Crónica y fotos de una caminata entre tumbas en tiempo de pandemia

784

Ingresamos al cementerio el sábado 9 de octubre a eso de las  ocho y treinta de la mañana con la idea de obtener fotografías y captar videos del estado en que se encuentra este importante camposanto, casi lo logramos, aquí la historia.

Mirna Alvarado/Fotos David Pinto/La Prensa de Occidente

Es una mañana fresca y soleada. Somos tres, el fotógrafo, el editor y yo. Nos abren las rejas y el recorrido da inicio, nos acompañaba únicamente el rocío de la mañana y el viento. Las tumbas con la pintura deteriorada muestran un panorama diferente al que veíamos dos años atrás cuando se acercaba el 1 de noviembre.

Ahora todas las tumbas están sin flores, algunas incluso han comenzado a caerse de a poco, ya que no han recibido mantenimiento. “En algunas ocasiones se permite el ingreso de una persona para arreglar alguna que otra tumba, pero por lo general somos nosotros quienes hacemos este trabajo, aunque no es fácil”, comentó un empleado del cementerio.

Durante el recorrido, pudimos observar que en algunas zonas la grama ha crecido bastante, al igual que los árboles de los corredores que ahora se ven como alamedas.

El permiso que obtuvimos para ingresar abarcaba hasta la Loma, donde han sido inhumadas las personas fallecidas por la Covid-19, sin embargo, cuando estábamos a punto de subir las gradas para llegar a ese sector, un empleado del cementerio, de baja estatura y aspecto cansado, muy apresurado nos interceptó, “¡es urgente que salgan porque vienen fallecidos por Covid!”, gritó.

Jorge, como se identificó el colaborador del cementerio, caminó junto a nosotros para asegurar nuestra salida, mientras íbamos apresurados nos comentó que al inicio de la pandemia la incredulidad de la población era tan notoria que bajo cualquier pretexto intentaban entrar al cementerio para visitar a sus muertos.

Grandes personalidades

La restricción para ingresar al cementerio está causando que mucha de la historia de Quetzaltenango y Guatemala se vaya perdiendo, sumado a los desastres naturales y el paso del tiempo.

Y es que en ese lugar están los restos del primer presidente del Estado de los Altos, Roberto Molina, algunos expresidentes y otros personajes como el Obispo Modesto César.

De acuerdo con el historiador Francisco Cajas Ovando, en este cementerio yacen los restos de los quetzaltecos y expresidentes de Guatemala Manuel Estrada Cabrera y José Manuel Lisandro Barrillas, quienes forman parte importante de la historia política del país.

La tumba de Estrada Cabrera muchas veces puede pasar inadvertida, porque no es una obra monumental, se trata únicamente de un pequeño templo al estilo griego, su fachada es parecida a la del Teatro Municipal de Xela, en la parte superior dice Estrada Cabrera. Pero según el historiador allí están los restos del expresidente más polémico de la historia de Guatemala, que gobernó por 22 años.

Cajas Ovando contó que los registros dan cuenta que el 2 de abril de 1840, el cementerio recibió a la primera difunta, quien fue identificada como Juana Aguilar y desde esa fecha ha recibido a cientos de personas, con el terremoto del 7 de noviembre de 2012, uno de los más fuertes de la historia, el nicho de Pedro López Monzón, quien fue alcalde de la ciudad en 1860, sufrió daños considerables.

Además, Andrés Galeotti, padre del escultor Rodolfo Galeotti Torres, fue sepultado en 1940, mientras que su madre María Concepción de Galeotti fue enterrada en 1932, cuando tenía apenas 44 años, ese cementerio guarda también los restos del compositor de marimba Daniel Hurtado, sepultado en octubre de 1931.

Tumbas legendarias en abandono

Una de las tumbas que siempre se encontraba adornada y limpia era la de la gitana Margarita Mielos, conocida también como Vanushka, a quien, según la leyenda, su enamorado le dejaba una rosa roja todas las mañanas, un joven 10 años menor que ella y de la alta sociedad de Quetzaltenango.

Otra legendaria tumba es la del Niño Dormido, esta está construida en piedra y registrada con el número 53 ubicado en la 27 avenida de la calle principal, pertenece al niño José Florencio, quien nació en 1891 y murió en 1893. Según la leyenda, el pequeño murió trágicamente hace 128 años en su cama cuando ingirió accidentalmente una caja de cerillos, su madre afectada por la tragedia no se resignó a aceptar su fallecimiento y pensando que estaba dormido lo envolvió en vendajes especiales para tratar de volverlo a la vida, pero al no lograrlo se vio obligada a sepultarlo.

Los veladores cuentan que a eso de la media noche se le ve al niño jugando afuera de su nicho, en al igual que a Vanushka, en ese nicho se encuentra la imagen de José en relieve, esta solía estar adornada con juguetes que le obsequiaban las personas que lo visitaban constantemente.

La pandemia impide difusión de la historia

Augusto Ajcá, guía turístico e historiador, comenta que una de las estrategias para mantener viva en la mente de la población y difundir la historia que abriga el Campo Santo, se realizaban periódicamente los Necroturs.

“Estos consistían en recorridos nocturnos por el cementerio siembre bajo la luz de la luna, los recorridos iban acompañados con una reseña histórica de cada personaje”, indicó.

 Continuarán restricciones

De cara a la conmemoración del día de los Santos y Santos Difuntos, el cementerio mantendrá cerradas sus puertas, como una medida de prevención para minimizar el número de contagios por la Covid-19.

Hasta la fecha se contabiliza el ingreso promedio de dos fallecidos por Covid-19 diariamente, aunque la cifra no es alta como la del año anterior, las autoridades municipales y del cementerio prefieren no bajar la guardia, por esa razón hacen el llamado a la población para no aglomerarse en el frontispicio de ese recinto.

“Ocurre que hemos detectado que algunas personas que acompañan los sepelios vienen contagiados, por eso pedimos que respeten el aforo, solo se permiten diez personas por cada difunto”, acotó Obdulio Morales, administrador del Cementerio.

Mantenimiento constante a la Loma

Debido a que la mayoría de personas fallecidas por Covid-19 están sepultadas en el sector de la Loma, el personal del cementerio realiza el mantenimiento constante, “el corte de grama es a diario, además procuramos que las cruces y señales que han dejado los familiares para identificar a sus muertos en ese sector estén siempre limpias, así evitamos que se pierdan”, refirió Morales.

Y aunque todo el cementerio está al filo del deterioro, en la Loma el problema se agudiza, las fuertes lluvias y la continua manipulación de la tierra provocaron en su momento, que las fosas comenzaran a hundirse, según indicó Morales.