Cantar victoria antes de tiempo

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Mynor Hernández Fernández

El comportamiento de la pandemia ha tenido un giro inesperado a partir de octubre, observamos como los casos de hospitalización disminuyen, al extremo que hace unos días los médicos del ala instalada en el HRO para atender a los pacientes con Covid-19, festejaban llevar varias semanas sin personas internadas.

Este respiro que nos ha dado el virus sin duda tiene que ver con los avances de la vacunación, entre regaladas y compradas, cada vez hay más personas pasando por los centros habilitados para la inoculación. Y eso que se calcula que un millón de personas han debido desplazarse en búsqueda de la vacuna.

Pero estas curvas de aplanamiento de los contagios y muertes ya se han vivido en países desarrollados como Alemania, Francia e Israel para luego tener un cambio repentino y reportar miles de contagios de nueva cuenta. ¿Convendría analizar lo sucedido en estos países para evitar caer en los mismos errores y no comenzar el año nuevo con dramáticas escenas como las vividas en septiembre pasado? Sí, pero le conviene a la población, no a los políticos que ya preparan sus baterías de cara a la elección de mediados del 2023.

La experiencia demostró que la mayoría de las medidas tomadas por los gobiernos se convirtieron rápidamente en impopulares. Desde los toques de queda, el cierre parcial en la industria de la diversión y el comercio, hasta los millonarios préstamos que ahora tienen al mundo volviendo a ver al monstruo de la inflación.

De esa cuenta, es más fácil y popular bajar el valor del peaje para ir al Puerto Quetzal, aumentar el horario para consumir alcohol hasta las 2 de la mañana, incluso, mayor a lo que existía antes de la pandemia, todo esto para que las personas sientan que pueden recuperar el tiempo perdido.

Estas medidas se ajustan al Revenge Spending, término acuñado en la China de los 80, cuando los pobladores se lanzaron a las calles en busca de comprar cosas que no habían podido tener durante la Revolución Cultural. La revancha ahora la buscan los consumidores en el mismo lugar, gastar hasta el dinero que no tienen a través de las tarjetas de crédito, para recuperar lo que dejaron de hacer en estos casi dos años.

Las bancarrotas individuales o corporativas se pueden recuperar con el paso del tiempo, pero las muertes provocadas por esta explosión de entusiasmo y euforia ante lo que creemos es la victoria ante la pandemia, esas no tienen remedio.

Puede que esté siendo el Grinch de la Navidad, pero considero mi deber llamarle a la moderación en esta temporada. Ya ni siquiera para que coma y beba con responsabilidad puesto que, las consecuencias de esto, lo paga solo usted.

Más bien le hago un llamado a su conciencia de padre, hijo, nieto, abuelo, tío y amigo para que piense que si usted ya está vacunado es muy probable que la enfermedad ya no suponga un riesgo alto para su vida, pero si podría serlo para las personas con las que comparta. Es mejor perdernos un convivio en la vida, que perder la vida por un convivio. ¡Felices fiestas!

“Es mejor perdernos un convivio en la vida, que perder la vida por un convivio”.