Vacaciones de medio año escolar ¿Es en serio?

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Mynor Hernández Fernández

El viernes 25 de junio se conmemora el Día del Maestro en recuerdo de la insigne María Chinchilla, lo cual de un día pasó a ser celebración de toda una semana para descansar del estrés de estudiantes y maestros.

En las actuales circunstancias parece un chiste de mal gusto el anuncio de las vacaciones de medio año –como era de esperarse, una comunicación oficial en toda regla del ministerio del ramo no existe o no se conoce, que es lo mismo- cuando la educación del país pasa el vendaval de la epidemia, resguardada en una esquina y sin paraguas.

Al comienzo de todo esto la reacción generada en los establecimientos educativos privados adaptando sus métodos de las aulas físicas a las virtuales y el esfuerzo individual de algunos maestros del sector público tratando de buscar alternativas para sus estudiantes fueron aceptables para atender una emergencia. Pero estamos a tres meses de concluir el segundo ciclo lectivo y aún estamos operando con el método reactivo de la pandemia.

Somos el país de los para mientras, pero en el caso de la educación eso sí que lo vamos a pagar muy caro, pues una cosa es que nos quedemos usando veinte años un puente colocado para mientras nos reponíamos de una tormenta y otra que estemos a punto de llegar a un segundo año con un sistema implementado para mientras pasaba la pandemia.

Imagino al niño de siete años que ingresó en primero primaria de la escuela de su caserío en enero del 2020, que terminó con la nota de aprobado y que ha continuado este 2021 con el mismo método, hacer como que se enseña y aprende, donde también seguramente obtendrá la nota de aprobación. Y ese será el panorama al menos hasta finales del 2022. Si las cosas en el tema de la vacunación cambiaran dramáticamente, lo tendríamos de vuelta al aula en enero del 2023, ingresando al cuarto año de primaria. Un verdadero drama para él y para su maestra trabajar con la base de estos años.

No veo una sola acción de la flamante ministra orientada a construir la política educativa que permitiera reducir el costo actual y trazar la ruta pospandemia. Nada de convocar a un espacio de diálogo nacional. Mucho menos ir al Congreso a buscar aliados para asignar dinero en la compra de dispositivos electrónicos para los estudiantes y sus maestros, así como negociar con las empresas de telefonía.

Lo que sí veo en las calles es la multiplicación del trabajo infantil para la generación del sustento diario. No será tan fácil convencer a los padres que dejen volver a sus hijos y para ellos será como si los llevaran al cuarto primaria de una escuela rusa. La tasa de deserción escolar se disparará a niveles de comienzos del siglo pasado y ahora ya ni siquiera para regocijo de las élites retrógradas, pues les conviene una juventud instruida en lo básico y que sea capaz de insertarse en el uso de las nuevas tecnologías.

Ojalá y en un último aire de decencia, la ministra se hiciera a un lado y el Presidente dejara el espacio a una persona que entienda y sea empática con la educación, pero me temo que es como pedirle peras al olmo. Así que no hay tales de un feliz Día del Maestro y mucho menos, pensar en una semana de vacaciones de medio año. ¡Por favor!

“No veo una sola acción de la flamante ministra orientada a construir la política educativa que permitiera reducir el costo actual y trazar la ruta pospandemia”.