Siempre fuimos las últimas de la historia

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Daniel Matul Morales

“Se puede dialogar con nosotros, que no nos tengan miedo, porque también se ha instalado mucho la política del miedo. O sea, se instala una candidata indígena, mapuche y hay mucho prejuicio. Entonces, esto también es un llamado a liberarnos de nuestros prejuicios y relacionarnos en igualdad de condiciones”. Expresaba, el pasado domingo cuatro de julio a la prensa de la hermana República de Chile, Elisa Loncón, oriunda de la milenaria nacionalidad Mapuche, luego de ser electa presidenta de la Convención Constitucional que, redactará la nueva Constitución de la República.

Su clamorosa victoria significa la capitulación del insolente y jactancioso proyecto de la dictadura militar del general Augusto Pinochet Ugarte que, tras el golpe de Estado que depuso al Dr. Salvador Allende Gossens, el 11 de septiembre de 1973, se plasmó en la Carta Magna Chilena, redactada por la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución Política, el Ministerio de Justicia, el Consejo de Estado, los altos jefes de las Fuerzas Armadas y el director general de Carabineros, promulgada el 21 de octubre de 1980, para anular la democracia y a la ciudadana chilena.

La elección de Elisa Loncon, supone el quiebre histórico de la exclusión de que han sido víctimas las civilizaciones milenarias, humilladas y despreciadas, en los escenarios político-ciudadanos del Estado-Nación. Fundamentalmente, es el inicio de la irrupción de los pueblos indígenas al Estado chileno como lo afirma la victoriosa mujer mapuche, doctora en Lingüística, escritora y profesora de la Universidad de Santiago de Chile:

“Siempre fuimos las últimas de la historia, hoy renacemos juntos. Gracias a las mujeres de todos los pueblos”. “Se trata del sueño de refundar Chile y establecer un nuevo Estado plurinacional, donde las mujeres también deben ocupar un papel central. Este sueño es de nuestros antepasados, este sueño se hace realidad, es posible refundar este Chile, establecer una nueva relación entre las naciones originarias y todas las naciones que conforman este país”.

Hoy ya no es la Junta Militar y los carabineros de Pinochet, quienes redactarán la nueva constitución Política de la República de Chile. Por el contrario, el talento Mapuche y la lucidez de las demás identidades y culturas que conforman la sociedad chilena se aproximan al amanecer constitucional democrático en consonancia con el último mensaje que el Dr. Salvador Allende, desde su puesto de mando, en combate contra la perfidia militar, expresaba el 11 de septiembre de 1973, al inclaudicable pueblo Chileno:

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. . .