Desde el 16 de mayo de 2020 hasta el 14 de julio de 2021, se han inhumado 328 personas en el sector conocido como la Loma del Cementerio General de Quetzaltenango, se entierra de seis a ocho cadáveres diariamente víctimas de la Covid-19.

El cuervo se aproxima todas las tardes sobre las cruces.

Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente / Fotos David Pinto

El municipio de Quetzaltenango se encuentra en rojo según el semáforo de alertas del Ministerio de Salud, por esa razón el número de personas para acompañar un sepelio aunque sea por causas naturales se limitó a ocho, “el año pasado todavía se permitió el ingreso de diez personas, ahora lo redujimos, de esa manera evitamos aglomeraciones y disminuimos riesgos”, aseguró Obdulio Morales, administrador del Cementerio General.

Pero además de ser cifras, hay 328 historias de vida, de familias que han sufrido la ausencia de un ser querido. “Mi hermano falleció en septiembre, no pudimos asistir al entierro porque todos estábamos en cuarentena, solo estuvieron un par de primos y el personal del Cementerio”, comentó Maritza Pérez.

Pérez contó que tras haber superado la cuarentena intentaron ingresar al cementerio para conocer el lugar donde su hermano fue sepultado, pero no se los permitieron, tiempo después lograron un permiso para poder colocar una cruz de metal con el nombre de su hermano. “El consuelo es que cuando pase la pandemia podremos llegar al cementerio y dejarle flores, como se ha hecho siempre con nuestros muertos”, aseguró.

Obdulio Morales explicó que se implementó un plan para limpiar y darle mantenimiento a las tumbas que se encuentran en la Loma y de esa manera aliviar un poco la población que lamenta no poder entrar y recordar a sus difuntos. “Efectivamente tenemos un plan de limpieza y mantenimiento del cementerio, nos hemos organizado por grupos, en marzo comenzamos con los mausoleos antiguos  y poco a poco hemos ido avanzando, sin embargo el sector de la Loma recibe mantenimiento constante debido a la inclemencia del clima”, refirió Morales y agregó que “al principio no se había considerado pero, por iniciativa de las familias, se aceptó colocar cruces y placas para identificar a los muertos por Covid-19”.

Rolando García comentó que hace unos meses pidió una cruz de mármol para su esposa, quien desafortunadamente perdió la batalla contra la Covid. “La llevé a la administración del cementerio y amablemente me indicaron que la colocarían. En casa siempre le ponemos flores frente a su fotografía para recordarla, no podemos entrar y visitar su tumba, pero la mantenemos en nuestros corazones”, afirmó García.

José Manuel Álvarez, otro vecino de la ciudad Altense, quien perdió a sus padres a principios de este año, manifestó que al principio llevó una cruz de madera, recientemente acudió a una marmolería para encargar una placa. “He escuchado que hay gente de escasos recursos que ha optado por fabricar sus propias cruces de madera, a veces compramos flores, le pedimos al personal del cementerio que coloque los ramos en donde están sepultados nuestros familiares”, finalizó.