Una comunidad rebelde llamada “Pala Juj Noj” donde muere Tecún Umán

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Una de las características ancestrales de los pueblos indígenas es el “Valor de la palabra”, de ahí se deriva que pobladores de las diez comunidades del Valle de “Pala Juj Noj” lleguen hoy a los 19 días de resistencia.

El Valle fue el escenario donde los invasores españoles encontraron el principal frente de batalla de los pueblos indígenas a las faldas del Volcán Santa María. El 12 de febrero de 1824, Pedro de Alvarado mató al príncipe quiché, Tecun Umán, como describió en sus cartas enviadas a la corona española.

Mirna Alvarado/La Prensa de Occidente

El Valle Pala Juj Noj, es un área geográfica que ésta localizado en la parte suroccidente del municipio de Quetzaltenango. Cuenta con el 75 por ciento de la población rural de este municipio, cada comunidad tiene una fecha de fundación como cantón específico, pero se puede decir que fue alrededor del año 1801 para la región en general.

De acuerdo con el antropólogo e historiador José Ignacio Camey, el Valle fue el escenario donde los invasores españoles encontraron el principal frente de batalla de los pueblos indígenas. “El pueblo quiché era el mas fuerte y fue en ese lugar a las faldas del Volcán Santa María. El 12 de febrero de 1824, Pedro de Alvarado le dio muerte al príncipe quiché, Tecún Umán , como describió en sus cartas enviadas a la corona española”, comentó.

Desde entonces Pala Juj Noj, que significa “en dirección a las diez sabidurías”, se convierte en un territorio que sigue en resistencia, pues el centro histórico de la ciudad fue donde se asentaron las familias indígenas de abolengo que al parecer negociaron con los españoles para mantener un estatus social.

“El centro histórico o ciudad es denominado la Cuna de la Cultura, la ciudad de la estrella, una ciudadela maya quiché con esencia parcial, porque la esencia pura se encuentra en el Valle, en San José Chiquilajá y otros sectores rurales”, explicó el antropólogo.

Eso se debe a que las poblaciones de estos sectores aún mantienen sus costumbres y tradiciones ancestrales, lo que ha permitido su marginación y exclusión por más de 500 años, prueba de ello es el conflicto social que inició el 1 de marzo.

“Hago referencia a la invasión española porque la población que fue víctima de ese choque ha resistido durante siglos y pasó a ser objeto de diferentes formas de manipulación, discriminación y fragmentación”, refirió Camey

Es por eso que, en opinión del antropólogo, el origen del conflicto actual radica en los antecedentes, pues el Valle de Pala Juj Noj ha sido visto como la parte vergonzosa e ignorante de la ciudad de la cultura, “lo que se refleja es que la población ya se cansó y ha decidido resistirse a la continuidad de la vulneración de sus derechos como pueblos indígenas”, mencionó.

La palabra antes que nada 

“Las comunidades indígenas le dan legitimidad a la palabra, la palabra tiene mucho valor y bajo ese contexto, el origen de este conflicto social es que el alcalde no cumplió con su palabra y que hasta ahora no haya tenido acercamientos con ellos, recordemos que el valor de la palabra nos lleva a la convivencia armónica, a los principios del bien común y el buen vivir de los pueblos”, agregó.

En el Valle de Pala Juj Noj, la mayoría de pobladores se dedican a las labores agrícolas que es una de las principales fuentes económica de los lugareños. Los cultivos de mayor producción son las hortalizas y las flores, además del cultivo de maíz para el autoconsumo.

La carretera que conduce al Valle Palajunoj, en su mayoría es de terracería lo que dificulta la comunicación inmediata de vías de transporte como a los diferentes problemas que obstaculizan el desarrollo del Valle, datos del Instituto Nacional de Estadística indican que en el municipio de Quetzaltenango existen 180 mil 706 habitantes, con un 52.61 por ciento de mujeres y un 47.39 de hombres; 84 mil 326 personas pertenecen a la etnia Maya, y 95 mil 5 son ladinos, hay 843 extranjeros.

De los 84 mil 326 personas identificadas como indígenas, alrededor de 25 mil habitan el Valle de Pala Juj Noj, es una de las áreas identificadas con pobreza y pobreza extrema, aunque en algunas aldeas se pueden notar grandes edificaciones, las cuales han sido construidas por vecinos que han migrado a otros países (principalmente EE. UU.).

El origen de su despertar

“En 1970, yo recuerdo que no existían las grandes antenas en mi comunidad, fue hasta en los años 80  que empezaron a instalarlas, así fue como llegó la electricidad. Nos alegramos sin saber que apenas era el principio de muchos problemas, porque después vinieron las torres que fueron colocadas sin consultarnos por las empresas de telefonía y saber de qué más en nuestros terrenos”, comentó Candelaria Rojas, una líder de Tierra Colorada Alta.

Con el paso del tiempo, los pobladores debieron enfrentar otro problema: la instalación de empresas mineras, entonces se organizaron para demandar y exigir la derogación de los acuerdos que permitieron la explotación de los cerros, hasta ahora las acciones legales no han avanzado.

“Ha sido una lucha difícil porque algunos líderes y lideresas fueron cooptados y amenazados para no continuar con las acciones, se logran acuerdos de desarrollo como el arreglo de calles, bombas de agua, drenajes, centros de salud, y como los gobiernos no nos proporcionan estos servicios, se facilitan los acuerdos con las areneras”, expresó Delfina Sacor, de Llanos del Pinal.

Las alcaldías indígenas

Recientemente, se dio a conocer que en ese lugar existe una alcaldía indígena y poco se sabía de eso, debido a la falta de fortalecimiento de la organización comunitaria ciudadana. “Mi abuelo murió a los 112 años, él fue alcalde indígena de Xecaracoj, mi padre que murió hace dos años también participó en la alcaldía, él tenía 101 años. Eso prueba que la antigüedad de la organización indígena”, contó Jaime Alonzo, líder comunitario.

De acuerdo con Alonzo, la organización comunitaria se fortaleció en los últimos cuatro años tras varios procesos de preparación y capacitación, además de la experiencia adquirida de sus vecinos emigrantes retornados. “Cuando uno sale de su comunidad y conoce otros lugares se da cuenta de lo que es el verdadero desarrollo, aprende uno a exigir y reclamar sus derechos como ciudadanos”, enfatizó.

“Es de celebrar el despertar de los comunitarios del Pala Juj Noj, pues ya se habían tardado. Este es el momento de reivindicación de los verdaderos indígenas, porque la historia nos indica que ningún gobierno, a excepción de Rigoberto Quemé, le puso atención al área rural, los demás se enfocaron el casco urbano”, aseguró el sociólogo Luis Santizo.

Conflicto por el POT

La organización comunitaria se fortaleció en los últimos cuatro años tras varios procesos de preparación y capacitación, y la experiencia adquirida de emigrantes retornados.

El rechazo al Plan de Ordenamiento Territorial, que permitió la movilización de los pobladores hacia el lugar conocido como la puerta del Valle en jurisdicción de la comunidad de Llanos del Pinal, dio lugar a la activación de la Alcaldía Indígena como autoridad ancestral.  “Sin duda es un acto de rebeldía de ciudadanos marginados que buscan el respeto a sus costumbres”, resaltó el antropólogo Camey.

Intereses políticos

Según el Tribunal Supremo Electoral, el Valle de Palajunoj representa el 40 por ciento en intención de votos, una de las razones por las que en año electoral, quienes aspiran a un cargo público ven un caudal importante de electores.

Por eso, la tarde del jueves 17, durante una reunión entre el Concejo Municipal y representantes de los Concejos de Desarrollo Comunitario (Cocodes), del área urbana se hizo mención de que la manifestación estuviera manipulada por quienes tienen intereses de ocupar la silla edil.

Cuestión que ha sido negada por los alcaldes indígenas, “no hemos recibido dinero y mucho menos hemos aceptado condiciones de políticos, lo que aquí estamos peleando es que nos respeten y que nos dejen de utilizar solo para logar sus objetivos, porque cuando necesitan votos vienen se comprometen y después se olvidan de nosotros y otra vez nos marginan”, indicó Margarita Leiva, lideresa de la aldea Candelaria.

“Si ha sido penoso que los patrilinajes (indígenas de abolengo) realizaran convenios con los invasores para vivir y tener privilegios, que a su vez permitió la marginación para las áreas rurales, más triste es que los vencidos que ahora están empoderados, sean manipulados por políticos mestizos”, finalizó el antropólogo José Ignacio Camey.

Hasta la década de los ochentas, estas comunidades no tenían energía eléctrica.