Periodismo, redes sociales y política

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Mynor Hernández Fernández

El trabajo de los periodistas fue puesto en entredicho por los propios medios en que laboraban porque no alcanzaron a ver la jugada para desplazarlos del rol de recopilar, analizar y llevar los hechos relevantes de una sociedad.


Primero, llegaron los buscadores como Google que fingiendo ser un servicio gratuito para sus usuarios –no hay almuerzo gratis- convencieron a los grandes medios que era necesario ponerse a tiro con las nuevas tecnologías diseñando páginas web con buena parte del contenido del medio y poniéndolas a disposición de quien los buscara en la Internet. Todos a competir por tener el mejor SEO en sus sitios web y salir primero en la búsqueda.

Luego, llegaron las redes sociales con el argumento de llevar un servicio instantáneo a los usuarios en forma escrita y audiovisual. Todos a correr por llevar la noticia de última hora a las plataformas de social media y captar miles de seguidores.

Lo que nos les dijeron era que paulatinamente irían zafando la alfombra de sus anunciantes hasta quedarse ellos, los buscadores y las redes sociales, con todo el pastel publicitario que era el principal ingreso de los medios con los que podían pagar el trabajo de los periodistas.

Cuando los politiqueros se percataron de esto, entraron con todo a financiar los llamados netcenter para comenzar a poner la lápida en muchos de los medios de prensa tradicionales como los periódicos porque a fuerza de repetir medias verdades, o mentira y media, fueron creando en los usuarios digitales la desconfianza en todo lo que se publicaba en los medios tradicionales.

Que las empresas subsistan o quiebren es parte del juego empresarial, pero cuando hablamos de empresas periodísticas involucra al sistema democrático que les necesita para fortalecerse.

Sin un periodismo independiente del establishment político, el ciudadano no podrá enterarse de las malas decisiones y de los excesos del poder. Tampoco se fomentará la libertad de opinión y el disenso porque todo lo que parezca critica es considerado anti-sistema, exacerbando la rivalidad y el pluralismo político solo queda como retórica.

Hoy, las personas prefieren enterarse de la situación en el país a través de las redes sociales. Los vídeos de hechos sangrientos se hacen virales. Opiniones de líderes sociales se ridiculizan por los contratados para el efecto. Pero la ironía es que cuando se trata de algo impactante de última hora, antes de comenzarlo a distribuir a sus amigos virtuales, las personas lo confirman en el website de la empresa periodística, al que acceden gratuitamente, claro.

Sin medios donde desempeñar su trabajo, a los periodistas no les queda otro camino que buscarse una nueva profesión para sacar adelante a sus familias y lo van logrando. Sin anunciantes para pagar a los periodistas y ganar dinero, los dueños de los medios, intentan recuperar algo de su patrimonio y buscar invertirlo en otra área. La gran pregunta es ¿Puede la democracia buscar y encontrar otro soporte como el del periodismo para mantenerse vigente como el sistema político ideal?

“Sin un periodismo independiente del establishment político, el ciudadano no podrá enterarse de las malas decisiones y de los excesos del poder”