Conciliar su trabajo con el rol de mamá conlleva una serie de retos y desafíos para las mujeres trabajadoras, pero lo logran con amor, empeño, valentía y fe, con el apoyo de la familia o de los amigos. 

José Racancoj/La Prensa de Occidente – Fotos David Pinto 

Mayo está dedicado a la Virgen María y es el mes de las madres; por eso, presentamos tres historias de mujeres que han sobresalido en la sociedad de Xela, tanto por su labor de madres como de profesionales, cada una en su oficio, y reflejan lo que viven miles de mamás en este país.

Ana Marta Castro Ola, enfermera: “El ser madre es algo indescriptible”

Durante años, Ana Marta Castro Ola ha logrado compaginar su faceta de mamá de tres hijos,  dos mujeres y un hombre, con el oficio de enfermera, labor que desempeña en dos lugares distintos.

Castro es técnica en enfermería y trabaja como auxiliar de enfermería en la Unidad de Cuidado Críticos Obstétricos del Hospital Regional de Occidente (HRO) y también se desempeña como enfermera general en el Hospital General del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) de Quetzaltenango.

Ser una madre trabajadora, y en este caso con dos empleos, “es un reto grande”, señaló Castro, quien reconoce que al principio tuvo mucho apoyo por parte de su mamá y de su esposo.

Comentó que cuando se fue quedando sola por la partida de su mamá, vivió una gran presión y estrés, pues en este tiempo incluso se puso a estudiar. Sin embargo, en los momentos duros que le ha tocado vivir, ha sido Dios quien la ha sostenido; pues además, tuvo que separarse de su esposo y llegó a sentirse sola, pero fue ahí cuando encontró refugio en Dios. “Él es mi refugio y mi roca”, afirmó.

“Bendigo a Dios por el hecho de darme tres hijos.  Ser madre es indescriptible, algo que en palabras no se puede expresar el significado que tiene” Ana Marta Castro Ola.

Un camino de lucha

Castro contó que previo a ser enfermera estudió magisterio, aunque a ella no le gustaba, ese era el sueño de su mamá. Al dejar el magisterio, estudió en una academia de Corte y Confección, hasta que decidió aplicar a la Escuela de Auxiliares de Enfermería, profesión con la que hizo “click”.

Unos años después de graduarse, ingresó al HRO por contrato. Tras superar los exámenes y la oposición de otras personas logró una plaza 011. “Yo tenía 10 años de graduada y no ejercí por casarme y dedicarme a la casa, pero fui por necesidad económica, uno quiere aportar a la casa”, agregó Castro.

Luego tuvo la necesidad de buscar otra fuente de trabajo y se acercó al IGSS, donde comenzó como auxiliar de enfermería tras superar los exámenes. Cuando se inauguró el Hospital General del IGSS aprovechó la oportunidad y en 2018 ascendió a enfermera graduada general.

Castro recuerda que vio morir a una amiga muy querida durante la pandemia, la cual asegura que le ha dejado muchas enseñanzas.

Lo lindo y lo difícil de ser mamá

Para Castro, lo más lindo de ser mamá es ver a sus hijos ser ellos mismos, “ver que cada uno tiene su personalidad, verlos crecer y que tengan una profesión es la mayor satisfacción”. 

Y lo más difícil es ver cómo los hijos se alejan para buscar su vida, así como pasar por pruebas de enfermedad, emocionales y sentimentales, “hay gente que les pone trabas y les cometen injusticias”.

Ana Marta le ha dejado como enseñanza a sus hijos que sobre todas las cosas deben poner a Dios en primer lugar, así como sus principios y valores. Para ella, la maternidad es algo realmente único y especial. “Bendigo a Dios por el hecho de darme tres hijos. Ser madre es indescriptible, algo que en palabras no se puede expresar el significado que tiene”.

Berfilia Aragón Solórzano de Saquimux, catedrática:

“Todas las mamás somos muy valientes”

En los pasillos del Instituto Normal para Señoritas de Occidente (INSO), es común observar a Berfilia Elizabeth Aragón Solórzano de Saquimux, quien imparte clases en la carrera de magisterio parvulario, así como en el bachillerato en educación.

Es madre de dos niñas, de 11 y 13 años, y combina su faceta de mamá y esposa con la de catedrática, se graduó en 1989.

“Estoy laborando como maestra desde 1991 y he tenido la oportunidad de estudiar una licenciatura en Psicología y una maestría en Educación”, comentó Aragón, quien egresó del Centro Universitario de Occidente (Cunoc).

Además, Berfilia fundó el Instituto de Educación Básica de Telesecundaria en San Miguel Sigüilá, Quetzaltenango, y laboró en la Universidad Mariano Gálvez, lo que refleja su pasión por la educación.  “Desde pequeña me llamaba la atención trabajar con niños y luego me nació la idea de hacerlo con jóvenes; la psicología me ayudó bastante para trabajar en todo nivel”, refirió.

Combinar su rol profesional con el de madre es “una situación muy especial, porque como mujeres tenemos que trabajar en distintos roles en los cuales nos presentamos a la sociedad, yo me presentó como mujer profesional, ama de casa, esposa y madre, he tratado de combinar todos esos aspectos y roles que tengo en la sociedad”, comentó.

“Mi esposo es profesional y él valora mi profesión y pienso que es lo que me ha ayudado a estar en los diferentes ámbitos profesionales, he trabajado en preprimaria, primaria, básicos, diversificado y a nivel superior en la universidad”, agregó.

“Todas las mamás son muy valientes y son fuertes antes las adversidades”. Elizabeth Aragón Solórzano de Saquimux

El reto de adaptarse a la virtualidad

Aragón explica que “todas las mamás son muy valientes y son fuertes antes las adversidades”. En su caso, ha llorado y reído, pero el apoyo emocional de la familia le ha ayudado bastante en cualquier momento.

Agregó que con la pandemia existe un temor natural al contagio, sin embargo, este es mayor cuando se es mamá, porque hay que pensar en evitar contraer el virus para proteger a la familia, “desde el momento en el que una mujer es madre siempre pensará en sus hijos y esposo”.

A esto se suma, el reto de la virtualidad, pues en un principio le tocó ayudar a sus hijas a involucrarse en ello, aunque ahora es al contrario, señaló entre risas.

Aragón aseguró que ser mamá es lo más especial que puede tener una mujer, “porque es sentir amor por un ser a quien uno va a amar toda la vida incondicionalmente, no se puede decir la magnitud del amor que una mamá tiene hacia los hijos”.

Aragón aseguró que uno de sus principales deseos es que sus hijas sean felices, que estudien lo que quieran, que sean productivas y que tengan la oportunidad de valorarse, de quererse y ser personas de bien.

Mirna Rojas Pacajá, empresaria:

“La maternidad es lo más sagrado que Dios nos ha dado”

Combina su pasión por la elaboración y comercialización de chocolate con su faceta de madre. Ella es Mirna Yaneth Rojas Pacajá, quien dirige la reconocida empresa Chocolate Doña Pancha.

Rojas tiene tres hijos, dos jóvenes de 15 y 22 años y una señorita de 17, quienes son un gran apoyo, principalmente desde hace cinco años y medio cuando quedó viuda.

Durante esa etapa complicada, ella tuvo que confrontar el dolor y principalmente el que vivieron sus hijos, quienes fueron los más afectados, “una como esposa y madre debe ser consciente de la realidad y debe ser el bastión para los hijos”, explicó.

La empresaria considera que es importante seguir transmitiendo en sus hijos lo que a ella le enseñaron en casa, como los principios y valores, “me siento bendecida porque los tres me apoyan, también ha sido una manera de que sean independientes, ellos apoyan en casa, en la cocina, limpieza y orden, y eso me enseñaron desde pequeña y ellos deben seguir”, comentó.

Agrega que siempre le ha dicho a sus hijos que hay tres leyes que deben tener en cuenta: la ley de Dios, la ley de la familia y la ley de la sociedad, para que sean personas prudentes y que piensen en el prójimo.

“Una como esposa y madre debe ser consciente de la realidad y debe ser el bastión para los hijos”, Mirna Rojas Pacajá

La maternidad, una maravilla 

Para Rojas la maternidad “es lo más sagrado que Dios nos ha dado, dicen que la máxima realización de una mujer es ser madre y luego viene todo por añadidura”. Además, valora la experiencia de llevar a un hijo durante nueve meses en el vientre, lo que considera que “es la maravilla que Dios nos ha regalado”.

En su caso particular, lo más lindo de ser mamá es ver la satisfacción de tener buenos hijos. “Si los descuidamos, nosotros mismos somos los responsables de que se desvíen, pero en este caso yo me siento muy bendecida porque mis hijos son temerosos de Dios y tratan de llevar la convivencia familiar”, señaló.

Experiencia de años

En su faceta laboral, Rojas, quien tiene estudios en administración de empresas, ha estado involucrada en el mundo del chocolate desde que era niña y de hecho es la quinta generación de su familia dedicada a ello, ya que descubrió que su familia inició con la elaboración de este producto desde 1870, con su tatarabuela. Actualmente, ya están en transición a la sexta generación.
Recuerda que de niña comenzó jugando con el chocolate, a los siete años de edad se involucró ayudando a su familia, mientras que cuando llegó los 12 y 15 años, ya era un trabajo formal; sin embargo, tuvo el sueño de poner una fábrica de chocolate y eso se empezó a hacer realidad, “claro, no iniciando con una fábrica sino con los primeros pasos, desde el 3 de abril de 2005 abrió una empresa formal al público”, comentó.

Actualmente, Chocolate Doña Pancha se ubica en barrio Las Flores, cerca de la Pila de Las Flores, y en la 15 avenida 0-36 de la zona 1, cerca de La Democracia.

La pandemia les afectó, pues antes contaba con cuatro puntos pero se tuvieron que reducir a la mitad.