Si eres de Xela o has visitado esta ciudad, seguro has probado en algún momento un chévere de Raulín, un platanito de El Lucerito o un churro de Karlita. Estos negocios muy populares son la representación de emprendimientos que trascienden con esfuerzo, fe y mucho amor en el corazón. 

José Racancoj y Fotos David Punto / para La Prensa de Occidente 

El parque El Calvario, el Teatro Municipal y el Parque Central son los puntos donde es común encontrar tres negocios que han ganado relevancia, éxito y fama en la ciudad de Quetzaltenango.

Ya sea por su sabor, su atención o su servicio, se han ganado a los consumidores quetzaltecos y visitantes, quienes hacen fila para saborear sus productos. Se trata de Chéveres Raulín, Platanitos El Lucerito y Churros Karlita.

Estos, al igual que cientos de negocios, han pasado por momentos complicados y más con la pandemia y, ahora, con la escalada de precios de diversos productos. Sin embargo, han podido sobreponerse a diversas dificultades y continúan ofreciendo alimentos que encantan a toda persona.

Raulín reinventado con servicio a domicilio


La esquina del parque El Calvario que divide la 4a. calle con la diagonal 9 en la zona 1, no sería la misma sin la reconocida carreta de los Chéveres Raulín.

Por más de 25 años, estos chéveres han encantado a los quetzaltecos con su sabor. Fue en 1996 cuando nació este negocio de la mano de Raúl Ajanel. “Comenzamos por necesidad, porque como se dice: ‘el que no trabaja no come”, recordó Ajanel, quien reconoce que no llegó a pensar que este negocio ganara tanta popularidad.

“Esto es gracia y bendición de Dios, todo se lo debemos a Él, en quien siempre hay que confiar”, comentó Raulín, como es más conocido.

En 2020, la pandemia afectó al negocio, ya que debido a las restricciones tuvo que cerrar por casi 50 días; sin embargo, decidió abrir nuevamente y en esta ocasión en un local, ubicado en una vivienda que está frente a su tradicional puesto.

Y en medio de esta situación, Raulín vio una oportunidad y decidió innovar e implementar el servicio a domicilio, el cual se mantiene en la actualidad, también amplió el menú, con quesadillas y tortas. “A todos nos tocó diferente la pandemia, pero gracias a Dios se nos dio la oportunidad de abrir las puertas en un local, ya vamos a cumplir dos años de estar así, en el local y en el puesto tradicional”, indicó.

Hoy en día, como los demás negocios, les ha afectado el aumento de precios en diversos insumos para elaborar la comida, lo que repercutiría en un incremento del valor de los productos que ofrece. Actualmente, el precio de un chévere simple es de Q. 8.00, uno especial Q. 9.00, cada torta cuesta Q. 18.00 y una quesadilla Q. 25.00.

 

“Comenzamos por la necesidad, porque como se dice: ‘el que no trabaja no come”

 

 

 

Un platanito, con vista desde el Teatro

“Tú, yo, unos platanitos frente al Teatro. No sé, piénsalo”, así reza una publicación en redes sociales, en la que se hace referencia a compartir con una persona especial un momento agradable con un exquisito platanito de El Lucerito.

Este negocio, que se encuentra frente al Teatro Municipal de Xela, es altamente reconocido por la población, no solo por su ubicación, en la que lleva años, sino por el sabor del producto.

Estos platanitos fritos, con crema, azúcar y canela, son degustados por los quetzaltecos desde hace 50 años. En sus inicios, se ubicó frente al antiguo Cine Cadore, a una cuadra del Parque Central, pero la mayor parte del tiempo ha estado frente al Teatro.

Francisco Gómez es el fundador de este negocio, quien previo a aventurarse a la preparación de platanitos, tuvo otros emprendimientos y laboró en una finca.

Carlos Gómez, hijo de don Francisco y encargado del negocio junto a su padre, contó que la clave para que un emprendimiento perdure por tanto tiempo es la bendición de Dios. “Él nos da todo para continuar día a día”, manifestó.

La pandemia también les afectó, pues tuvieron que cerrar por casi seis meses, sin embargo, pudieron volver a abrir poco a poco y se han ido recuperando; aunque “no es como antes”, reconoció.

Ahora han decidido que los clientes hagan una fila para evitar aglomeraciones. El negocio, donde se venden de 150 a 200 platanitos cada tarde, abre todos los días de la semana, de 15 a 21 horas aproximadamente, excepto los jueves.

Actualmente, han sentido el golpe del alza a los productos con los que trabajan, como el plátano, la crema, el aceite, entre otros, por lo que han debido incrementar los precios. Un platanito que antes costaba Q. 7.00, ahora cuesta Q. 8.00, también están los que valen Q. 10.00, “pero son más grandes”, refirió Gómez.

“Él (Dios) nos da todo para continuar día a día”.

 

 

 

Los churros del puesto de Karlita


Mientras pasa la noche del segundo Viernes de Cuaresma, la fila es constante detrás de un puesto ubicado en el Parque Central, es en la venta de Churros Karlita. “Sus churros son especiales y son los más ricos”, expresó una compradora a Karla Melgar, propietaria del negocio, quien sonríe.

Hace 12 años, Karla comenzó a trabajar con su hermana y hace diez, se independizó, desde entonces su venta se llama Churros Karlita.

“Cuando me dieron la oportunidad de independizarme lo aproveché, pues era una buena apuesta”, comentó Karla, quien cuenta que en su primer día vendió solo 5 quetzales en su puesto ubicado en El Calvario. “Me quería morir, quería renunciar en ese momento (risas), pero seguí y aquí estoy”, recordó.

Aunque al principio su puesto de churros se ubicaba en ferias cantonales, ahora, tiene un lugar fijo frente al edificio de la SAT, a pocos metros del Parque Central, donde puede encontrarla de lunes a domingo de 17 a 22 horas. Además, es parte de diversas ferias que están abriéndo nuevamente después del encierro por la Covid-19.

Karla, señaló que la atención al cliente y la higiene son importantes en el negocio y durante la pandemia también tuvo la oportunidad de ofrecer su producto a domicilio. Además, desde antes de la crisis sanitaria ya promovía su negocio a través de redes sociales, por lo que “no me costó mucho adaptarme a esta nueva moda”, comentó. Karla también pasó por un momento triste y oscuro, fue víctima de la extorsión, que la obligó a dejar su puesto de trabajo por un tiempo, pero su fe fue más fuerte y salió de nuevo a trabajar.

Con el alza de precios actual, el negocio de churros también se ve afectado, “el gas subió a Q. 152 y el harina a Q. 150, todo está carísimo”, refirió. Esto también causó un aumento en el producto, pues antes la bolsa de Q. 10 contenía 6 churros y ahora 5, mientras que la bolsa de Q. 15 lleva 8 churros con chocolate y leche, y antes traía 9.

 

 

“Me quería morir, quería renunciar en ese momento, pero seguí y aquí estoy”