Edgar Mazariegos: “Digan lo que digan los expertos, las fotos de hoy no le llegan a las de antes”

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Aunque la fotografía ha evolucionado, el amor por ella no ha cambiado para Edgar Leonel Mazariegos Valladares, propietario y fundador de Foto Estudio Edgar. 

Para don Edgar la foto es un arte, un modo de vivir y una expresión de un acontecimiento, una edad o una necesidad.

José Racancoj/La Prensa de Occidente/Fotos de David Pinto

A menos de cuatro cuadras del Parque Central de Xela se ubica Foto Estudio Edgar, uno de los estudios más antiguos en la ciudad, el cual, este mes cumplió 63 años.

Fue un 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario, en 1958 cuando don Edgar Leonel decidió abrir las puertas de este lugar, pero de una manera inesperada, pese a que ya tenía todo listo.  “Tenía un amigo que me visitaba y un día me dijo: ‘acabo de venir a ver a la Virgen (del Rosario) y vengo con usted y no ha abierto’. ‘No me animo’, le respondí. ‘Ah no, en el nombre de Dios abramos’, me dijo, y ese día fue que se abrió”, afirma don Edgar.

Previo a llegar a este momento, pasó por diversas etapas, desde aprender mucho sobre la foto hasta requerir un préstamo al desaparecido Banco de Occidente para abrir su local, narra don Edgar, de 85 años, durante una entrevista concedida en su estudio, en la 5a. avenida de la zona 1 de Xela.
Génesis del amor a la foto

Cuenta don Edgar que un día cuando era niño fue a jugar fútbol con sus amigos, le pidió la cámara fotográfica prestada a su papá que tenía para fotografiar a sus amigos. Uno de sus compañeros le dijo: “vos solo mentiras sos, porque esa cámara ni rollo ha de tener”, y él le dijo que sí tenía, y apostaron dos centavos, y por ganarse el dinero abrió la cámara y arruinó el rollo, ya que desconocía que era necesario abrirlo en un cuarto oscuro.

Tras el regaño de su papá, y en medio de la curiosidad de saber cómo era el proceso de sacar el rollo sin que se arruinara, don Leonel se encontró con un amigo que venía de la capital y quien iba a abrir una foto estudio en Xela, don Julio Portillo, propietario de Foto Estudio Portillo. “Me dijo que estaba buscando local y lo acompañé, lo encontramos. Yo con la duda le empecé a preguntar lo del rollo y me dijo que era fácil, que era necesario un cuarto oscuro para que no se arruine el rollo. ‘A ver qué día te enseño’, me dijo”, comentó.

Él visitaba constantemente Foto Estudio Portillo y a veces se quedaba cuidando el local, hasta que don Julio le dijo que se quedara trabajando y él aceptó. “Iba de manera esporádica hasta que me fui quedando, aprendí rápido y él me tuvo confianza”, recordó don Edgar y agregó que tuvieron dificultades que no les permitieron seguir laborando juntos.

Don Edgar con un grupo de fotógrafos en la casa matriz de la Kodak

Así nace su estudio

Don Edgar, quien en esos años, iba al estadio Mario Camposeco a tomar fotos de los jugadores, principalmente del Xelajú, para luego venderselas, decidió abrir su estudio, y le pidió a su papá que le alquilara el local que ocupa actualmente. Luego fue a encargar sus recibos, pero el amigo que se los imprimiría le preguntó por el nombre que tenía el local y él no sabía cómo ponerle. “Pensé en Foto Leonel, porque así me conocían, pero mi amigo me dijo ‘no suena’; tampoco Foto Mazariegos, hasta que quedó como Foto Estudio Edgar. ‘Ese sí suena, ponele así’, me dijo. Y desde entonces me conocen como Edgar. Mi amigo fue el que le puso así, no fui yo”.

Debido a que no tenía dinero suficiente, don Edgar fue al Banco de Occidente para preguntar por un préstamo que le permitiera adquirir el equipo necesario. Ahí le dijeron que debía llenar unos papeles y necesitaba la firma de alguien que lo respaldara. Pensó en su tía Rosa Valladares. En el banco le dijeron que con la firma de ella sería suficiente, porque era accionista del banco. “Yo quería Q500, que en esa época era un dineral”, contó y tras hablar con su tía, a quien llamaba mamá Rosita, aceptó firmar los formularios y de hecho, ella misma, le dio los Q500 de inmediato, luego él le devolvió el dinero que le autorizaron en el banco.

Con plata en la bolsa, viajó a la capital con un amigo para comprar la cámara, las luces, el ciclorama y los materiales necesarios. Ese amigo era el que lo empujó a abrir el local aquel 7 de octubre, pese al miedo que don Edgar tenía.  “Al inicio me costó mucho, críticas, burlas, humillaciones, fue lo que sufrí al principio. Primero, porque tenía poca gente y tenía que pagar intereses al banco y pagar capital, tenía que comprar materiales y no me daba”, recordó sobre aquellos primeros días.

Poco a poco se fue estabilizando hasta que llegó a ahorrar lo suficiente para ir abonando a la deuda de Q500, la cual pagó antes de tiempo. “Ya llegaba gente al estudio, me entraban Q9, Q10, Q5, las fotos valían Q1 la media docena. Además, empecé a trabajar reinas, graduaciones, coronaciones en el INSO, INVO, La Patria, en el Teatro”.

Así comenzó la historia de este lugar, que ha prevalecido a pesar del paso de los años. Don Edgar asegura que la clave para persistir es la calidad del trabajo, y aunque el auge del estudio ya ha pasado, aún cuenta con clientela que requiere fotografías para cédula, pasaportes, así como ampliaciones.

Adaptarse a la tecnología

Don Edgar ha tenido que adaptarse a los cambios tecnológicos en la foto, pese a que ha sido difícil, y comentó que cuando empezó a cambiar todo, trató de terminar el material que tenía. “Tengo un hijo que me decía ‘cambie papaíto porque esto ya no va a existir’, ‘pero no puedo porque tengo material ahí’, le decía”. 

Su hijo compró una cámara digital y una computadora y había empezado a trabajar así. Tiempo después don Leonel ya empezaría a trabajar de esta manera, mientras su hijo le iba dando indicaciones. “Ya en 2010 empecé a trabajar lo digital, pero aunque digan lo que digan los expertos, las fotos no le llegan a las de antes. No le llegan en calidad, en duración, no le llegan en la belleza de los papeles que había”, apunta.

Don Leonel, cuya primera cámara fue una imitación de Nova, recuerda que antiguamente retocaban las fotos con un lápiz, además, de que pintaban las fotos en blanco y negro, para que tuvieran color. Esto cambió con la llegada de la fotografía a color, para lo cual él viajó a Panamá para actualizarse.

También viajó a México, y Miami, Estados Unidos, donde aprendió el proceso de hacer fotos en tela, que era una técnica que pocas personas en Guatemala realizaban, “esas fotos me dieron mucho dinero. En esa época, las bodas, paraba un carro y entraban.  Luego otro, los sábados eran varias bodas, se puso de moda. Además, tuve varias exposiciones en la feria y eso me servía de propaganda”, manifestó.