y se molestaron”.

¿Por qué no llegaste a dormir? “Con mis amigos, o supuestos amigos de ese tiempo, me fui de fiesta, no entré a dormir, tomé (licor) y todo eso. Cuando llego a casa estaba mi abuela y los hermanos de ella, uno me regañó. Le pedí disculpas a mi mamá y el hermano de ella me dio un par de golpes. Me sequé las lágrimas y le dije que iba a aprender a pelear y lo iba a buscar (al tío) para darle riata, entonces se sembró resentimiento en mi corazón, no estábamos en la disposición de pagar un gimnasio, se escuchaba mucho del karate, entonces yo dije, “si aprendo karate le doy riata”.

El ojo del tigre

En una oportunidad le llamó la atención ver que varios muchachos pasaban corriendo por los alrededores del INEB y llevaban las manos vendadas, lo que le dio curiosidad y le fue a preguntar a uno, qué hacían ellos ahí.

“Me vio y me dijo: “qué haces acá” y le contesté: “quiero disciplinarme, aprender a boxear y ser otra persona”. Era un día jueves, me dijo: “venite el lunes y hablamos”. Solo me pidió mi fe de edad y un par de vendas, las llevé y me dio un protector bucal. Me enseñaron cuatro días. Al quinto me pusieron a pelear con un chavo que ya llevaba dos meses peleando, era viernes, ya tenía experiencia y me pegó, al final me lastimó el labio y el pómulo y casi lloro, fue mi primera experiencia”, narra emotivo el pugilista chivo.

“Si te gustó vas a regresar el lunes, si no, fue un gusto conocerte”, le dijo el entrenador.

“Llegué el lunes temprano y me expresaron: “pensé que no ibas a venir”. “El segundo sparring (contendiente) era viernes y cuál fue la sorpresa que llegué con más valor y remonto al chavo que me había pegado la semana pasada, fue el primer sparring al que le gané, le saqué sangre en la nariz y yo contento. Decido prepararme mejor. Siempre era el primero en llegar al gimnasio y el último en salir”.

El profesor Milton Tisol se convirtió en su entrenador con la ayuda de sus hermanos, Gerber, Gregorio y Marvin, quienes prepararon al campeón.

“Yo veía a mis compañeros, a los del equipo élite. Siempre les decía “muchá, me gusta verlos entrenar y un día quiero ser como ustedes”, ellos nunca fueron envidiosos, siempre me ayudaron. Uno de ellos se hizo amigo y hermano, Josué Argueta, él siempre me apoyó y me decía; “échale ganas mano, un día vas a poder estar con nosotros”, afirma.

“Mi anhelo siempre era que mi papá me inscribiera en un buen colegio, mi papá me dijo “si vos crees que eso es lo ideal está bien”. “Estudié en el Colegio Liceo Santa Marina, ahí gané media beca, luego me trasladaron al Alfaro Mijangos, con media beca; me dieron oportunidad de estudiar en el Liceo Guatemala, por el boxeo, no pude cerrar tercero básico porque me lastimaron la oreja”.

 

 

 

 

“Me gustaría ser uno de los primeros 10 o 15 del Consejo Mundial de Boxeo -WBC-  y ser un retador y pelear, la cosa está dura pero no imposible”

La remontada

En 2014, Pablo Josué participa en las eliminatorias departamentales de los Juegos Nacionales que se realizaron en Xela, clasificó y gana medalla de oro. Luego boxea en los Juegos Regionales y en los Escolares donde demuestra la fuerza de un chivo campeón y sale victorioso.

Lo nombran Deportista del Año en 2014 con tan solo 17 años de edad. “Me fue bien pero siempre pensaba que me hubiera gustado entrar más chavito, porque yo me daba cuenta que otros compañeros que llegaron de 12 u 11 años les iba mejor en la Selección Nacional”, menciona.

¿Eres seleccionado nacional? “Se complicó ese proceso, no toman en cuenta a la gente del interior, hay preferencias,  siempre han tenido a más gente de la capital, luchamos por eso, hicimos unas pruebas en el Complejo Deportivo en Xela para proceso de selección. Luego me dicen que viniera a la capital pero no nos dio ánimo, no venimos”. Y Milton, su coach, por cuestiones laborales tuvo que irse a otro departamento a vivir.

Sin entrenador y sin ser seleccionado, se queda con un amigo, Javier Jocol, quien es originario de La Esperanza, Quetzaltenango, y entrenador de box en un gimnasio privado.

“Éramos amigos y platicábamos sobre el boxeo profesional y me dio curiosidad e investigue, él me ayudó, fuimos a un par de veladas de boxeo al estado de Chiapas, por lo que me gustó más el boxeo profesional, sentía que era mi fuerte porque mi estilo siempre ha sido como el de los mexicanos, ir hacia el frente, aguerrido. En el olímpico es de pegar y moverse -no digo que es malo- pero me gustó más ir al choque, entonces decido venirme a la capital porque allá en el interior estaba muy difícil el apoyo”.

Pablo Josué decide instalarse en la capital en el Gimnasio The Boxing Club Guatemala, donde además de entrenar empezó a aprender a dar clases, y fue donde conoció a su actual preparador, Héctor Arriola, con quien deciden independizarse y abrir su propio local CDA en la zona 10.

Defender el cinturón

El próximo 4  de junio, El Cherokee defenderá su título de campeón mundial en Tuxtla Gutiérrez, México, en el Polideportivo Roma, la pelea se podrá ver en redes sociales, por lo que el boxeador chivo se está preparando.

“Los entrenos aquí son mucho más exigentes. Ahora soy boxeador profesional, las cargas de entrenamiento son más fuertes. Por ejemplo: trabajamos bajo la planificación, si la pelea es larga, más de acondicionamiento físico y técnica que van de la mano. Cuando se acerca la pelea se hace trabajo individual, los sparrings son mucho más fuertes. También tenemos la ayuda de la Selección Nacional de Guatemala, la semana pasada me trajeron a cuatro muchachos, hice tres rounds con cada uno,  hay que trabajar sobre cansancio, voy a pelear 10 rounds”.

¿Cuántas veces has viajado a pelear a México? “Estuve migrando al sureste de México, llegué de Chiapas hasta Quintana Roo, no sabía cómo estaba el tema de listados de boxeadores que se publica en la página boxrec.com, donde ven con quiénes se ha combatido y qué lugar tiene a nivel del mundo. En  Chiapas gané varias peleas, empezamos a escribir nuestro nombre en boxrec.com y nos dieron  la oportunidad de debutar para optar al cinturón plata del Consejo Mundial de Boxeo en Quintana Roo. He ido a Honduras y a todo México, últimamente estuve peleando más en Cancún”.

¿Fue donde ganaste el cinturón? “La primera vez que yo peleé por el cinturón fue en el 2019, lamentablemente perdimos, estábamos en la casa del campeón, un viaje también duro porque apenas empezábamos a conseguir patrocinadores. Llegamos y fue una muy buena pelea, al campeón se le iba el cinturón de las manos, pero también la decisión estuvo muy mal, ya que se la dieron unánime y no fue mucha la diferencia, ya que estuvo muy reñida, me sentí mal cuando perdimos por primera vez. Regresamos a seguir trabajando fuerte, en septiembre de 2019  llegó la revancha y ganamos”.

¿Han habido peleadores que te han inspirado? “Uno de mis mayores motivadores es Julio César Chávez, es mexicano, él tiene un estilo ciento por ciento mexicano, siempre va al frente no importando a quién tenga, por ejemplo, cuando estuvo con Fredy Taylor le ganó en el último round cuando iba perdiendo y lo noqueó. Otro es Mohamed Alí, él era muy técnico, como bajaba las manos, como contraatacaba, él sabía, es un monstruo va…, y pues hay otras personas como Tyson, la Chiquita González, boxeadores de antes, en la actualidad admiro y respeto bastante a Bacilo Machengo”.

Te da miedo que te noqueen algún día y te dejen medio…? “Cuando yo empecé a boxear y antes de que naciera mi primera hija no me daba miedo, yo decía: “amo hacer esto y si muero haciendo esto pues sería lo mejor porque moriría haciendo lo que más amo”. Hay boxeadores que los botan y pierden la vida o los noquean y ya no regresan de esa caída.  Ahora que ya tengo a mi esposa y e hijas, la pienso dos veces, las trato de cuidar”.

¿Te afecta en tu desempeño? “Al contrario, me motiva más y me inspira cuando siento que ya no tengo fuerzas pienso en las tres”.

Cuando vas por un título y miras a tu oponente en el ring ¿qué pasa por tu cabeza en ese momento?, “Cuando gané mi cinturón y lo defendí, pues sí me paso por la mente que ellas estaban en el lugar donde yo también estuve, quién no quiere ser campeón, quién no quiere tener un título, quién, y que tu nombre siga sonando, que más gente te conozca, la verdad no me da miedo si no que al contrario salgo con furia y con ganas de acabarlo”.

“Seguiré defendiendo mi cinturón hasta que el tiempo me lo permita. Tengo el juvenil y es hasta los 25 años, tengo 23, en octubre cumplo 24, seguiré haciendo ranking para colocarme en un puesto en el Consejo Mundial de Boxeo -WBC”