La Ópera Quiché Vinak, del quetzalteco Jesús Castillo, es declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Nación

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La obra artística Ópera Quiché Vinak (que puede traducirse como Ópera Pueblo K’iche’), compuesta por el quetzalteco Jesús Castillo entre 1917 y 1923 sobre un libreto de Virgilio Rodríguez Beteta, fue declarado Patrimonio Cultural Intangible de la Nación.

Ópera Quiché Vinak se reestrenó en la capital, casi 100 años después de presentarse por primera vez.

José Racancoj/La Prensa de Occidente
En el diario oficial fue publicado este jueves el Acuerdo Ministerial 1136-2021 del Ministerio de Cultura y Deportes, en el que se le da la categoría de Patrimonio Cultural intangible de la Nación a esta obra artística, debido a su valor histórico, cultural y artístico.

Para su declaración, se consideró que Ópera Quiché Vinak, en la que participan solistas y diversos grupos artísticos como orquestas, coro, actores y ballet, es una de las primeras obras musicales y escénicas son proyección de elementos de música de autoría guatemalteca, y una de las primeras óperas nacionalistas de América.

Esta obra fue compuesta por Jesús Castillo, originario de San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, entre 1917 y 1923 sobre un libreto de Virgilio Rodríguez Beteta. Es una de las primeras obras musicales y escénicas sobre temas indígenas autóctonas en las Américas.

La composición está basada en elementos melódicos y rítmicos de la música k’iche’ y mam recolectada e investigada por Castillo en Quetzaltenango, lo cual confiere a la obra su aire indígena.

La ópera fue estrenada en el Teatro Abril de la Ciudad de Guatemala, el 25 de julio de 1924, en el cuarto centenario de la fundación de la Ciudad de Santiago de Guatemala. Fue auspiciada por la Sociedad de Geografía e Historia, hoy Academia de Geografía e Historia de Guatemala, de la cual Castillo era miembro de número.

Busto de Jesús Castillo en el Teatro Municipal de Xela. Foto: Mapio/Óscar Mejía

 

De nuevo en escena
Casi 100 años después de su estreno, en 1924, la obra fue reestrenada este 20 de octubre en el centro cultural Miguel Ángel Asturias en la capital. Los boletos para la primera fase de presentaciones se agotaron casi de inmediato. Se espera una segunda fase de presentaciones, cuyas fechas aún no se anuncian.

Organizadores de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango señalaron que se “hizo justicia a la obra trascendental de don Jesús Castillo por medio del acuerdo ministerial” publicado en el diario oficial.

Además, expresaron su deseo porque esta obra se presente también en el Teatro Municipal de Xela e hicieron un llamado a las municipalidades de San Juan Ostuncalco, donde nació Castillo, y a la de Quetzaltenango, para que “puedan compartir honores y realizar un evento digno de tan fausto acontecimiento”.

En el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias se presenta la obra.

De esto se trata la obra
Se sitúa en la víspera de la invasión de Guatemala por los españoles en 1524. La princesa kaqchikel Alitza está a punto de ser sacrificada por los sumos sacerdotes del Quiché, para evitar que los dioses destruyan el mundo con hambrunas, pestes y terremotos.
Sin embargo, un instante antes de que le extraigan el corazón a Alitza desciende del aire el príncipe quiché Amalchi, dotado de poderes mágicos.

Ante el asombro del pueblo congregado libera a la víctima, llevándola consigo en vuelo para esconderla en la montaña. Los sacerdotes sin embargo están determinados de recapturar a la princesa y sacrificarla para evitar la ira de los dioses.

Con ese propósito designan a uno de ellos para que vaya en búsqueda de la víctima. Convertido en coyote, el brujo encuentra a los dos jóvenes, que se han enamorado profundamente, y los duerme con un incienso mágico. Una vez inconscientes, el brujo despoja a Amalchi de sus poderes y captura a la pareja, conduciéndola de nuevo hacia la plaza para sacrificarlos. En la hoguera, se juran amor eterno, y en el dolor del holocausto los sobreviene el poder de la adivinación, prediciendo el ocaso del pueblo Quiché ante los Hijos del Sol. En ese instante hacen su aparición los españoles con sus yelmos, corazas, lanzas y caballos, dejando al pueblo Quiché sumido en el terror.