Resiliencia: “primero es aceptar, luego desahogarse y por último la resignación”

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Muchas familias han perdido la batalla contra el coronavirus, han fallecido hermanos, padres, hijos, amigos, esposo o pareja,  algunos no pudieron despedirse, otros ni se dieron cuenta el día que murieron, solo despertaron y se enteraron que sus seres queridos ya no existían, este es un testimonio de ello, los nombre son ficticios en una historia real.  

Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente – Fotos David Pinto.

Una tarde, hace unos meses, Rafael llegó a su hogar, retornaba de su trabajo como de costumbre, pero esta vez le dijo a su esposa que le dolía el cuerpo y que mejor se iba a descansar. Rosa le ofreció un té porque pensó que el frío le había afectado, pues ese día viajó a Huehuetenango a laborar.

Rosa se imaginaba que el malestar de su marido estaba relacionado al cambio de clima, ese día hizo mucho viento y frío; pero no se imaginaba que Rafael estaba contagiado, tres días después fue confirmado positivo a la Covid-19.

“Ver cuando llevaban a mi esposo en la ambulancia porque no le bajaba la fiebre, fue un momento muy triste, algo muy en fondo de mi corazón, me decía que era la última vez que iba a verle”, contó Rosa, con la voz quebrada y los ojos llorosos.

“No voy a olvidar esa noche, recuerdo que él se quejaba de dolor y mis hijos lloraban, no sabíamos si volveríamos a estar juntos”, detalló frotándose los ojos con un pañuelo. El día de la entrevista vestía de negro y tenía un rosario en la mano derecha con el cual, mientras cuenta su historia, pareciera que reza los misterios mentalmente.

Luego de que Rafael fue internado en el hospital, toda la familia se sometió a las pruebas, Rosa y dos hijos resultaron contagiados y fueron internados en el hospital temporal; otros dos hijos un tanto mayores no se contagiaron.

Despierta y no tiene a su esposo

Lo que estaban experimentando en ese momento era como un ensayo de lo que vendría. La vida le estaba jugando una mala pasada, pues su esposo Rafael había sido intubado al ingresar al hospital; ella estaba estable pero José y Humberto (sus hijos que dieron positivo) presentaban un cuadro severo, por lo que fueron internados en Cuidados Intensivos, “al menos eso fue lo que le dijeron”.

“Pasó una semana y me dijeron que Humberto ya había salido de la crisis, pero que debía permanecer hospitalizado. Mi Josecito estaba intubado, después de eso no recuerdo más”, pues “Fui intubada en esos días y estuve varias semanas así”, contó secándose las lágrimas del rostro.

Salió del tratamiento intensivo 15 días después, “desperté y lo primero que hice fue preguntar por mi familia, los médicos solo se miraban entre sí. Una enfermera me tocó el hombro y no me hablaba. Intenté levantarme y un doctor, un poco mayor, se acercó y me dijo que mi esposo tenía cuatro días de haber fallecido”, al contarlo, rompió en llanto.

Pero la pesadilla no terminaba ahí, Rosa y su hijo Humberto volvieron a casa, recuperados, pero tras su paso por el hospital temporal su marido y su hijo menor perdieron la batalla contra la Covid-19. “Yo tenía dos días de haber despertado y estaba en el área de recuperación, cuando una enfermera comenzó a hablarme. Yo no entendía porque me decía que debía ser fuerte, pues para mí la vida ya no tenía sentido, mi esposo, mi compañero ya no estaba… pero resulta que mi chiquito también perdió la batalla”, recordó Rosa y agregó que “al principio no sabía cómo reaccionar, me hacía tantas preguntas. Sin embargo, entendí que tanto él (Rafael) como mi hijo están mejor y doy gracias a Dios de que puedo contar con mis otros tres hijos. No sé qué nos espera en el futuro, pero estamos juntos; aunque a veces no puedo dejar de llorar y de sentir la ausencia de mis amores”, evocó acariciando una foto familiar que buscó mientras la entrevistaba.

Superar el duelo paso a paso

Silvia Ortiz, psicóloga del Centro de Atención Permanente de Quetzaltenango,  señaló que el éxito para superar la pérdida de familiares depende de cada persona. La aceptación y la resignación no toman el mismo tiempo en todos los seres humanos. “La forma de enfrentar el dolor no es lo mismo en todas las personas, los adultos a veces se toman más tiempo que los niños o incluso puede ser al revés”, aseguró.

Ortiz manifestó que cada ser humano nace con resiliencia, que no es más que la capacidad para enfrentar los desafíos de la vida, superarlos y reinventarse a sí mismo,  pero es importante que cada uno considere las diferentes fases del duelo, “primero es aceptar, luego desahogarse y por último la resignación”.

“En la clínica veo pacientes que perdieron uno o dos familiares hace un año y todavía están en el proceso de sanación, hay otros que han respondido mejor y en seis meses o menos, su salud mental y emocional ya están estables”, añadió.

Emilia Castañeda, quien atiende en una clínica privada, mencionó que una de las formas de salir de la depresión por la pérdida de alguien cercano, es rodearse del amor de la familia, “por supuesto que en esta época de pandemia tener resiliencia se vuelve mucho más complejo porque no podemos despedir a nuestros seres queridos como se debe y ese es otro aspecto que hay que considerar, entonces aquí debe entrar el perdón a uno mismo”, refirió Castañeda.

Por eso ante la imposibilidad de tener una despedida adecuada, Castañeda sugirió que como parte del duelo se puede colocar un ramo de flores frente la fotografía de la persona fallecida, escribir una carta de despedida, hacer cambios en el entorno (mover muebles), “recordarle con cariño y sin reproches, y lo más importante reconocer que el fallecimiento no fue culpa de nadie”, declaró

“Es importante que la población considere pedir ayuda psicológica, es verdad que en nuestra sociedad hablar de terapias se asocia con un problema mental, pero eso no es cierto, si no se busca ayuda a tiempo se pueden desarrollar pensamientos suicidas”, aseguró Ortiz.

Suben estadísticas de atención psicológica en el CAP

El área de psicología del Centro de Atención Permanente -CAP-,  cuenta con el apoyo de estudiantes de psicología del Centro Universitario de Occidente -Cunoc- y, desde antes de la pandemia, prestaban asistencia, junto con esta dependencia, a un promedio de 25 personas al día.

Pero tras un año de pandemia, la cifra se duplicó. Actualmente son más de 50 pacientes que reciben terapia, algunos de forma virtual y otros de forma presencial, “por el momento tengo espacio disponible para terapias hasta la segunda semana de agosto, para pacientes nuevos además de las que ya están programadas que son de seguimiento”, acotó al psicóloga Silvia Ortiz.

Hasta el 3 de julio, de acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas (RENAP) se registraron 13 mil 466 defunciones asociadas a la Covid-19, de las cuales, 8 mil 108 ocurrieron en 2020 y 5 mil 354, durante 2021.

Si usted o algún familiar necesitan ayuda psicológica, puede llamar al teléfono 7767-6153 o consultar la página en Facebook: Clínica de psicología del Centro de Atención Permanente. “Si no puede venir, podemos atenderle por teléfono o por medio de una sesión virtual, pero no se resista a recibir ayuda, podemos ayudarle a superar el dolor”, indicó Ortiz.

De julio de 2020 a julio de 2021, se han atendido 150 personas por duelo en el CAP.

La mitad son familias completas.

Los traumas más frecuentes son ansiedad y depresión.