CINESPACIO

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Marvin García/@marvinsgarcia

Imagine está imagen: hace millones de años, nuestros primero antepasados reunidos en cavernas, alrededor del fuego, tratando de dejar registro de lo que sus ojos veían, nombrando las cosas, en las paredes de las cavernas el reflejo de sus sombras dejaban ver diferentes imágenes, signos, lenguaje arcaico que permitió la permanencia en la tierra, así quizá, inicio el cine.

Imagine ahora esta otra imagen: la humanidad en plena revolución industrial empezando a descubrir la fotografía y de la fotografía las imágenes en movimiento, los hermanos Lumiére son una suerte de brujos que no imaginaron que aquello que inventaron, se convertiría en uno de los espejos más grandes por donde la humanidad se ve así misma, por donde también, se puede crear otras realidades, otros mundos.

No tengo el registro exacto de la primera vez que en Xela hubo una  proyección cinematográfica, pero imagine las emociones que traería consigo aquel momento, nuestros antepasados, si, nuestras abuelas y abuelos viendo detenidamente cómo en una pantalla podía suceder el mundo.

De las salas de cines más importantes en el siglo XX en la ciudad, sólo quedan recuerdos y ruinas, la dinámica económica obliga a que si un proyecto no es “rentable” bajo la lógica del mercado, no funciona y entonces todo desaparece, y eso, precisamente, fue lo que sucedió con aquellos grandes salones en los que se pudieron ver muchas películas.

En nuestras épocas, la pandemia aceleró la crisis de las salas de cine, ahora controladas por transnacionales que penden de un hilo para sobrevivir; el internet, la piratería, el servicio de streaming han provocado que nuestra percepción por el cine esté cambiando significativamente, de aquel ritual colectivo que terminaba frente a una pantalla enorme en una sala en completa oscuridad, se ha transformado paulatinamente en una sala, dormitorio o cualquier lugar en donde exista conexión a internet.

Desde hace varios años, un grupo de gente talentosa encabezada por el realizador audiovisual Andrés Rodríguez, han dado todo tipo de batalla para que en la ciudad exista un espacio democrático, libre y gratuito que permita que las sociedades que habitan en la ciudad tengan acceso a propuestas audiovisuales que más allá  de ser simple entretenimiento, puedan servir para transformar las complicadas historias y realidades que nos ha tocado vivir, la función del cine también tiene que ver con la reflexión; nada más heroico y esperanzador que el trabajo de este grupo de personas que pese a las limitaciones y al poco apoyo han mantenido este festival que paulatinamente se ha ido consolidando como uno de los  más importantes de Mesoamérica.

Este año en un formato completamente virtual nuevamente nos preparamos para ver piezas audiovisuales que no están en las carteleras tradicionales, además de una interesante agenda de talleres y conversatorios. Producir un festival de este tipo es una apuesta a la conciencia, a la preservación de la memoria, una invitación para que nos encontremos con nosotras y nosotros mismos.  Larga vida a CINESPACIO.

“En un formato completamente virtual nuevamente nos preparamos para ver piezas audiovisuales que no están en las carteleras tradicionales”